Barcelona está lleno de balcones sin banderas que no salen en los telediarios. Pero la independencia de Cataluña también se ha filtrado dentro. La escalada de tensión desde el 1-O está por todas partes y ha empezado a movilizar a los que sí que tienen miedo que hasta ahora callaban.

Antes del referéndum, era complicado encontrar voces que defendieran en alto su oposición a la independencia. Pero ahora están por todas partes, como los balcones sin banderas. Hasta cuando le voy a pedir el wifi a la recepcionista del hotel del Barrio Gótico en el que me alojo. Al contarle que soy periodista, me pregunta si es real todo lo que está pasando. Es una pregunta recurrente estos días en la capital catalana, una ciudad estupefacta en vísperas de que el Govern pueda cumplir su promesa de declarar unilateralmente la independencia de Cataluña.

Cuenta que sus padres, catalanes y ya jubilados, fueron esta semana hasta Zaragoza a ingresar su dinero en una sucursal del Sabadell y que hasta que vio el jueves en las noticias que el banco catalán ha cambiado su sede social creía que estaban siendo unos exagerados. “Ahora yo también tengo miedo”, me reconoce mientras me tiende un papel con las claves. Las del wifi.

Antes del referéndum, era complicado encontrar voces que defendieran en alto su oposición a la independencia. Ahora están por todas partes

“Soy clienta de La Caixa desde los siete años, es decir, hace 70”, me cuenta una señora de pelo blanco y collar de perlas al cuello que sale visiblemente enfadada de una céntrica oficina de La Caixa en Via Laietana. Es una de tantos pensionistas que esta semana se ha acercado a preguntar qué pasa con su dinero si Cataluña se independiza. Ella, además, tiene acciones y fondos de inversión. “Los ahorros de toda una vida, me acuerdo que de niña venía a este mismo banco con los céntimos que ahorraba a meterlos en una hucha hasta juntar una peseta. ¿Cómo me voy a ir yo ahora de La Caixa? Espero que mueva la sede a Madrid o donde sea cuanto antes y que recupere su poderío porque si se queda estos la van a hundir”. “Estos” son los independentistas, de quien dice estar “harta”. Apenas unas horas después, La Caixa anunciaba que traslada su sede a Valencia “ante la actual situación política y social en Cataluña”.

El domingo va a la manifestación convocada por Societat Civil Catalana contra la independencia en la Plaza Urquinaona y lo dice con orgullo. Esta tarde espera la llegada de su hijo que vive en Madrid para sumarse a la protesta. Tiene otro que vive en Castelldefels que vendrá también. “Y si no fuera porque tengo aquí a los nietos de buena gana me iba yo de Cataluña. Ya no tengo ganas ni de hablar en catalán, me da vergüenza la imagen que le estamos dando al resto de España, con los Mossos encarándose con la Policía y la Guardia Civil. ¿Pero qué se han creído?”

Espero que La Caixa recupere su poderío porque si se queda estos la van a hundir”, dice una señora de pelo blanco y collar de perlas

“¿Sabes lo que te digo? Que espero que activen el 155 y traigan al ejército para callar la boca a la CUP y a la ‘COP’ porque esto es una vergüenza. ¡Que estén poniendo en peligro La Caixa, que es un orgullo de todos los catalanes!”, dice bajo los arcos señoriales de la entrada a la sucursal. “Mi dinero lo dejo aquí, pero yo no me quedo en casa. El domingo voy a la manifestación porque somos muchos. Somos más”.

Los números dan la razón a esta jubilada de 77 años. El 52% de los catalanes votó a partidos que no quieren la independencia. Son los partidos que se ausentaron de la cámara catalana cuando se votó de forma irregular la Ley de Transitoriedad. También muchos de sus votantes se han ausentado de las manifestaciones en las calles. Una taxista que lleva la COPE puesta en el coche me dice que la del domingo será la primera manifestación a la que va a ir en su vida porque se siente “muy catalana y muy española”. Cuenta que en los chinos de Hospitalet se han acabado las banderas de España. “Menos mal que yo compré ayer la mía”, puntualiza.

En los chinos de Hospitalet se han acabado las banderas de España “menos mal que yo compré ayer la mía”, dice una taxista

“Los que no estamos de acuerdo con la independencia hasta ahora no habíamos hecho absolutamente nada”, me cuenta un joven directivo barcelonés, al salir de un taxi camino de una reunión. El día que Puigdemont dio el discurso desde el Palau de la Generalitat para decir que el resultado del referéndum del 1-O le legitimaba a seguir con la independencia, él y su mujer salieron al balcón y se sumaron a una cacerolada espontánea en su barrio, Sarriá Saint Gervasi. “Nunca había habido caceroladas contra la independencia, todas eran a favor, pero esta fue espontánea porque la gente empieza a estar harta de que los independentistas hablen en nombre de todos los catalanes”. Y añade: “Estamos entre dos bandos muy polarizados y esto puede acabar mal. En un lado están a los que les parece bien que viniera la policía pese a la violencia y del otro los que quieren la independencia. ¿Y los que no queremos ni una cosa ni la otra? Estamos huérfanos. Por eso tengo mis dudas con la manifestación del domingo, si se la van a apropiar los políticos de PP y Ciudadanos que no cuenten conmigo“.

Junto al Palau de la Música, un señor de barba blanca que vende unos Homer Simpson de cartón que bailan cuando suena la música de su radiocasette. Tampoco él se quita el procés de la cabeza porque desde el día 1 de octubre no ha vendido nada. “Normalmente un mes bueno saco unos 200 euros vendiendo cuatro de esas figuras por cinco euros y en toda la semana no he vendido nada porque no hay turismo, parece que hubiera caído una bomba”, explica mientras me enseña la colección de figuritas. Entre ellas, Piolín y Silvestre, que ya no hacen gracia, dice. “No opino de lo que está pasando, pero espero que se arregle pronto”.

Los que no estamos de acuerdo con la independencia hasta ahora no habíamos hecho absolutamente nada”, dice un directivo

A un grupo de tres obreros sentados sobre sacos de cemento a la puerta de un edificio en obras que están echando un cigarro les pregunto si el domingo van a ir a la manifestación: “Nunca he ido a ninguna, a mí la política me ha dado siempre igual”, dice uno vestido con un pantalón azul y una camiseta llena de pintura.  Su compañero le pregunta: “¿Pero a qué manifestación?” “A la del domingo en Urquinaona, contra la independencia”, le responde. “Pues a lo mejor yo también voy”, replica.

“Yo no quiero la independencia porque no sé cómo va ser ese país del que hablan. Si me dieran una lista con las condiciones a lo mejor me hacía más independentista que ellos, pero yo primero quiero saber si van a bajar impuestos o subirlos, si vamos a tener trabajo y a qué edad vamos a jubilarnos”, añade el más joven de los obreros, que es de Sabadell. El tercero dice que del tema prefiere no hablar porque está harto “de que los políticos estén enfrentando a la gente… ¿Y no hay manifestaciones para los que nos da igual una cosa que otra y lo que queremos es vivir tranquilos?”, pregunta. Pero, al insistirle, añade mientras tira la colilla al suelo: “Mira, yo creo que la independencia es cosa de los ricos que viven muy bien y de los pobres que no tienen nada que perder. La mayoría de la gente no queremos líos. Ojalá les hubieran dejado votar como otras veces para que se desahogaran y pudiéramos seguir todos haciendo vida normal al día siguiente”.

A la puerta de la Facultad de Filosofía, tres chicas de 24 años que ya han terminado la carrera de Medicina cuentan que las tres fueron a votar el domingo porque sí creían en el derecho a decidir. Pero solo una de ellas, mallorquina, está a favor de la independencia. Las otras dos dicen haber ido a las manifestaciones independentistas de esta semana pero “en repulsa a la violencia que se ejerció el 1-O”.

Lo que más les preocupa de la DUI a las tres estudiantes es que están preparando las oposiciones al MIR

De la posibilidad de que Puigdemont declare la DUI la próxima semana lo que más les preocupa a las tres es que están preparando las oposiciones al MIR, que son estatales y se celebran el 10 de febrero. “¿Qué pasaría con nuestros exámenes si Cataluña se declara independiente? Pues lo hemos preguntado en el Rectorado y nadie sabe nada. Confiamos en que todo se arreglará”, dice una. “Por lo menos el título ya lo tenemos y es estatal, así que podríamos ir a cualquier parte. Yo desde luego me iría”, añade la otra, que es canaria. Y la mallorquina prefiere ser optimista: “A lo mejor si Cataluña se hace independiente hay menos gente que opta a las plazas en Barcelona y es más fácil conseguirla”, comenta. Aun así, prefiere que no se declare la independencia unilateralmente. “Esto habría que hacerlo, pero hacerlo bien, dialogando”.

De las tres, solo la canaria irá a la manifestación del domingo por el diálogo y la unidad de España. “Yo tampoco soy independentista, pero no voy a ir porque me parece que está politizada por los partidos de derechas. Si eres de izquierdas y no eres indepe en Cataluña estás huérfano”, opina su compañera.

La tensión en la ciudad no hace falta intuirla, ahora se oye. En cualquier corrillo, en cualquier terraza, por las aceras, todos hablan de lo mismo: “No tiene validez, pero tienen a la gente”, dice una mujer que arrastra un carrito con un niño pequeño que va comiéndose un trozo de pera. “Daniel no te vayas”, grita la madre que la acompaña al hijo que ha echado a correr. “¡No te vayas!”, grita. Y sigue hablando con la del carrito del monotema en la ciudad en vilo. En frente, junto al MACBA, se anuncia una conferencia: el futuro ya está aquí.