El presidente de EEUU, Donald Trump, volvió a las andadas y se salió del guión. En una rueda de prensa, que en principio trataba sobre infraestructura, en Nueva York, Trump recapituló sobre la violencia racista que costó la vida a tres personas y dejó dos decenas de heridos en Charlottesville para culpar «a las dos partes» de lo sucedido el fin de semana.

En esta población sureña, una manifestación racista en protesta por la retirada de una estatua del confederado general Lee acabó en el caos y en un atropello intencionado que ejecutó el filonazi James Alex Fields en el que falleció una joven activista antirracista. Dos agentes perdieron la vida mientras patrullaban la zona.

«Tienes a un grupo a un lado y otro grupo al otro lado y chocan y lo que ves es horrible. Creo que son culpables las dos partes», declaró Trump, que apenas 24 horas antes había reconocido que «el racismo es el mal» y había apuntado al Ku Klux Klan, supremacistas blancos y otros grupos de odio como los «criminales» que lo esparcían, en alusión a lo vivido en Charlottesville. «Había dos partes enfrentadas y eso lleva pasando décadas», remarcó.

Tienes a un grupo a un lado y otro al otro lado… Son culpables las dos partes», afirma el presidente Trump

Preguntado por la violencia de la llamada alt right (derecha alternativa, ultra) como responsable de lo acontecido en la localidad sureña, Trump replicó: «¿Qué ocurre con la alt left (izquierda ultra)? ¿No tienen la misma culpa?» Los periodistas no daban crédito. Volvía a su casilla de salida sobre Charlottesville. Aseguró: «Yo condeno a los racistas, pero mucha gente allí protestaba pacíficamente porque defendía la estatua del general Lee». Y más tarde, remarcó: «¿Dónde termina esto? ¿Quitamos la estatua de otros esclavistas, de Jefferson, de Washington, de Lincoln?».

En la misma comparecencia, en la Trump Tower, había empezado por justificar su tibieza inicial debido a que los hechos eran complejos y había que comprobarlos. «Aún hoy hay hechos que no conocemos», añadió y despreció a los periodistas por trabajar sin conocer todos los detalles. El ex dirigente del KKK David Duke, uno de los convocantes de la marcha Unite the Right del sábado en Charlottesville, elogio de inmediato «el coraje» del presidente.

El sábado, Trump compareció en New Jersey y condenó la violencia «de muchas partes» tras conocerse que había muerto una persona tras el atropello deliberado de la gente que se manifestaba contra racistas y nazis, que desde la noche anterior estaban en las calles con esvásticas y banderas del Ku Klux Klan defendiendo la estatua del general Lee.

Cuarenta y ocho horas más tarde, tras un aluvión de críticas feroces de senadores republicanos como Ted Cruz, John McCain o Marco Rubio, Trump tilada de «criminales» a los racistas, al Ku Klux Klan y a los grupos de odio, y condenaba claramente el racismo. Poco antes, tres directivos, de la farmacéutica Merck, la tecnológica Intel y la deportiva Under Armour anunciaron su renuncia por la tolerancia del presidente con los filonazis de Virginia. Despectivamente, Trump dijo que había muchos otros empresarios que querían ocupar las vacantes.

La condena del presidente del racismo del Ku Klux Klan y afines suponía que se desmarcaba de aquellos que desde la campaña le habían brindado apoyo. En la rueda de prensa del martes por la noche volvió a mostrar que esa declaración, leída y no improvisada como acostumbra, había sido forzada por las presiones de su partido y asesores, pero no respondía a lo que realmente piensa. Para los republicanos y gran parte del pueblo americano se había saltado una línea roja con su tibieza, y por ello rectificó a regañadientes, pero ha vuelto a sus orígenes.

Preguntado por Steve Bannon, su asesor quien según The New York Times está en la cuerda floja, dijo: «No es un supremacista. Es un buen hombre. Veremos lo que pasa con él, pero es buena persona». Suele ser así como califica a quienes tienen su tiempo contado. Bannon habría sido durante la campaña electoral quien más le acercó a los supremacistas blancos. El Ku Klux Klan pidió el voto para Trump.

Durante su intervención en la Trump Tower, los periodistas fueron objeto de su ira. «El problema es que ustedes quieren cambiar la Historia, no son imparciales, defienden solo una parte, y saben que es cierto lo que digo… A ustedes no les interesan las infraestructuras (el tema de la rueda de prensa), sólo quieren polémica».

Y para no dejar al pueblo americano en la desesperanza, lanzó uno de sus mensajes mesiánicos. «Charlottesville es una ciudad maravillosa, allí tengo una casa, y si creamos puestos de trabajo, se acabarán las tensiones raciales».