“Se nota que no ha leído jamás ni a Dickens ni a Savater ni a Camus ni a Sole Turá (sic)”. “Tiene muchas virtudes. Es un buen comunicador y, sobre todo, un buen vendedor”. “Hace un cierto ridículo si presume de algo de lo que carece”. “Le pediría que estudie”. “Para afiliarse al PP en 2002 hay que ser bastante facha”. La panoplia de improperios que Pablo Iglesias le dedicó a Albert Rivera el miércoles de la pasada semana en el Congreso de los Diputados no era un simple desahogo de quien se ha liberado de ataduras formales y destapa el tarro de sus esencias. Aparentemente resultaba innecesario ese tono hiriente que trascendía lo político para bajar a lo personal. Ciudadanos evalúa las causas de tamaña andanada en un millón de votos en juego.

En concreto, se trataría de 1.041.723 votantes de entre 18 y 25 años “que sólo contemplan votar a Podemos o a Ciudadanos”, explican fuentes de la formación naranja según los datos demoscópicos que barajan y que, sin duda, también conocen en Podemos. Una bolsa de votantes nada desdeñable para los que PP y PSOE son dos entes extraños, fuera de su radar político, por los que nunca meterían su papeleta en la urna. El número de jóvenes de entre 18 y 25 años en nuestro país es de poco más de tres millones (3.063.893). Un 34 por ciento de los mismos son los que reniegan de las dos formaciones políticas tradicionales de nuestro país.

Pelean por el voto de 1.041.723 jóvenes de entre 18 y 25 años que solo contemplan apoyar a Cs o Podemos

Esa cifra se ha convertido en un campo de batalla electoral entre ambas formaciones. Se acabaron las buenas relaciones, ese “fair play” que hacía pensar que la “nueva política” sabía tender puentes y estrechar manos. Iglesias y Rivera pasaron de representar un ideal superador de los viejos enfrentamientos a reflejar un grado de crispación incluso superior al de los partidos más veteranos. El Independiente revelaba el pasado viernes el último argumentario de los podemitas, curiosamente centrado en atacar a Ciudadanos para justificar su veto al partido naranja, “derecho de veto” que también ejercen los de Rivera hacia los de Iglesias.

En el texto se hacían afirmaciones del estilo “Ciudadanos es la viva expresión del cinismo y la hipocresía” o  “allí donde se evidencia el PP más corrupto, aparece Ciudadanos para apuntalarlo, como en Madrid o en Murcia, o en el conjunto del estado español”. Este estado de relaciones imposibilita cualquier fórmula de Gobierno que necesite de una alianza entre PSOE, Podemos y Ciudadanos. Ya fue imposible en marzo de 2016 con una aritmética más favorable (los socialistas sumaban 5 escaños más y Ciudadanos 8) pero ni siquiera esa “emergencia democrática” que a juicio del partido morado justificaba una moción de censura al Ejecutivo del PP fue lo suficientemente importante entonces como para que Iglesias primara desalojar a Mariano Rajoy de la Moncloa.

Hay un 20 por ciento de voto joven, algo más de 600.00 electores, que reniega de los nuevos partidos

PP y PSOE pierden voto joven a chorros. Todavía queda, sin embargo, un 20 por ciento del electorado entre 18 y 25 años que se mantiene fiel a los partidos de sus mayores.  Otro dato nada desdeñable apunta a que cerca de 1.500.000 jóvenes nunca votaría al PP y 1.200.000 nunca al PSOE.

Además, Ciudadanos también ha puesto sus ojos en el votante moderado del PSOE tras el triunfo de Pedro Sánchez en las primarias socialistas. Aunque éste se ha cuidado muy mucho de hacer cosas estridentes y que gestos como su llamada a Rajoy para reiterar el rechazo de su partido a la consulta independentista es un ejemplo de prudencia, los escarceos con Podemos pueden hacer que se le fugue voto del centro-izquierda que Rivera quiere sumar a su causa.

Calentando motores

Queda todavía mucho tiempo para las elecciones. Las locales, autonómicas y europeas no serán hasta el cuarto domingo de mayo de 2019. Por su parte, Rajoy tiene en mente llegar a junio de 2020. Los pactos estables alcanzados con Ciudadanos, PNV y canarios le permite a Moncloa ser optimista respecto a la durabilidad de una legislatura por la que nadie daba un duro, pero no por ello exenta de convulsiones. En todo caso, la oposición va calentando motores. Hasta Rajoy ha pedido a sus barones territoriales que tras la celebración de los congresos regionales -que culminaron entre marzo y abril- y los provinciales -entre mayo y este mes- se pongan manos a la obra para luchar por recuperar el poder territorial que perdieron tras los comicios de 2015. España se prepara para una larga campaña marcada por el desafío de los independentistas de Cataluña, donde, por cierto, también puede haber elecciones autonómicas antes de que acabe el año.