La victoria de Pedro Sánchez pone a Podemos contra las cuerdas. La estrategia defendida por Pablo Iglesias en Vistalegre II abogaba por ensalzarse como la verdadera oposición, en contraposición con lo que bautizaron como la «triple alianza» compuesta por PP, PSOE y Ciudadanos que, a su juicio, sostenían el Gobierno del PP. El giro hacia la izquierda del PSOE ha roto el tablero y su nuevo secretario general ya ha mostrado su intención de derrocar al ejecutivo de Mariano Rajoy. Una postura que no encaja en el esquema del líder morado, que tendrá ahora que revisar sus planes y tender la mano a los socialistas, en lugar de rivalizar con ellos en la oposición. Una tesis que fue en su día defendida por Iñigo Errejón.

La primera muestra del cambio de posiciones que protagoniza Podemos es la oferta que lanzó inmediatamente después de las primarias socialistas, por la que se ofrecía a retirar su moción de censura y emplazaba al PSOE a negociar una con Podemos. Ésta fue la tesis fue defendida por el que fuera número dos de Podemos, que en Vistalegre abogó por rentabilizar su situación política y traducirla en medidas reales mediante acuerdos con otros partidos. Sin embargo, la Asamblea Ciudadana de Podemos consolidó el plan de Iglesias, que tres meses más tarde tendrá que rectificar su situación y cambiar su actitud hacia el que a partir de ahora será su aliado de la izquierda.

La divergencia en estrategia surgió a raíz de la posible investidura de Sánchez en 2016

La estrategia de Podemos desde entonces pivota sobra la existencia de un Gobierno fuerte, apoyado en el resto de formaciones de la oposición que a su juicio garantizan el continuismo. La llegada de Sánchez hace que este relato caiga por su propio peso en las próximas semanas y quedará en evidencia en la votación de los Presupuestos Generales del Estado, donde el PSOE votará contra las cuentas del PP. El nuevo secretario general socialista también ha avanzado que plantea encabezar una moción de censura propia contra Rajoy y que en su programa electoral llevaba reformas como la derogación de la Reforma Laboral.

Las diferencias de estrategia en el seno de Podemos surgieron a raíz de las elecciones del 20-D de 2015. La opción de posibilitar un gobierno socialista fue la defendida por Iñigo Errejón, entonces número dos de Podemos, con la idea de sacar rédito político mediante la negociación. Esto contrastaba con la propuesta de Iglesias, que ante las encuestas electorales favorables planteó al PSOE unas exigentes condiciones -un gobierno en coalición con Podemos e IU y con el propio Iglesias de vicepresidente-, que los socialistas fueron incapaces de aceptar, viéndose frustrada la investidura de Sánchez y abocando a unas segundas elecciones.

La defenestración del líder socialista y el cambio del ‘no es no’ a la abstención en la investidura de Mariano Rajoy propició un relato en la dirección de Podemos. «No es cierto que el del PP sea un Gobierno en una situación de debilidad, a pesar de no contar con una mayoría parlamentaria», rezaba el documento político de Iglesias, que describía el fin del «reparto simbólico de posiciones» y planteaba un escenario político con un «Gobierno fuerte» sostenido por el resto de fuerzas, pero la llegada de Sánchez y su intención de ejercer una oposición dura al ejecutivo ha desbaratado la estrategia vencedora de Vistalegre II.

Izquierda Anticapitalista apoya los acuerdos con el PSOE

La tercera corriente en liza, Izquierda Anticapitalisa, liderada por Miguel Urbán, emitía esta semana un comunicado adhiriéndose a la estrategia posibilista y abierta a alianzas con el PSOE y valorando de forma «positiva» la victoria de Sánchez, que consideran como una «derrota del núcleo duro del régimen». Este grupo cree necesario «afrontar un nuevo escenario político y afinar la orientación táctica» después de que los resultados frustren la «gran coalición que venía ensayando el régimen en la fase de la gestora».

El escrito (PDF) también resalta los riesgos que presenta el nuevo escenario, entre los que destaca la vuelta al «eje de alternancia bipartita entre PP y PSOE con Ciudadanos como bisagra». Además, abunda en la nueva posición de Podemos, que «oscilará entre la necesidad de defender y mantener su espacio para mantener las posiciones conquistadas y la tentación gobernista» que se alcanzaría mediante pactos. El tercer riesgo, añade, sería el trasvase de electorado desde la formación morada al PSOE.

Además, señala que se reúnen las «condiciones para que un gobierno PSOE-PODEMOS sea visto como una salida a medio plazo por amplias y mayoritarias capas de pueblo de izquierdas». En este punto, advierte de la importancia de «mantener una posición autónoma», pero lanza una propuesta a corto plazo que pasa por «interpelar al PSOE para que asuma en el medio plazo el gobierno con una serie de condiciones programáticas». Eso sí, y a diferencia de la propuesta que Iglesias lanzó a Sánchez en febrero de 2016, señalan que «en ningún caso defenderemos que Podemos entre en el Gobierno».