El Congreso quiere desmontar, ladrillo a ladrillo, la obra que Mariano Rajoy levantó en la última legislatura. Si hace un mes las Cortes ya instaron al Gobierno a derogar la LOMCE, este martes ha sido la reforma laboral, uno de los caballos de batalla del PP, la que ha sido censurada por la cámara, que ha aprobado una proposición no de ley para su derogación con los votos a favor del PSOE, Unidos Podemos, PNV y ERC, la abstención de Ciudadanos y PDeCat (42 en total) y el voto en contra del PP. Una proposición que, si bien no tiene por qué traducirse en una actuación por parte del Gobierno, sí es una declaración de intenciones que escenifica la fragilidad del Gobierno que, semana tras semana, observa cómo la oposición censura sus medidas.

Esta proposición no de ley, presentada por el PSOE, ha ocupado el tema central de debate en el pleno del Congreso, y no ha sido hasta última hora cuando el partido de Albert Rivera ha dado a conocer el sentido de su voto. El texto aprobado, que no tiene carácter vinculante para el Ejecutivo, «insta al Gobierno a adoptar de forma inmediata las medidas necesarias para derogar la reforma laboral que el Partido Popular impuso en la X Legislatura, y abrir un proceso de diálogo social que desde el acuerdo culmine con la aprobación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores que recupere su naturaleza originaria de carta de garantía de los derechos laborales».

La proposición no de ley ha causado el rechazo de Ciudadanos, que se ha desmarcado del «modelo de derogar», tal como lo ha definido el portavoz del Grupo Parlamentario de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, en rueda de prensa en el Congreso. Desde un primer momento, el partido naranja se postuló contrario a la derogación puesto que consideraba que tanto el actual Estatuto de los Trabajadores como el anterior, de corte socialista, obtuvieron unas tasas de desempleo del 18% que Girauta ha calificado como una «salvajada».

En este sentido, C’s ha propuesto una enmienda que eliminaba del texto la formulación de «derogar» e instaba al Gobierno a constituir una mesa de negociación con partidos, agentes económicos y sociales, para establecer «un nuevo marco de relaciones laborales a partir del cual se procederá a la elaboración de un nuevo Estatuto de los Trabajadores». Sin embargo, Antonio Hernando, el portavoz socialista en el Congreso, se mostraba poco dispuesto a eliminar el término que le daba contundencia a la propuesta que, más allá de tener efectos prácticos, sólo atribuye a los socialistas un papel de oposición y escenifica la fragilidad del Gobierno.

Iñigo Errejón, portavoz parlamentario de Unidos Podemos, fue más claro en la votación, pero también quiso marcar distancias con la propuesta del PSOE. «Nosotros queremos derogar la reforma laboral del PP pero también la del PSOE!, ha asegurado, en declaraciones a los periodistas en los pasillos del Congreso. «Vamos a votar sí, pero nosotros queremos ir un paso más allá».

El Ejecutivo, que ha intentado parar con su veto algunas de las propuestas dirigidas a acabar con sus medidas estrella, cree que iniciativas parlamentarias como las mociones, interpelaciones o proposiciones no de ley -que no son vinculantes, sino que tienen un carácter declarativo- están siendo utilizadas por la oposición para medir el rechazo de la cámara antes de dar un paso más y tomar medidas más drásticas.