Bajo el lema La Diada del Sí la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Ómnium han vuelto a llenar el centro de Barcelona con un millón de personas, según los organizadores y la Guardia Urbana; 350.000 según la Delegación del Gobierno. Unas cifras que no satisfacen las expectativas generadas por la convocatoria, que según los líderes del independentismo han marcado el 1 de octubre como el envite definitivo por la independencia. Tanto desde la Generalitat como desde las entidades se había insistido en los últimos días en la necesidad de una demostración de fuerza en la calle, pero la manifestación no ha alcanzado la asistencia de 2014, cuando la referencia era la «consulta refrendaria» del 9N.

Lo cierto es, sin embargo, que el 9N, presentado como una movilización ciudadana con un gran componente de respuesta a los recortes que en ese momento aplicaba el Gobierno de Mariano Rajoy, consiguió unir a independentistas y partidos de izquierdas que, tras la batalla vivida esta semana en el Parlament, se han quedado fuera ya del movimiento que impulsa el 1-O. Especialmente significativa ha sido, en este sentido, la ausencia de Ada Colau de la manifestación.

En este contexto, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha rebajado el tono retador del mensaje institucional emitido el pasado domingo para recuperar la oferta de diálogo al Gobierno español. «Hasta el último minuto hay tiempo para negociar» ha afirmado Puigdemont. El president «bendecía» así el giro dado horas antes por el presidente de la ANC, Jordi Sánchez, quien hablaba de aplazar la consulta para pactarla con el Gobierno. «Si el 29 de septiembre Mariano Rajoy hace una oferta para celebrar un referéndum el año que viene seré el primero en aplaudir».

Puigdemont apela al diálogo

«Estamos dispuestos a negociar los términos en que se realiza la consulta», ha explicado después Puigdemont, «si el Gobierno escucha la realidad que el pueblo de Cataluña le enseña y entiende que sólo a través de la política se solucionará este conflicto».

El vicepresidente de la Generalitat y líder de ERC, Oriol Junqueras, ha asegurado que la consulta se hará en los términos que ha planteado el Govern, diga lo que diga el Estado, porque así lo anhela «la mayoría de los ciudadanos». «Esto no lo frena absolutamente nada», ha afirmado eufórico el consejero de Exteriores, Raül Romeva, mientras el número dos de Colau en el Ayuntamiento, Gerardo Pisarello, insistía en el discurso lanzado horas antes por Ada Colau: el Consistorio «hará lo posible» por que se vote en la capital catalana.

Más allá de las declaraciones políticas, el Gobierno de Mariano Rajoy sigue siendo el rival para los ciudadanos independentistas. Entre los asistentes a la manifestación había pocas pancartas espontáneas, pero todas ellas dirigidas al Gobierno. «Mariano: quien siembra vientos recoge tempestades» o «marxem, Mariano sé fuerte», para el presidente; «Soraya no das miedo», para la vicepresidenta.

Presencias y ausencias

La manifestación organizada por ANC y Ómnium también ha tenido ausencias destacadas, como la de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, quien horas antes dejaba claro en un acto compartido con Pablo Iglesias para celebrar la Diada que no aceptará la «lección de desobediencia de los señoritos de Convergencia», rechazando así las presiones para que ceda locales para la celebración del referéndum. Sí estaba su número dos, Pisarello, en representación del Ayuntamiento, lo que ha molestado a sus socios de gobierno. La regidora del Consistorio, Carmen de Andrés, criticó la asistencia de Pisarello y Jaume Asens «en nombre de un gobierno de izquierdas, plural y no independentista».

Tampoco ha acudido a la marcha el líder de Podem, Albano Dante Fachín, quien pese a su defensa del 1-O ha rechazado la marcha de la Diada por estar monopolizada por las fuerzas independentistas. Otra muestra de la escasa identificación de la izquierda catalana con el proyecto de Puigdemont. Muy polémica, en el extremo contrario, la presencia del líder batasuno Arnaldo Otegui, que en los últimos días ha compartido debates públicos con diputados de la CUP y ha sido entrevistado por TV3.

Recuperar la participación

La historia de las manifestaciones de la Diada arranca en 2010, con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut aprobado cuatro años antes. Si un año antes el acto institucional organizado por la Generalitat contó con 12.000 personas, tras la sentencia hasta 16 plataformas convocaron manifestaciones en la Diada para protestar por la declaración de inconstitucionalidad de algunos artículos del Estatut, aunque se reduce el número de asistentes: 9.000 personas según la Guardia Urbana. Apenas mil personas más se congregan un año después.

La Asamblea Nacional Catalana puede atribuirse el mérito de las grandes concentraciones. Es la entidad presidida entonces por Carme Forcadell la que organiza la primera gran manifestación en 2012 y reúne, bajo el lema «Cataluña, nuevo estado de Europa» a un millón y medio de personas según la Guardia Urbana -ya en manos de Xavier Trias-; 600.000 personas según la Universidad Autónoma de Barcelona. Un año después, la ANC consigue unir 400 kilómetros con una cadena humana desde Francia a Castellón y la Generalitat cifra en 1,6 millones de personas la participación. En 2014, el año de la consulta, las manifestaciones de la ANC tocan techo con 1,8 millones de personas según la Guardia Urbana, 900.000 según la UAB. A partir de entonces, la participación ha caído de forma constante en los últimos años.