Arnaldo Otegi se tendrá que conformar con seguir siendo el líder en la sombra, el dirigente que mueve los hilos pero que no pone ni firmas ni voz en las instituciones. También deberá renunciar a ver cumplida la aspiración con la que salió de prisión; convertirse en el primer lehendakari de la izquierda abertzale. Lo intentó hace un año, apenas siete meses después de abandonar la prisión y tras cumplir una condena de diez años, -reducida después a seis años y medio-, por intentar reconstruir la ilegalizada Batasuna. Cuando en Euskadi se vuelvan a convocar elecciones autonómicas, según el calendario previsto en septiembre de 2020, el histórico dirigente abertzale también verá pasar otra oportunidad para llegar al despacho de Ajuria Enea. Para entonces, Otegi soplará ya 61 velas y tampoco podrá presentarse.

El pasado siempre vuelve y en el caso de Arnaldo Otegi es muy pesado. El Tribunal Supremo acaba de ratificar la condena por inhabilitación impuesta por la Audiencia Nacional y que arrastra por el ‘caso Bateragune’. El TS rechaza el recurso presentado por Otegi y considera que la fecha fijada para cumplir la condena que le impide optar ser elegido para un cargo público y para ejercer un cargo público, el 28 de febrero de 2021 debe mantenerse. El líder de la izquierda abertzale había recurrido al Tribunal Supremo convencido de que la pena de inhabilitación que aún cumple era injusta, al estar mal calculada la fecha de su vencimiento y por tanto debía ser anulada. El TS le ha recordado que haber cumplido la pena de privación de libertad que le tuvo seis años y medio entre rejas -hasta que salió en marzo de 2016- no supone haber cumplido las dos sentencias de inhabilitación que pesan sobre él.

La primera de ellas, de una sentencia anterior a la del ‘caso  Bateragune’ no se cumplió hasta septiembre de 2014. De este modo, la segunda pena de inhabilitación -la aún en vigor- debería haberse calculado desde su salida de prisión en marzo del año pasado. De este modo, la estimación adecuada, según el Supremo debería haber fijado el cumplimiento de la inhabilitación aún más tarde que la ahora ratificada, en septiembre de 2022, si bien el cálculo no podía ser modificado en contra de sus intereses a consecuencia del recurso.

Otegi tuvo que renunciar en 2016 a optar a ser lehendakari y la Justicia confirma la condena que se lo impedirá hasta 2021

Otegi fue condenado a dos penas de inhabilitación, le recuerda el Supremo, y subraya que en su momento no las recurrió por lo que éstas son firmes y ya no pueden ser recurridas y puede entenderse que fueron “consentidas” por Otegi. A ello suma que mientras una de las penas estaba vinculada a la pena de cárcel, la otra era independiente de ésta y no se puede dar por cumplida hasta febrero de 2021.

Otegi intentó ser lehendakari en las últimas elecciones autonómicas en las que se impuso Urkullu (PNV), allá por el 25 de septiembre de 2016. En aquella ocasión, la izquierda abertzale confió en él como cabeza de cartel electoral ‘estrella’ en Guipúzcoa. EH Bildu aspiraba a convertir al recién liberado Otegi en el tirón para resurgir con fuerza en el nuevo escenario que abría no sólo el final de la violencia de ETA sino la salida de prisión de un referente político para ese mundo. La izquierda abertzale no se impuso pero sí logró convertirse en líder de la oposición y arañarle a última hora un escaño clave al PNV con el que le arrebataba la mayoría absoluta a la coalición PNV-PSE.

Un desconocido para los jóvenes

En agosto de 2016 el dirigente independentista intentó su regreso triunfal al Parlamento Vasco cabeza de lista por Guipúzcoa. La junta Electoral tumbó sus aspiraciones al recordarle que pesaba sobre él una condena por inhabilitación para el derecho de sufragio pasivo y para ejercer cargo público. Pese a los recursos, finalmente dio un paso atrás y debió ceder el liderazgo parlamentario a la que es hoy portavoz de EH Bildu en la cámara vasca, la periodista Maddalen Iriarte.

En sus recursos Otegi y su abogada, Jone Goirizerlaia intentaron que se aplicará la doctrina que se aplicó en el caso de un parlamentario de EH Bildu, Iker casanova, sobre quien pesaba una pena de inhabilitación. La denuncia contra él no prosperó al considerar el tribunal que en la misma no se especificaban empleos, cargos y honores sobre los que pesaba la inhabilitación

En este tiempo, Otegi no ha perdido protagonismo pero sí ha reducido su presencia mediática, más dosificada. Su labor se ha centrado más a la reestructuración orgánica de la coalición EH Bildu y su reconversión como marca propia, y el reto de situar a la izquierda abertzale en un proceso de “refundación” en el nuevo tiempo sin ETA.

Ha perdido foco mediático pero no peso en las labores internas de la izquierda abertzale. Tras Urkullu e Iglesias es el mejor valorado en Euskadi

Pese a no ocupar cargo institucional alguno, Otegi (Mondragón 1959) no ha dejado de tener peso como referente político. Ha participado en los diferentes encuentros que la izquierda abertzale ha mantenido con dirigentes políticos y formaciones en este primer año de legislatura autonómica. Pese a ello, la figura de Otegi sí se ha resentido, en especial entre las nuevas generaciones que no lo reconocen como un líder actual sino como un político propio del pasado.

Otegi aún atesora un importante capital político en amplios sectores de la sociedad vasca. Así, figura como el tercer político con mayor nivel de aprobación entre el electorado del País Vasco, después de Urkullu y Pablo Iglesias, según el Euskobarómetro de la Universidad del País Vasco.

Su labor, ‘refundar’ EH Bildu

Con la decisión conocida hoy del Tribunal Supremo de mantener la inhabilitación impuesta por la Audiencia Nacional, Otegi se quedaría fuera de las instituciones vascas otros tres años y medio, lo que le obligaría a centrarse en su labor como dirigente de EH Bildu. Ahora la ya ex coalición aspira a convertirse en el único referente capaz de aglutinar las sensibilidades de izquierdas e independentistas del País Vasco. Otegi se ha erigido en el mayor defensor de recorrer el camino de ‘reconversión’ de todo ese mundo y de poner en marcha un camino de reparación del daño causado que aún se topa con multitud de resistencias. Además del conflicto de los presos, a los que Otegi quiere dar impulso forzando su acercamiento a Euskadi, el líder abertzale debe hacer frente a algunas voces críticas, las más radicales, que cuestionan la transformación llevada a cabo de la mano de Otegi.

En los tres años y medio que le restan para cumplir la pena de inhabilitación se centrará en el diseño del plan soberanista ‘unilateral’ que ansía EH Bildu

Además, en este tiempo, y bajo su batuta, la izquierda abertzale librará la batalla más delicada que le espera a Euskadi en lo que resta de legislatura y que pasa por la aprobación de la ‘vía vasca’ por un nuevo Estatus vasco de relación con España.

Otegi y EH Bildu siempre han defendido la necesidad de impulsar una vía unilateral, similar a la emprendida por Cataluña. Apela incluso a la idoneidad de fijar para Euskadi un referéndum como el proyectado para el 1-O en Cataluña e incluso llevarlo a cabo el próximo año 2018. Por el momento, la izquierda abertzale ha comenzado a marcar distancias con el PNV, partidario de una vía de “pacto y acuerdo” capaz de unir sensibilidades y de acordar con la Administración del Estado.