En un debate exprés, casi en tiempo de descuento, y en cuarta votación, Mariano Rajoy ha salido investido Jefe del Ejecutivo con 170 votos a favor (los del PP, Ciudadanos y Coalición Canaria), 68 abstenciones (del PSOE, pero no al completo) y 111 «noes» del resto de los Grupos. Ahora le toca la formación de Gobierno, pero a pesar de mas de 300 días de interinidad, ha decidido posponerlo al próximo jueves por la tarde. Antes ha subido a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados con un discurso mucho más duro que el que pronunció el pasado miércoles, haciendo alarde de un tono de exigencia hacia la oposición que no empleó hace tres días, reclamando que no le pongan obstáculos y anunciando que gobierna para aplicar su programa, sin voluntad de arrumbar ninguna de las reformas clave de su política.

El ya presidente con plenos poderes, ha arrancado su intervención afirmando que España «necesita algo más que una simple investidura, sino un gobierno en condiciones de gobernar». Tras insistir en un par de ocasiones en que «no pido un cheque en blanco», ha exhortado a los grupos de la oposición que «a todos nos compete asegurar para España el instrumento de gobierno y su capacidad de gobernar». El voto de investidura, a juicio del presidente, «no es un descargo de responsabilidad» y advierte que el país no podrá sobrevivir «a un gobierno que no gobierne porque le sobren obstáculos».

«No estoy dispuesto a derribar lo construido» avisa el presidente del Gobierno

«Estoy dispuesto a corregir, a mejorar todo lo que haya que mejorar y trabajaré cada día esa gobernabilidad», ha concedido en un momento, quizá de debilidad, para advertir de seguido que solo se podrá negociar «dentro de los límites que la realidad nos impone a todos», lo que supone no quebrar la estabilidad presupuestaria o la unidad de España. Es más, «no son materias de negociación» y, «no pretendo acceder al gobierno para realizar cualquier tipo de política. No estoy dispuesto a derribar lo construido, a tirar todas las reformas. Que nadie espere que vaya a lesionar la recuperación económica y la creación de empleo», ha aseverado en una corta intervención.

«No traicionaré mi propio proyecto político, que fue el más apoyado por los españoles, no lo pretendan imponer. Entiendo la situación, pero no se sostiene dar paso a la investidura y desamparar al Gobierno. Se vota la investidura a un candidato que acude con un proyecto. Es a ese proyecto al que se otorga la confianza», en definitiva, toda una declaración de intenciones de que no piensa ceder más de lo imprescindible, aunque no haya amenazado explícitamente con el botón nuclear, esto es, la convocatoria de nuevas elecciones.

El PSOE insiste en que Rajoy «no es el presidente» que España se merece

Por su parte, el portavoz socialista, Antonio Hernando, ha vuelto a insistir que la abstención del PSOE, que ha hecho posible la elección de Rajoy, solo tiene por objetivo evitar terceras elecciones, «pero ni usted ni su proyecto cuentan con nuestra confianza.»

En su difícil papel defensor de la abstención tras evolucionar del «no es no», ha agregado que el líder popular «no es el presidente que España se merece pero mucho menos terceras elecciones. No lo hacemos para perdonar la corrupción de su partido ni para que ahonde la quiebra social o territorial». En definitiva, ha recordado que «no esta en funciones ni tiene la mayoría absoluta» y, por ello, el PSOE «vigilará cada paso que dé», sin concederle los cien días de gracia, Sino «desde el próximo lunes».

Rivera convencido de que «esto va a salir bien si Rajoy cumple nuestras exigencias»

También estará vigilante Ciudadanos a pesar de «prestarle» 32 escaños o, precisamente, por ello. Pero si el líder del PP «cumple nuestras exigencias, esto va a  salir bien», ha dicho Albert Rivera, quien ha apostado por echar fuera de la vida política «a los Bárcenas, las Gürtel, los Eres, los Pujol…» en alusión a todos  los casos de corrupción que han sacudido la vida política española con el recordatorio añadido de que el Parlamento investigará la financiación del PP.

«No va a ser sencillo», ha admitido el líder de la formación naranja, ante una legislatura de duración incierta, con una mayoría minoritaria que exigirá de acuerdos, aunque precisamente el presidente ya investido no ha dado la impresión de estar dispuesto a ceder en muchas cuestiones ni en replantearse los aspectos más controvertidos de la anterior legislatura.

Iglesias cambia el mitin por el parlamentarismo

También ha cambiado mucho el tono de la intervención de Pablo Iglesias, que ha abandonado el mitin por el parlamentarismo y que tiene digno sucesor en el portavoz adjunto de ERC, Gabriel Rufián, al que no le ha dado tiempo a insultar a todos y cada uno de los diputados de PP, PSOE y Ciudadanos. Iglesias ha defendido que la gente no pasará por alto las irregularidades y que «hay una nueva España que no tolera la corrupción, que no se conforma”, aunque no ha sido una de sus intervenciones mas destacables.