Mariano Rajoy adelantó las elecciones catalanas al 21 de diciembre por varios motivos, siendo el principal la desconfianza hacia sus socios de viaje, esto es, PSOE y Ciudadanos, «en el momento en que hubiera que haber hecho uso de la fuerza o tomar alguna otra decisión controvertida», señalan fuentes gubernamentales.

Después de alcanzar un acuerdo en torno a la aplicación del 155, no sin tener que romper muchas resistencias entre los socialistas, con una vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, volcada en convencer por su parte al líder del PSC, Miquel Iceta, no era cuestión de someter a pruebas de resistencia a una alianza histórica, pero que podía zozobrar en cualquier momento. Con Ciudadanos las expectativas tampoco eran mejores.  A pesar de las continuas manifestaciones de Albert Rivera a favor de la intervención del Gobierno de la Generalitat, Moncloa está convencida de que los naranjas «habrían dado un paso atrás ante cualquier iniciativa controvertida para no ‘mancharse» y con tal de no perjudicar las posibilidades electorales de su candidata a la presidencia autonómica, Inés Arrimadas».

Moncloa temía también «una rebelión generalizada que no se pudiera controlar solo por la fuerza»

Porque una cosa es la unidad de acción frente al desafío de ruptura de la integridad territorial de España y otra muy distinta el hecho de que PSC y Ciudadanos tengan que marcar perfil propio frente al Ejecutivo de Rajoy en un territorio donde el PP no es, precisamente, un partido de masas. La proximidad de las elecciones obliga a un ejercicio de equilibrismo entre los constitucionalistas, que no contemplan una candidatura de unidad, aunque ni PP ni Cs descartan acuerdos postelectorales. En todo caso, el líder del PP, Mariano Rajoy ha vuelto a agradecer este lunes en la reunión del comité ejecutivo de su partido el apoyo de socialistas, «naranjas» y otras formaciones como Foro Asturias o UPN.

Siendo la desconfianza en los socios una de las razones principales que justifican el adelanto electoral a un jueves 21 de diciembre, tampoco es la única. Otro de los temores que albergaba el Ejecutivo ante la aplicación de un artículo constitucional inédito y visto el grado de empecinamiento de un secesionismo ciego y sordo a la evidencia, lo constituía el riesgo de «una rebelión secesionista generalizada que no se pudiera controlar solo por la fuerza», admiten fuentes solventes.

Rajoy consiguió el efecto de «descolocar» al independentismo, hoy todavía confuso

Es cierto que ese riesgo no está exorcizado aunque, de momento, se «ha descolocado» tanto al independentismo con la convocatoria electoral como para impedirles una estrategia de respuesta, perdidos, como están, en decidir si concurren a las elecciones mientras la ya ex presidenta del Parlament, Carme Forcadell, asume su disolución y Carles Puigdemont viaja a a Bruselas, no se sabe muy bien a qué, mientras el Fiscal General del Estado mueve pieza. Porque ese era otro del los objetivos del anuncio intempestivo que realizó Rajoy el pasado viernes noche: «descolocar» a los promotores de la república catalana.

Y además, en definitiva, «porque todo el mundo lo pedía y era una buena jugada», agregan en este caso desde la sede nacional del partido en el Gobierno. Reduciendo los plazos limitas la capacidad de desgaste, dejas a los cabecillas de la sedición sin argumento ante el horizonte próximo de las urnas, éstas legales, y minimizas el impacto de una medida que, como hoy ha admitido también el jefe del Ejecutivo, no levantaba demasiados entusiasmos, enumeran los mismos medios consultados. Rajoy ha lamentado en su discurso ante la ejecutiva popular que el 155 «no era el escenario más deseable ni el más buscado, pero no nos ha quedado más remedio».

Rajoy hará campaña, pero de manera «modulada»

Semanas repitiendo que tras la aplicación del 155 había que esperar a que la situación se normalizara antes de convocar a los catalanes a las urnas; desmintiendo que hubiera un acuerdo en torno a la fecha del 28 de enero -que sí salió en las distintas conversaciones cruzadas entre Rajoy, Sánchez y Rivera, pero sin concretarse- y que era necesario un periodo de interinidad de unos seis meses, para dar un giro copernicano «a lo largo de la semana pasada», apuntan fuentes del entorno de Rajoy, en la que pocos, muy pocos, estaban en el secreto.

El PP ya ha comenzado a engrasar su maquinaria electoral catalana. El líder regional del partido y cabeza de lista a la presidencia de la Generalitat, Xavier Garía Albiol, se reunió este lunes en la sede de Génova con el equipo de Organización y Electoral para diseñar una campaña a la que Rajoy acudirá pero de «manera modulada», dicen fuentes populares. Ni siquiera en estas circunstancias quieren un desembarco desde Madrid. Basta con el 155.