El éxito de José Luis Ábalos durante la moción de censura a Mariano Rajoy ha multiplicado sus opciones de mantenerse al frente del grupo parlamentario socialista. El diputado valenciano, llamado a ser el secretario de Organización de Pedro Sánchez, ha logrado un importante acierto parlamentario para un partido y un grupo que han sufrido mucho durante el último año. La actitud del portavoz provisional, cerrando heridas y domando a Podemos, ha sido como un bálsamo para el grupo de diputados, que hace mucho tiempo no aplaudía unido y entusiasmado.

Esa «cohesión» interna se lleva experimentando desde que Ábalos se hizo cargo del grupo parlamentario tras la dimisión, la misma noche de las primarias del 21 de mayo, de Antonio Hernando. En principio, Sánchez encomendó esta tarea de forma provisional. No obstante, el buen hacer del portavoz interino está multiplicando sus opciones de mantener esa responsabilidad.

El líder socialista había dividido el ámbito de trabajo entre sus dos personas más cercanas: Ábalos se encargaría del partido y Adriana Lastra del Congreso. No obstante, las reticencias de la diputada asturiana a asumir el cargo y la brillantez mostrada por el diputado valenciano en su estreno llevan al secretario general a estudiar algún «encaje alternativo».

Ábalos podría convertirse en presidente del grupo parlamentario

La fórmula podría ser el nombramiento de Ábalos como presidente del grupo parlamentario, una figura que le permitiría participar en cualquier debate en la Cámara y mantener la autoridad que se ha ganado en el grupo, asistiendo a sus reuniones y supervisando el trabajo de Lastra, inexperta en la gestión parlamentaria.

El objetivo último sería trasladar al resto del PSOE, a través de la secretaría de Organización, la misma cohesión lograda en el grupo parlamentario en un tiempo récord. En este sentido, la nueva dirección del PSOE hace un balance muy positivo del trabajo desempeñado por Ábalos y de su discurso durante la moción de censura.

En primer lugar ha conseguido esa unidad ansiada entre los diputados sin sensación de vencedores y vencidos. Los parlamentarios del bando susanista se han sentido integrados y defendidos por su portavoz, que plantó cara a Pablo Iglesias por ellos cuando el líder de Podemos arremetió contra el PSOE de la Gestora. En sus encendida defensa de los compañeros y del Partido Socialista han visto una oportunidad para la reconciliación tras la dura batalla interna que desmbocó en el derrocamiento de Sánchez en octubre y las primarias en mayo.

En el sector sanchista también se muestra orgulloso por esa actitud y se saca pecho de que así es «el nuevo PSOE», el que defiende e integra a todo el partido, a pesar de las discrepancias internas que puedan haber existido.

El segundo foco de satisfacción socialista tras la moción de censura es la relación con Podemos. Después de los ataques recibidos por Pedro Sánchez cuando abogó por trabajar «codo con codo» con el partido de Pablo Iglesias, el primer acercamiento entre ambos partidos se ha producido a instancias de Podemos. Los constantes llamamientos al entendimiento por parte de su secretario general durante los dos días del debate se plasmaron en una imagen: Iglesias acercándose al escaño de Ábalos para darle la mano.

«Nos hemos ganado su respeto», aseguran en la dirección del PSOE, que celebran la nueva actitud de Iglesias sin abandonar todas las cautelas y recelos que les despierta el líder de Podemos. «No nos fiamos nada», asegura la dirección socialista, que ve en el hartazgo del votante de Podemos una oportunidad para la recuperación electoral del PSOE.

Los socialistas y especialmente el partido de Iglesias han tomado conciencia de que, sin el PSOE, Podemos sólo tiene los apoyos de Bildu, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y de sus socios de Compromís. Esa soledad parlamentaria ha empujado a Pablo Iglesias a tender puentes con la nueva dirección socialista con el objetivo de pactar una nueva moción de censura que desaloje a Mariano Rajoy de la Moncloa «antes de Navidad».