Opinión

El auge de los nacionalismos en África 

Un pasajero de un autobús público en Lagos, Nigeria. EFE

En 1945, de los aproximadamente cien países que había, 51 se reunieron en la Conferencia de San Francisco para fundar las Naciones Unidas. Actualmente, existen más de 200 países y la ONU cuenta con 193 Estados miembros. El mundo, aunque parezca haberse empequeñecido gracias al estrechamiento de la frontera virtual, por otro lado, no cesa de agrandarse y cada vez más actores aparecen en la escena internacional; entre los que destacan Timor Oriental, Montenegro, Kosovo o Sudán del Sur. La tendencia actual y la situación geopolítica sugieren que los movimientos nacionalistas aumentarán, al igual que lo hará la globalización, paradójicamente.  

Aunque la geografía política africana haya cambiado radicalmente desde mediados del siglo XX, aún son muchas las nuevas fronteras que se vayan a trazar

En África, en 1950, tan solo había cuatro países independientes. A día de hoy, y tras un largo proceso de descolonización y cruentas guerras civiles, son 54 países los que engloban el continente. Aunque la geografía política africana haya cambiado radicalmente desde mediados del siglo XX, aún son muchas las nuevas fronteras que se vayan a trazar.  

Somalilandia, que limita al norte con el golfo de Adén donde transita 1/3 del comercio mundial, es uno de esos casos potenciales. La República no está reconocida internacionalmente, aunque países como EAU o Etiopía la han reconocido de facto y cada vez son más apoyos los que consigue gracias al estratégico puerto de Berbera. Los emiratíes, a través de la empresa DP World de Dubái, firmaron un acuerdo, en 2016, por valor de 440 millones de dólares para operar el puerto. Esto forma parte de su plan geoestratégico en África llamado One port, One Node. Etiopía, por su parte, ha firmado un acuerdo que permitirá a Adís Abeba usar el puerto y así obtener su tan ansiado acceso al mar, perdido tras la independencia de Eritrea. La aparición de este nuevo actor en el Cuerno de África aumenta la inestabilidad regional, ante un Somalia abandonado, un Etiopía inconformista y un receloso Eritrea.  

Marruecos y Argelia

En el extremo occidental, la República Saharaui se erige como un Estado miembro de la Unión Africana, pero con reconocimiento limitado. Hoy en día, el 80% de su territorio está controlado por Marruecos, cuyo objetivo final es el control del Sáhara Occidental y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. La RASD está gobernada por un debilitado Frente Polisario ante la comunidad internacional. Marruecos, en cambio, ha logrado grandes avances diplomáticos, con el apoyo Occidental de EE.UU., Alemania o incluso España, para aprobar su plan de autonomía. En cambio, la MINURSO, establecida en 1991, no ha logrado avanzar hacia sus objetivos.

Está tensión acumulada, de casi medio siglo, puede derivar en consecuencias irrevocables para el Magreb y la UE. Argelia se ha convertido en el principal defensor de la soberanía saharaui. Cabe destacar que, en 2023, fue el segundo mayor exportador de gas hacia la UE, justo por detrás de Noruega. Uno de los principales afectados por el conflicto es España. Después de que el Ejecutivo decidiera virar su posición política respecto al Sáhara Occidental, la importación de gas argelino cayó un 40%, en 2022, tras el cierre del gasoducto del Magreb. Esto ha repercutido en los precios del mercado energético español. La tensión entre Marruecos y Argelia es más palpable que nunca y la continua presión de Rabat para anexionarse esta región no va a dejar indiferente a un Argelia cuyas alianzas tampoco han dejado de crecer del lado Oriental.  

Nigeria y Mali

El país más poblado de África, Nigeria, también arrastra desde hace décadas un problema separatista al sureste del país. Esta región, conocida como Biafra, posee más de la mitad de las reservas de petróleo y aloja al grupo étnico de los Igbo, frente al otro grupo cristiano, los Yoruba, cuyo centro neurálgico es Lagos, al suroeste. La mitad sur es de mayoría cristiana, frente a los musulmanes del norte. Además, la gran parte del crudo se encuentra en el delta del Níger, convirtiendo al país en el primer productor de petróleo y con las más grandes reservas de gas del continente. Esta situación no ha permitido un desarrollo económico diversificado.

A pesar de haber trasladado la capital de Lagos a Abuja, en un intento de centralización y, además rebajar las tensiones separatistas, los objetivos no parecen haberse alcanzado. Por otro lado, la situación política de un norte, cada vez más aislado, ha sido aprovechada por Boko Haram. Del mismo modo, la expansión del EIGS al suroeste de Níger implica un acorralamiento por ambos flancos norte de Nigeria. El sentimiento separatista de Biafra sigue latente, ante una insostenible situación al norte y un sentimiento de abandono del gobierno ante un Lagos cada vez más poderoso política, social y económicamente.  

En Mali, después de la retirada de la MINUSMA, en diciembre de 2023, el conflicto entre Bamako y los tuaregs vive uno de sus peores momentos, después de que estos últimos hayan rechazado el diálogo propuesto por el jefe de la Junta, Asimi Goïta. Además, la actual guerra entre las fuerzas armadas malienses y los cada vez más extendidos grupos terroristas de JNIM y EIGS en la mitad sur y centro del país, puede ser utilizada por los tuaregs para consolidar su influencia en el norte.

Libia

En el Magreb, la división política de Libia no deja indiferente a nadie. Desde la caída de Gadafi, el país se encuentra inmerso en una guerra civil por el control del petróleo y un yihadismo en auge, entre el que destaca Ansar al-Sharia. Libia se encuentra política y socialmente dividido entre dos gobiernos. El primero, al oeste, con capital en Trípoli, mientras que el otro, bajo el control del Ejército Nacional Libio, con capital en Bengasi, posee más de la mitad oriental. Geográficamente hablando, la actual división corresponde a la histórica región de Cirenaica, cuyos líderes abogan por la plena autonomía.

Otro caso es el de Etiopía, que se enfrenta a numerosos problemas separatistas al norte y oeste. El más reciente es en la región de Amhara, que ha llevado al gobierno a declarar el estado de emergencia, en agosto de 2023. En 2022, finalizó la guerra de Tigray, una región del norte con deseos secesionistas, que causó la muerte de 600.000 personas y más de 5 millones de desplazados internos. A esto se le suma el conflicto entre el gobierno y el Frente de Liberación Oromo, cuyo objetivo es la creación de un Estado independiente.

Por último, en Camerún, desde 2016, las regiones anglosajonas del suroeste luchan por su independencia para fundar Ambazonia. Una guerra de guerrillas se lleva a cabo desde entonces, sin grandes resultados por ninguna de las dos partes, cuya intensidad baja paulatinamente y con un proceso de paz en punto muerto.  

África contiene el mayor número de grupos étnicos del mundo. La colonización y posterior descolonización, mezclado con el desinterés generalizado, por parte de sus gobernantes, para paliar las diferencias étnicas entre una región y otra, conducen al continente a un continuo estado de desequilibrio y violencia cada vez más extendido y difícil de atajar, como es el caso actual de la RDC.  


Gonzalo Montes Luaces es experto en dinámicas de países emergentes y en desarrollo.

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