Los quince diputados socialistas que votaron no a la investidura de Mariano Rajoy, rompiendo la disciplina de voto del partido, que había impuesto la abstención, han presentado su escrito de alegaciones al expediente abierto por el grupo parlamentario. Se trata de Meritxell Batet, Margarita Robles, Susana Sumelzo, José Zaragoza, Zaida Cantera, Manuel Cruz Rodríguez, Odón Elorza, Rocío de Frutos, Lidia Guinart, Marc Lamuá, Mercé Perea, Joan Ruiz y Carbonell, Sofía Hernanz, Pere Joan Pons y María Luz Martínez Seijo.

Justifican su voto «en conciencia» y se amparan en la Constitución

Dirigido al presidente del Comité de Disciplina, los indomables del no justifican su desobediencia en el voto en conciencia. «Mi voto fue un ejercicio de responsabilidad y coherencia que me llevó a rechazar el incumplimiento de un compromiso de especial relevancia política que manifestamos ante los electores, como era el de no posibilitar un Gobierno de Rajoy, así como para salvaguardar la credibilidad del proyecto de cambio del PSOE para el futuro», aseguran.

Los diputados díscolos se amparan en el artículo 33 del grupo parlamentario socialista, que contempla el voto en conciencia; y en el 76.2 de la Constitución, que prohíbe el «mandato imperativo» en las Cortes.

«Considero que concurrían condiciones excepcionales, tanto por la situación de la grave crisis del PSOE como por las consecuencias de la votación en la merma de confianza de la ciudadanía. Por todo ello, votar por razones de conciencia suponía un derecho innegable para cualquier diputado socialista. Sin embargo, recibí comunicación de que no se podía aplicar dicho artículo 33», explican.

En este sentido, los parlamentarios recuerdan que se trataba de una votación «excepcional para la credibilidad del sistema democrático y trascendental para la vida de un proyecto político centenario como el PSOE», envuelto en una «profunda crisis de la organización, que ha puesto en juego su crédito y la confianza de la ciudadanía».

«Ante todo ello, el mandato imperativo y la disciplina de voto en favor de la abstención no resolvían la complejidad de la situación a la que nos hemos tenido que enfrentar», explican, para defender la «excepción» del voto en conciencia que ejercieron.

Para recalcar las nulas consecuencias de esa desobediencia, los quince diputados recuerdan que sus votos representaron la pluralidad de opiniones dentro del PSOE, y que no causó «ningún daño al partido, ningún sacrificio de su proyecto, ni un ataque a su programa de valores, ni tampoco ha impedido la gobernabilidad de España, puesto que sólo se precisaban 11 de los 84 votos con que cuenta el grupo socialista».