Pablo Iglesias e Iñigo Errejón han comenzado ya las conversaciones sobre un posible acuerdo de cara a la Asamblea Ciudadana Estatal, más conocida como Vistalegre II. Los dos bandos reconocen la necesidad de llegar a un pacto pero no ocultan las dificultades para alcanzarlo. El líder de Podemos ya ha activado la maquinaria para escenificar la búsqueda de unidad con todas las partes ante el escepticismo de los afines al secretario político, que dudan de que exista una «voluntad real» de acuerdo en las filas del secretario general.

Iglesias lanzó este miércoles el Plan 2020: Para ganar a Rajoy y gobernar el país, una plataforma que tiene por objetivo alcanzar un consenso en la estrategia política y proyectar una imagen conciliadora y de consenso en medio de la batalla campal en la que Podemos se ha sumido en las últimas semanas. Un plan que, por otra parte, desautoriza a Carolina Bescansa y Nacho Álvarez, que presentaron un día antes la Plataforma mayo-2011 para que ambas corrientes -pablistas y errejonistas- acercaran posturas. Una iniciativa que fue mal recibida en el sector de Iglesias, que ha interpretado la maniobra como un intento por parte de sus impulsores de adquirir protagonismo, hacerse imprescindibles en la negociación y ganar enteros en la configuración del futuro Podemos que salga de Vistalegre.

Pero Iglesias ha contraatacado a nivel interno con su propia propuesta, con la que quiere capitalizar parte de las ideas de las demás corrientes. Así, las conversaciones que el secretario general ha entablado estos días con Errejón y Miguel Urbán -el líder anticapitalista- buscan recoger los puntos comunes en cuanto la estrategia política y, según los pablistas, establecerse como un «pilar» al que «todo el mundo» pueda adherirse, informa Europa Press.

Las filas de Errejón, en cambio, restan importancia al plan de Iglesias, y consideran «normal» que el asuma las ideas políticas del número dos, puesto que, defienden, se trata del secretario político del partido y ha marcado las líneas maestras de la estrategia política de Podemos desde sus primeros compases.

La relación con IU es una la piedra en el camino para el acuerdo entre ambas corrientes

Esta máxima, la de llegar a un acuerdo en la estrategia política, tiene sin embargo un escollo insalvable entre pablistas y errejonistas: la relación con Izquierda Unida. Mientras los pablistas optarían por estrechar y dar «estabilidad» a las relaciones con la formación de Alberto Garzón , Errejón es partidario de enfriar la alianza y mantenerla como una coalición electoral.

Sin embargo, esta no es la única razón por la que el sector afín al secretario político recela de la voluntad de Iglesias sobre el acuerdo. El consenso entre ambas corrientes internas garantizaría un equilibrio de fuerzas dentro del partido que se traduciría después de Vistalegre II en un reparto relativamente equilibrado de las distintas áreas, conforme a lo ajustado de los resultados de la última consulta. Pero el errejonismo cree que Iglesias querría evitar esta posibilidad y le ven poco dispuesto a hacer concesiones en este sentido.

En este sector se extiende el temor a que el pablismo continúe en la «lógica del enemigo interno» sobre el relato de la disputa de liderazgo de Errejón al secretario general. Si no hubiera finalmente acuerdos y se mantuviera esta lógica de bandos, advierten, Pablo Iglesias podrá cercenar a los críticos de las áreas de responsabilidad en caso de resultar vencedor en la batalla de Vistalegre, aunque esta victoria fuera por la mínima, anteponiendo la supremacía a nivel interno del partido al liderazgo político. El precedente, señalan, está en la Comunidad de Madrid, donde el oficialista Ramón Espinar ganó por apenas 2.000 votos y sólo incluyó en su Ejecutiva a un errejonista frente a los 10 afines.