El acceso a la base amanece hoy casi blindado. Lo está habitualmente pero esta mañana con más motivo. Nada puede quedar a la improvisación. Hace años el acto hubiera sido casi clandestino y con un nivel de riesgo más elevado, pero ambas cosas persisten en cierta manera. El que se celebrará este mediodía en la base militar de Araca (Vitoria) será un acto solemne con presencia de cientos de civiles además de militares. En otros lugares los escenarios son plazas públicas en el corazón de las ciudades, pero en Euskadi jurar lealtad a la bandera española continúa siendo un gesto no exento de riesgo y que requiere discreción.

El rechazo que provoca es mayoritario entre los vascos y su veto en el panorama institucional generalizado. Sólo la imposición judicial hace que hoy ondee a regañadientes, casi oculta en muchos casos, en ayuntamientos y edificios oficiales. En este contexto más de 200 civiles están dispuestos esta mañana a jurarle lealtad. Saben que lo harán en tierra hostil. Será en un acto castrense que se celebrará en la base del Ejercito de Tierra en la capital alavesa en el que se comprometerán incluso a “dar la vida” por la bandera “y por España” si fuera preciso.

Los civiles se comprometen a «dar la vida» por la bandera y España «si fuera preciso»

La bandera que besarán no será vasca, sino de Valladolid, de cuya base procede la enseña rojigualda a la que jurarán al unísono lealtad. Lo harán bajo la fórmula prevista en la Ley de la Carrera Militar de 19 de noviembre de 2007: “«¡Españoles! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, con lealtad al Rey, y si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?», les cuestionará con firmeza el mando militar, a lo que contestarán con un no menos vehemente «¡Sí, lo hacemos!».

Cada año el ministerio de Defensa celebra alrededor de medio centenar de actos de jura de bandera para civiles en nuestro país. Algunos son multitudinarios, como el llevado a cabo la semana pasada en Sevilla con la participación de alrededor de 2.000 personas. Además de en Vitoria, hoy también localidades como Torrejón de Ardoz, Espartinas (Sevilla) y Orihuela llevarán a cabo actos similares pero ninguno en las circunstancias hostiles con las que la harán en Araca. En el caso de la capital alavesa hacía ocho años que no se celebraba.

Un acto ‘blindado’ en el cuartel

La mayor parte de quienes hoy “por su conciencia y honor” jurarán o prometerán lealtad a la Constitución, el Rey y a España proceden del entorno cercano al ámbito castrense presente en Euskadi o de comunidades limítrofes. El resto, apenas se ha enterado. Publicitar una jura de bandera en Euskadi no es sencillo. Ni campañas de promoción, ni entrevistas en medios de comunicación y tan sólo una difusión contenida en redes sociales. El rechazo e indiferencia que suscita es evidente, no sólo a nivel institucional sino incluso social. Hasta no hace mucho los actos en los que se quemaba la bandera de España eran frecuentes. Hoy ondea en salones de plenos y fachadas oficiales con todo tipo de argucias para reducir su presencia sin incumplir la ley. En Navarra la ‘guerra de banderas’ entre la ikurriña, apoyada por el Gobierno foral para que pueda ondear en los ayuntamientos, y la defensa de la bandera foral hecha por las formaciones no nacionalistas, se traducirá en una jornada con marchas paralelas en Pamplona el próximo 3 de junio.

En las últimas juras de bandera civiles celebradas en el País Vasco han participado casi medio millar de ciudadanos. En 2012 se inscribieron 180 y en 2014 casi la mitad, 90. La última jura de este tipo, en 2015, logró captar en Euskadi a 170 personas, entre ellas el exdelegado del Gobierno en el País Vasco, Carlos Urquijo.

Unas participaciones que en muchos casos están protagonizadas por reincidentes, ciudadanos que repiten el procedimiento. En el conjunto de España se habían extendido los casos en los que se inscribían ciudadanos casi de modo anual, por lo que recientemente el Ministerio de Defensa emitió una orden que establecía que entre jura y jura se deberá dejar transcurrir un periodo mínimo de 25 años. La directriz pretende que no se desvirtúe la “importancia y trascendencia” que Defensa considera que debe tener el acto de jura para civiles.

El acto de jura de Vitoria será el más numeroso de los celebrados hasta ahora en el País Vasco, con más de 200 inscritos

Los promotores de la jura civil reconocen que celebrarla en el País Vasco adquiere unas connotaciones que no se dan en otros lugares, “es más complicado por las cuestiones políticas que se dan aquí”, asegura un portavoz de la base. Subraya que pese al desarme “entre comillas” de ETA los miembros del Ejército o de cuerpos como la Guardia Civil o la Policía Nacional, “no van diciendo por ahí a qué se dedican, saben que no están bien vistos. Al contrario que en otras ciudades españolas, está convencido de que hoy por hoy aún es imposible que se pueda celebrar con normalidad una jura de este tipo en plena calle, “no lo veo posible por ejemplo en la Plaza de la Virgen Blande de Vitoria”, señala.

Lejos quedan episodios como los vividos en 1991 en el Cuartel de Loyola en San Sebastián durante un acto de jura de bandera. Desde la ladera de un monte cercano un comando de ETA disparó con un fusil con mira telescópica contra el millar de asistentes. Entre los heridos, el gobernador militar de la época, el coronel José Luis García Frías.

Rechazo a la bandera, la Constitución y el Rey

No sólo la bandera, también la Constitución a la que hoy se rendirá pleitesía en el cuartel de Araca cuenta con pocos adeptos en el País Vasco. El 30% votaría hoy en contra de ella frente al 25% que la apoyaría. Ni siquiera entre los no nacionalistas el apoyo a la Constitución es elevado. Según el último Euskobarómetro apenas el 33% de quienes no se sienten nacionalistas respaldaría hoy la Carta Magna de modo expreso. Por último, el tercer pilar del Estado al que hoy 200 civiles van a jurar fidelidad lealtad tampoco recibe una valoración positiva mayoritaria en el País Vasco. La Monarquía y el Rey, como máximo representante de la misma, son rechazadas por el 58% de los vascos.

Para mi, España es un país en el que vivimos todos y sufrimos todos y en ella está Euskal Herria, que es España al fin y al cabo»

Alberto conoce bien lo que supone declararse español en territorio hostil. La ha padecido en carne propia y ajena. A sus 35 años, este vitoriano, con formación militar aunque hoy en la reserva, acumula experiencia como escolta de cargos políticos en Euskadi cuando ETA los tenía en su punto de mira. Hoy, alejado del mundo de la seguridad personal, Alberto es un civil más de los que esta mañana jurará lealtad a España. «Para mí es algo normal, yo soy vasco y español y jurar bandera no me supone ningún problema». En su caso, lo hará por segunda vez, después de que con 18 años jurara como militar. «En muchos casos con todo esto yo veo desconocimiento. En mi opinión el miedo en gran medida ha desaparecido, ya no veo que sea un problema decir que te sientes español».

A este militar en la reserva, reconvertido en adiestrador de perros, hoy le acompañará su pareja, de sentimiento nacionalista, «y no hay ningún problema en ella». Preguntado por si daría su vida, como establece la fórmula de juramento, por defender a España y su bandera, Alberto asegura que sí, «siempre que fuera en una situación de peligro para mi familia o mi país por una guerra o algo similar». Entiende que un acto así, al contrario que en otras ciudades, se deba celebrar dentro de una base militar, «sería absurdo, creo que hay que evitar el enfrentamiento». Para Alberto el término España representa a un país «en el que vivimos todos y sufrimos todos y en ella está Euskal Herria, que es España al fin y al cabo, y que también aporta a esa ‘marca España'».

“Para mi es un modo de manifestar mi amor por mi bandera y mi país. Un acto de este tipo me aporta sentimientos que van unidos con mis valores”, asegura Arturo horas antes de jurar hoy en Vitoria. Él es riojano y por su edad, 29 años, no hizo el Servicio Militar. Pese a dedicarse al mundo del vino, no oculta que le hubiera gustado ser guardia civil, “lo he pensado más de una vez, es un empleo interesante”.

Cuando lo dije me encontré de todo, desde el que le dijo que estaba como una cabra, hasta los que me alagan por haberlo hecho”

La empresa en la que trabaja está ubicada en Oyón (Alava), limítrofe con La Rioja. Arturo conoce bien el sentir mayoritario de la sociedad vasca. No cree que jurar en Euskadi aporte un valor especial al acto de esta mañana, “quizá sea algo más curioso, pero nada más”: “Estoy enfadado con los independentistas. El problema creo que está hoy más en Cataluña que en el País Vasco. Personalmente tengo amigos euskaldunes y otros catalanes y debatimos de estas cosas con respeto, eso es lo bonito”. Cuando contó en su entorno familiar que se había inscrito para jurar bandera, “me encontré de todo, desde el que le dijo que estaba como una cabra, hasta los que me alagan por haberlo hecho o los que simplemente lo respetan”.

Hoy jurará lealtad a la Constitución pese a no compartirla plenamente, “creo que hay muchas cosas que se deberían cambiar”. Lo hará, al igual que con la bandera, “por ser símbolos de lo que deberíamos estar orgullosos”: “Es algo que me da mucha rabia cuando veo en otros países que están orgullosos de sus símbolos y aquí parece que nos dan vergüenza”.