Las grietas de Podemos, que comenzaron como una disputa por el liderazgo de Podemos Madrid, se han abierto camino en el ámbito nacional y sus ecos han llegado hasta el Congreso de los Diputados, poco después de que las diferencias entre el secretario general de la formación, Pablo Iglesias, y su secretario político, Íñigo Errejón, prendieran mecha en las redes sociales.

En Podemos hicieron ver que el motivo de disputa pasaba por un diferencias en el «tono»; mientras Iglesias abogaba por «dar miedo» a los poderosos y corruptos, Errejón hablaba de «no dar miedo a la vecina» y «seducir» a la población, en línea con la transversalidad que ha defendido hasta el momento para conseguir una mayoría social. Sin embargo, tras esta cuestión de formas se escondía un dilema mayor: una cuestión ideológica y la manera de relacionarse con el PSOE. Aunque unos y otros tratan de desembarazarse de etiquetas, Podemos muestra ya diferentes voces de cómo situarse en el espectro de la izquierda.

  • Pablo Iglesias y la identidad. Una de las posturas sería apostar por un viraje a la izquierda con el objeto de marcar distancias con el socialismo tradicional. Esto implicaría mirar al PSOE en condiciones «de igual a igual», como ha expresado en la Cámara Irene Montero, jefa de Gabinete de Pablo Iglesias. Esta posición plantearía la idea de no «regalar» el Gobierno al Partido Socialista y no ceder a las presiones; una postura en la que se enmarca la línea oficial del partido, con Iglesias a la cabeza, y que implicaría alcanzar un «acuerdo de Gobierno» con los socialistas, en vez de facilitar la investidura de Pedro Sánchez y permitir su gobierno en soltiario. Este extremo también aboga por apostar por la «identidad» para diferenciarse del resto de partidos y movilizar a la población, algo que han defendido también dirigentes como Rafael Mayoral o Ramón Espinar, que ha presentado su candidatura en Podemos Madrid avalada por el secretario general. Precisamente la falta de movilización es la que, a ojos de Iglesias, les hicieron perder en las elecciones del 26 de julio más de un millón de votos, un asunto que reprochó a su segundo de a bordo, Íñigo Errejón, a través de las redes sociales.

  • La seducción de Íñigo Errejón: La segunda corriente en el partido estaría orientada a una cuestión más práctica, más partidaria de volver a las bases y amabilizar Podemos, situando los fines sociales por encima de los políticos. Esta línea sería la seguida por Íñigo Errejón, que estos días se ha referido al movimiento 15M para rescatar sus enseñanzas: «Aprendimos que no podemos ser algo diferente si dejábamos de parecernos a la sociedad», ha destacado el número dos del partido. También sostienen esta tesis algunos de sus miembros más próximos, como Rita Maestre, portavoz en el ayuntamiento de Madrid, que esta semana ha abogado por e líderes regionales como Ada Colau o Manuela Carmena como ejemplos a seguir en cuanto a «tono», siempre asegurando que ambas posiciones no son incompatibles. Entre los defensores de esta segunda tesis estaría también Tania Sánchez, ex diputada de IU, y embarcada con Maestre en la candidatura de Podemos Madrid Proceso Adelante, enmarcadala idea de que es más importante «el proyecto colectivo que queremos construir» que la cuestión identitaria. Esta corriente superpone el objetivo de desalojar al PP de la Moncloa, aunque sea a costa de facilitar la investidura del PSOE como única opción factible de que Pedro Sánchez de ser investido.

  • Radicalidad anticapitalista. La corriente Anticapitalista, procedente del grupo Izquierda Anticapitalista que acabó integrado en Podemos, siempre ha mantenido una postura propia que ahora coincide con la oficialista en cuanto a la cuestión identitaria, aunque difieren en la cuestión socialista. Por una parte apuestan por la radicalización del partido y por el viraje hacia la izquierda de Podemos que, bajo su criterio, debe distinguirse nítidamente de las formaciones tradicionales. «La claridad empezaba a infravalorarse», manifestó en las redes Teresa Rodríguez, líder andaluza de Podemos y de la familia anticapitalista. El eurodiputado Miguel Urbán, también adscrito a esta corriente, se ha mostrado en contra de un Podemos «moderado». En el manifiesto con el que presentó su candidatura en la capital, Reinicia Podemos, marcó las diferencias con la tesis errejonista. “Hay quienes piensan que para ganar lo que necesitamos es aparecer como más amables, ser más dialogantes -comenzó-, buscar el consenso, los acuerdos con los de siempre, renunciar al objetivo de transformar profundamente la sociedad y, en definitiva, parecernos más a los partidos tradicionales”, señalaba.  Respecto a un hipotético gobierno socialista, Rodríguez se ha mostrado partidaria de pactar una investidura con el PSOE y los nacionalistas, pero sin entrar en el Gobierno. “Podemos debe impedir que gobierne el PP y facilitar un gobierno del PSOE, pero nunca formar parte del mismo, sólo apoyarles en la investidura”, defendió.
Alexandra Fernández, de En Marea.

Alexandra Fernández, de En Marea. EUROPA PRESS

  • Las confluencias territoriales, actores propios. Algunos de los pesos de Podemos provienen de las formaciones territoriales con las que confluyen, como Las Mareas, Compromís o En Comú Podem. Aunque confluyen con la formación morada, estas facciones reivindican su identidad y poder de decisión propios , y mantienen posiciones que no siempre se encuadran una de las líneas que se debaten en el seno del partido. En Marea se ha referido esta semana a la división interna apuntando a que el debate debería «quedarse en Podemos» y no afectar directamente a la campaña electoral que está haciendo En Marea para la cita con las urnas. Mientras, Ada Colau, de En Comú Podem, es una de las caras «amables» que el sector errejonista ha citado como ejemplo de política. La alcaldesa de Barcelona, además, es favorable a la tesis del secretario político y apoya la abstención de Podemos en la investidura de Pedro Sánchez. Querría así evitar a toda costa unas terceras elecciones, puesto que tiene la intención de lanzar su propio partido para las próximas elecciones catalanas y un posible gobierno de Mariano Rajoy le cerraría las puertas a cualquier negociación sobre las aspiraciones soberanistas de Cataluña. Compromís se mostraría partidario de entrar a formar parte de un hipotético gobierno socialista. Esta semana ha remitido al PSOE y a Unidos Podemos y sus socios de En Comú Podem y En Marea una «propuesta para un acuerdo de gobierno», según su portavoz, Joan Baldoví, con la que les insta a sentarse ya a negociar para formar un Ejecutivo de coalición y a buscar la «abstención técnica» de Ciudadanos. Una de sus condiciones sería que Pedro Sánchez se sometiera a una moción de censura de la Cámara a los dos años de Gobierno.