No uno, sino dos, fueron los ministerios que el director de gabinete de Mariano Rajoy, Jorge Moragas, rechazó en el nuevo Ejecutivo. Es verdad que, en ninguno de los casos se le ofreció la cartera de Asuntos Exteriores, la única que hubiera aceptado, por lo que el catalán entendió que su lugar era continuar al lado de su jefe de filas en Moncloa, un sitio que le otorga más poder e influencia que el que disfrutan muchos ministros.

La negativa de Moragas, que no quiso señalar qué dos ministerios le ofreció Rajoy para que los que ocupan ahora ese cargo «no se sientan segundo plato», según han coincidido en afirmar las fuentes gubernamentales y parlamentarias consultadas, tuvo un efecto dominó. Con la salida del que fuera titular de Interior Jorge Fernández Díaz, no había «cuota catalana» y el jefe del Ejecutivo pensó, tras Moragas, en otro miembro de Moncloa sobre cuyo trabajo tiene la mejor de las consideraciones:  José Luis Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes.

Cospedal propuso el nombre de la catalana Dolors Montserrat

En su caso, «la resistencia vino de la vicepresidenta del Gobierno», Soraya Sáenz de Santamaría, que tiene encomendada la negociación política de los Presupuestos Generales del Estado, el nuevo modelo de financiación autonómica y el órdago independentista catalán. Casi nada. Y Ayllón, cuya secretaría de Estado depende del ministerio de la Presidencia y lleva parte del peso de la relación con el resto de los Grupos Parlamentarios, «es fundamental para la ‘número dos’ del Ejecutivo».

Fue el momento en que entró en liza la secretaria general del PP y ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. Propuso a Dolors Montserrat, que acabó en el Ministerio de Sanidad, vacante tras la salida de Alfonso Alonso. Montserrat, que el martes se estrenó parlamentariamente en el debate sobre la violencia de género, forma parte, junto con el titular de Interior, Juan Ignacio Zoido, del sector próximo a la secretaria general, que podría encabezar un remedo del G-8, descabezado tras la salida de Fernández Díaz y García Margallo.

El director de gabinete «es una persona clave» del XVIII congreso del PP

Pero a su poder en Moncloa, aunque sea sin cartera, Jorge Moragas suma el que tiene en el cuartel general de los populares. Desde que Rajoy le nombrara coordinador del comité electoral para los comicios del 20-D y le revalidara para el 26-J, no ha hecho más que crecer su influencia. Tiene un equipo propio que, copiando el modelo de los conservadores británicos, se encarga de la «unidad de mensaje» y, además, «coordina en buena medida a los vicesecretarios del partido», indican desde el PP, y todo ello sin colisionar con Cospedal. Nada que ver con las complicadas relaciones que tenía con Margallo habida cuenta de que Moragas, desde el gabinete de la Presidencia, engrasa la relación de Moncloa con otras cancillerías y prepara la agenda internacional del presidente.

Y ese poder genovés se verá incrementado tras el XVIII congreso del partido. «Moragas es una persona clave de ese cónclave», dicen en Génova. Tendrá con toda probabilidad un área con rango dentro del partido como ya lo tuvo cuando fue responsable de Relaciones Internacionales. Y mientras muchos abandonaron el barco tras la derrota electoral de 2008, él decidió mantenerse con Rajoy y reforzar el gabinete del presidente para consolidar el liderazgo del mismo.

Precisamente, ayer comenzaron los trabajos preparatorios de la cita congresual de los días 10, 11 y 12 de febrero, cuya comisión organizadora preside la ex presidenta del Congreso de los Diputados y de Aragón, Luisa Fernanda Rudi.