Todo iba sobre la seda hasta el jueves. La conferencia de Felipe González en Sevilla, que el entorno de la presidenta había ‘vendido’ como la bendición de su candidatura, se torció y con ella la calculada hoja de ruta de Susana Díaz para convertirse en la primera secretaria general del PSOE.

La presidenta andaluza prácticamente ejercía desde el lunes como tal. Tras el derribo de Pedro Sánchez, Díaz guardó un silencio prudencial que terminó esta semana, cuando decidió iniciar una gira mediática que restó protagonismo a actos tan destacados como la reunión del presidente de la Gestora del PSOE, Javier Fernández, con el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, para revisar las relaciones entre ambos partidos.

Díaz actúa como si ya fuera secretaria general y la voz del PSOE

Desde los platós primero y desde Sevilla después, Susana Díaz marcaba las directrices. Y no sólo sobre las relaciones con el PSC, sino también sobre negociaciones parlamentarias como el nombramiento del ex ministro Jorge Fernández Díaz, sobre la postura socialista ante los Presupuestos Generales del Estado, la derogación de la Lomce e incluso las sanciones a los diputados del ‘no a Rajoy’.

Una vez diluida la figura de Pedro Sánchez de la primera línea informativa, Díaz dio el siguiente paso. En unas estudiadas comparecencias, la presidenta pretendía proyectar una imagen de mujer de estado que rehabilitara el desgaste sufrido por el cruento enfrentamiento que terminó derrocando, nada más y nada menos, que al primer secretario general del PSOE elegido directamente por la militancia. Los pasos se iban dando y la hoja de ruta se iba cumpliendo, hasta que llegó Felipe González.

Chaves y Griñán

El ex presidente hizo todo lo posible durante su conferencia para evitar dar un respaldo expreso a la candidatura de Susana Díaz. «No la apoyo», aseguró González, matizando luego: «La fastidiaría. Ningún candidato que he apoyado ha ganado». «Hasta cuando hablo con él y a veces no comparto la posición, lo siento como un apoyo», justificaba ella esa frialdad al día siguiente en Canal Sur. Pero el incumplimiento de las expectativas puestas en el acto no fue el único inconveniente del mismo para Susana Díaz.

Felipe González invitó a la conferencia sus ex ministros, ex presidentes de la Junta y ex presidentes del PSOE que ya ni siquiera militan en el partido. El procesamiento de ambos por el caso ERE ha convertido en definitivo el ostracismo político al que los había abocado Susana Díaz. Antes de la charla, sus asesores revisaban bien la colocación de ambos en la mesa presidencial para evitar una foto de la presidenta con sus antecesores. De hecho, hay cientos de imágenes del acto, cubierto por numerosos medios de comunicación, pero en ninguna se les puede apreciar juntos. Ambos recibieron esa indicación antes del acto.

Sin fotos con la presidenta

Chaves y Griñán aceptaron la recomendación de asumir un discreto segundo plano, pero ni ellos ni Díaz habían calculado la reacción del auditorio, repleto de altos cargos de la Junta y del PSOE, que no dejaron de expresar su cariño y reconocimiento a los ex presidentes. Los procesados acapararon así todo el protagonismo, para malestar de la lideresa.

Pero ahí no acabaron los disgutos. Las palabras de González no sólo censuraron a Pedro Sánchez. También abrieron el elenco de candidatos, al admitir que desconocía cuántos en el PSOE tenían el mismo valor y coraje que Susana Díaz para asumir las riendas del partido. Estas declaraciones están en sintonía con la tesis de Alfredo Pérez Rubalcaba, que mantiene que tanto Sánchez como Díaz están demasiado quemados para asumir la Secretaría General. La opción de la tercería vía se consolida así con Patxi López, persona de confianza de Rubalcaba, en la plataforma de lanzamiento.

Malestar en la Gestora y en las agrupaciones

A esta operación se suma el malestar generado en la propia Gestora y en otras federaciones por el papel de voz del partido que se arroga Susana Díaz. Ese enfado aumenta por el temor a las consecuencias del golpe contra el secretario general y por los efectos de la dureza en la purga de los sanchistas, que está volviendo a incendiar el partido. La multiplicación de plataformas que reclaman unas primarias inmediatas empieza a preocupar a los dirigentes regionales, que temen que el movimiento coja una envergadura incontrolable.

Por este motivo, Susana Díaz se ha puesto manos a la obra para intentar frenar esa ola en Andalucía, que ya cuenta con plataformas en Sevilla, Málaga y Granada. La presidenta está aprovechando sus viajes institucionales a las provincias para, posteriormente, reunirse con cuadros medios del partido y ofrecer explicaciones: tanto del motivo del derribo de Sánchez (negociación con los independentistas), como de la abstención en la investidura de Rajoy. Este viernes, la presidenta justificó esas medidas ante dirigentes del PSOE de Cádiz. Esa gira no es más que una muestra de su debilidad, ya que, en política, quien tiene que dar explicaciones va perdiendo.