Decía el general Charles de Gaulle que las elecciones presidenciales francesas son el encuentro de un hombre -o una mujer como Marine Le Pen- y su pueblo. Este domingo acuden a esta cita francesa como convidados de piedra los europeos, que contienen el aliento porque su destino también depende lo que decidan en el Hexágono. Esta primera vuelta de la carrera al Elíseo es la más incierta que se recuerda, y se celebra con el recuerdo del Brexit y bajo el estigma de la amenaza terrorista.

Son las elecciones presidenciales francesas de la primera vez. Están convocados a votar 44,8 millones de franceses. De los 11 aspirantes al Elíseo, hay cuatro candidatos en la recta final lo suficientemente igualados como para que todo sea posible: la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen; el liberal Emmanuel Macron; el conservador François Fillon, y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon.

De los cuatro, Le Pen y Mélenchon harían temblar los cimientos de la UE y tres de ellos (Le Pen, Mélenchon y Fillon) están más cerca del presidente ruso, Vladimir Putin, que de la canciller alemana, Angela Merkel. La segunda vuelta de estas elecciones presidenciales francesas se celebra el 7 de mayo.

También es insólito que se vote apenas tres días después de que un policía muriera abatido en un ataque en los Campos Elíseos reivindicado por el autoproclamado Estado Islámico en un país que lleva dos años en estado de emergencia. El debate sobre la seguridad ha ganado terreno en las últimas horas de la campaña, hasta el punto de que tres de los principales candidatos (Emmanuel Macron, Marine Le Pen y François Fillon) suspendieron sus últimos mítines por el atentado.

Las acometidas de Le Pen contra «la laxitud e ingenuidad» de los gobiernos de izquierda y derecha inflamaron el fin de campaña. Le Pen sostiene que la guerra contra el terrorismo se pierde por esa debilidad. Fillon, en otro tono, aprovechó para asegurar que la lucha contra el terrorismo sería la prioridad de su presidencia.

«El atentado puede ser la sorpresa o actuar como detonador. No es comparable con lo que sucedió en Atocha o en Bataclan en París, pero sucede apenas tres días antes de una votación marcada por una indecisión jamás conocida y puede impactar sobre todo en Emmanuel Macron y conducir a un escenario acorde con la sociología del cuerpo electoral francés, derecha y extrema derecha, con una fuerte tendencia al proteccionismo económico y en seguridad», afirma Yves Harté, director editorial del diario Sud Ouest.

El atentado puede conducir a un escenario de derecha y extrema derecha, con tendencia al proteccionismo»

El resultado es impredecible, en gran parte, porque uno de cada cuatro franceses aún está pensando qué hacer. La participación en las elecciones presidenciales francesas suele rondar el 80%, pero en esta ocasión se prevé mucho menor, lo que favorece a los candidatos con un voto más afianzado en sus bases como Marine Le Pen y François Fillon.

Dos de cada tres están descontentos con los políticos. Tan decepcionados que el presidente, el socialista François Hollande, con una popularidad bajo mínimos, renunció a presentarse a la reelección. Los socialistas son quienes van a sufrir más en esta convocatoria electoral y su candidato, Benoît Hamon, a quien parte de su propio partido tampoco apoya por considerarle radical, no tiene opciones de pasar a la segunda vuelta, según los sondeos.

Quien tiene serias posibilidades de emular a su padre, Jean-Marie Le Pen, que concurrió con Jacques Chirac en 2002, y pasar a segunda vuelta es Marine Le Pen, líder del Frente Nacional. En la segunda vuelta Marine Le Pen lo tendría más difícil porque en teoría todo el espectro político se volcaría en su contra. Su padre quedó así desbancado. Marine Le Pen ha lavado la cara del partido que fundó su padre, xenófobo y anti semita, en un movimiento populista, patriota, anti inmigración y anti europeísta. Es el primer partido entre los jóvenes menores de 25 años, sector con un paro de un 25%, y entre los obreros.

La Francia desencantada de la periferia, en términos de Christophe Guilluy, le da su apoyo. Son esas zonas que han quedado desatendidas y que encarnan un voto de protesta. Es el voto del FN del norte del país. Pero aún siguen viviendo en un país que, aunque su economía esté estancada y el paro no baje del 10%, sigue gozando de un sólido estado del bienestar. Pero no es lo que fue.

Marine Le Pen porta el estandarte de la recuperación de Francia… encarna el Francia primero, un repliegue nacionalista»

«Marine Le Pen porta el estandarte de la recuperación de Francia. Es un país que tiene un problema grave de autoestima y de simbolismo patriótico. Marine Le Pen encarna el Francia primero. Es un repliegue nacionalista y soberanista para recuperar lo que una vez fue», explica Didac Gutiérrez-Peris, director de Estudios Europeos en el instituto ViaVoice de París. «Hay un relato de comunidad de destino muy fuerte. Echan de menos a De Gaulle. Recuperan la idea de Francia a costa de Europa. Francia vota pero Europa se la juega”, añade.

Marine Le Pen, que en el último sondeo publicado el viernes cuenta con un 23% de apoyos y pasaría junto a Macron (24,5%) a segunda vuelta, se plantea la salida de la eurozona, pretende suspender inmediatamente el Acuerdo de Schengen y recuperar el control de fronteras, y quiere celebrar un referéndum (Frexit) o negociar con Bruselas que la Unión se transforme en un club de Estados nación.

También está a favor de renegociar los tratados con la UE el izquierdista Mélenchon y cambiar las normas de disciplina fiscal. Tampoco descarta la salida de la UE y del euro. Los dos también coinciden en distanciarse de la OTAN y acercarse a Rusia. Mélenchon, gracias a una campaña muy adaptada a las nuevas tecnologías (da mítines en varias ciudades con hologramas y su equipo domina bien las redes sociales), pelea por el tercer puesto empatado con Fillon (19%).

Europa estaría en serio peligro si pasan a la segunda vuelta Le Pen y Mélenchon. Su victoria se basaría en la crítica visceral, como el Brexit»

“Europa estaría en serio riesgo si pasan a la segunda vuelta Le Pen y Mélenchon. Su victoria se basaría en la crítica visceral a la UE como ocurrió con el Brexit. Cualquiera de los dos en segunda vuelta es una prueba de fuego. Si fueran los dos, la UE tendría que actuar unida y ponerse detrás de Alemania o entraríamos en una situación muy dura, y con los países del Este sería difícil conseguir ese consenso”, señala Gutiérrez-Peris.

Para Mathieu de Taillac, corresponsal en España de Le Figaro, «si hay un Frexit puro y duro habrá poco que hacer, pero hay que tener en cuenta que celebramos legislativas en junio, y que el presidente sin la Asamblea Nacional tendrá poco que hacer, aunque puede recurrir a convocar un referéndum, como propone Le Pen. Ya hemos visto que son un arma de doble filo». En realidad, como dice Taillac, las elecciones francesas son a cuatro vueltas: a las dos rondas presidenciales hay que añadir las dos de las legislativas en junio. Salvo los partidos tradicionales, como Los Republicanos o los socialistas, el resto carece de fuerza suficiente para cubrir las 577 circunscripciones electorales.

Según The Economist, a los votantes franceses no les agradaría un colapso de sus acciones, o el caos de los controles de capital que podría conllevar un Frexit, así que no sería descartable que suavizara la medida. Más popular es que se restablezcan las fronteras o se limite la inmigración. El problema con Schengen es que perdería el acceso a las bases de datos de la UE y eso dañaría su promesa de más seguridad.

El más claramente europeísta es Emmanuel Macron, ex ministro de Economía en el gabinete de Hollande. Defiende la continuidad con la UE y la estricta disciplina con el déficit. Fillon no presenta una opción rupturista con la UE, es intergubernamentalista, y más filorruso que euroentusiasta.

Las opciones que representan los cuatro candidatos con más posibilidades de llegar al Elíseo corresponden a cuatro polos en la vida política francesa. Según exponía en La Vanguardia, Thomas Guénolé, autor de La mundialización desgraciada, los bloques son: los altermundialistas, que votarán por Mélenchon, los promundialización que apuestan por Macron, los promundialización pero anti minorías de Fillon, y los nacionalistas de Le Pen.  Se quedarían de momento fuera los socialistas, que nadan entre el centro líquido de Macron y la vuelta a las esencias de Hamon.

Hay ciertos paralelismos con los cuatro polos que surgieron en España en las últimas elecciones, sobre todo en el caso de Mélenchon, que sería como el padre francés de Pablo Iglesias, y Macron, una especie de clon de Albert Rivera. Hasta la crisis socialista va a la par a uno y otro lado de los Pirineos.

Guillermo Graíño, profesor de Teoría Política en la Universidad Francisco de Vitoria,  explica las coordenadas de los candidatos en términos de valores y de economía: «Le Pen es derechas en valores y de izquierda en economía; Fillon es de derechas en valores y economía; Mélenchon, totalmente de izquierdas y Macron de izquierda en valores y de derechas en economía».

De alguna manera, es un reflejo de la Francia que dibuja Alain Duhamel, «un país incomparable que puede mostrarse a la vez progresista en lo cultural, conservador en lo económico, corporativista en lo social y protestatario en lo político”.

Hay mucha desafección en el electorado y muchos van a apostar sin guiarse por el partido político al que representan los diferentes candidatos»

Yves Harté destaca que hay «mucha desafección en el electorado y muchos van a apostar sin guiarse por el partido político al que representan los diferentes candidatos». De hecho, Macron fundó su propio movimiento, En Marche, y se desmarcó de los socialistas con quienes había gobernado, y Fillon ganó las primarias de Los Republicanos contra pronóstico.

A Fillon, por ejemplo, estuvo a punto de ejecutarle su propio partido por el escándalo de los empleos ficticios de su familia. En las primarias nadie apostaba por quien fuera primer ministro de Sarkozy y ganó. Pocos creían que sobreviviría al Penelopegate y logró movilizar a miles en su apoyo gracias a los católicos de Sens Commun, brazo político del ultracatólico Manif pour Tous, firme detractor del matrimonio homosexual. Puede dar la sorpresa y llegar a la segunda vuelta, dado que el electorado de Macron es más volátil.

A Elliot Cohen, de 19 años, le está costando decidir a quién votar. Lo hará en España, donde hay inscritos 67.576 electores. «Nunca imaginé que sería así la primera vez. Me gusta Hamon pero dudo si es útil apoyarle. No me agrada Mélenchon porque soy europeísta», comenta este estudiante de doble grado de Derecho español y francés en Madrid.

Su compañero, Loic Fauvet, lo tiene más claro: apostará por Fillon. «Todos han ido contra él y se ha mantenido firme. Necesitamos un presidente así, capaz de resistir. Francia es un país poderoso y su líder ha de ser fuerte para tratar con Trump o Putin». También votará por primera vez en las elecciones donde lo único cierto es la incertidumbre.