El PNV ha comenzado a virar para reconducir su posición política tanto en Euskadi como a nivel estatal. La formación que lidera Andoni Ortuzar ha intensificado en los últimos días la toma de decisiones para acelerar su desmarque no sólo del PP, con el que pactó los presupuestos hace sólo seis meses, sino también para desprenderse de la sombra de EH Bildu que amenazaba con fagocitar su mensaje ante la crisis catalana. La última medida adoptada por la dirección del partido ha sido certificar la imposibilidad de apoyar los presupuestos de Rajoy con el artículo 155 en marcha y rectificar -a última hora- y no participar este pasado sábado en la multitudinaria marcha celebrada en Bilbao -convocada por la izquierda abertzale y el movimiento ‘Gure esku dago’, partidario del derecho a decidir- que protagonizó EH Bildu con Arnaldo Otegi a la cabeza entre llamadas a «tomar las calles» en respuesta a la «involución del Estado».

De este modo, rompe el apoyo que hasta en dos ocasiones había otorgado a esta plataforma de apoyo al procés, en lo que se interpreta como un movimiento de desmarque con el entorno radical al que se había acercado en vísperas del 1-O-. De igual modo, la mano tendida que hasta hace dos meses seguía brindando al PP para negociar las cuentas de 2018 ha sido definitivamente retirada y sustituida por una recuperación del discurso crítico contra el Gobierno de Rajoy y contra el PP, “estamos más lejos que nunca”, aseguran desde el PNV. El propio presidente Andoni Ortuzar ha reconocido que hoy la relación con el PP es «distante y fría» y que en actual escenario en Cataluña obliga a poner distancia con los populares por un tiempo.

Se desmarca de las movilizaciones de EH Bildu por el procés y de los populares, «estamos más lejos que nunca», aseguran en el PNV

Ahora la formación nacionalista intenta recomponer y recuperar su espacio, desvirtuado por el ‘contagio’ que de su entendimiento con los populares se han encargado de subrayar insistentemente desde la oposición –EH Bildu y Elkarrekin Podemos- en Euskadi. También en el tablero nacionalista la formación de Ortuzar se resitúa tras su viraje en vísperas del referéndum hacia posiciones cercanas a la izquierda abertzale cuya movilización se ha ido elevando ante los acontecimientos en Cataluña. El sábado Otegi apelaba a la necesidad de activar 2mecanismos de autodefensa», «levantar muros» y conformar «bloques» para blindar a Euskadi ante «un Estado a la turca». Un discurso que se ha radicalizado y del que el PNV quiere huir para evitar verse arrastrado por las posiciones extremas de EH Bildu. Una posición que el PNV también achaca al sindicato nacionalista ELA, el mayor de Euskadi y con quien loa relaciones hace tiempo que están rotas, y que este sábado también llamaba a «hacer frente» al Estado.

En Sabin Etxea inquieta que un enrarecimiento del clima en materia de autogobierno en Euskadi, contagiado por el escenario catalán, pueda alterar y dificultar el camino o ‘vía vasca’ pacífica y partidaria del diálogo y el entendimiento que defiende el PNV. Más aún después de la aparición ayer de siete batzokis o sedes sociales del PNV con pintadas en contra de su posición en la crisis de Cataluña.

Combinar su repulsa a la gestión que de la situación en Cataluña hace el Gobierno, alejarse del clima de tensión que pretende trasladar al País Vasco la izquierda de Otegi y al mismo tiempo no perder el capital de formación ‘moderada’ y ‘estable’ que se ha granjeado en Madrid, se ha convertido en el reto.

‘Vía PNV’ para reprobar la gestión de la crisis catalana

Otra muestra de ello ha sido el último movimiento del PNV del pasado viernes en el que los nacionalistas optaron por abrir una nueva vía de movilización ‘unilateral’ ante la crisis en Cataluña, la ‘vía PNV’. Lo hicieron con una manifestación ‘alternativa’ a la que se celebraría al día siguiente en Bilbao y silenciosa ante su sede a cargo de su Asamblea Nacional. El PNV quiere blindar el País Vasco de contagios. Por ahora priorizará su posición más crítica contra lo que sucede en Cataluña pero sin dañar los intereses del ‘procés vasco’ ni la estabilidad de la que ahora goza en Euskadi. Reforzará su rechazo a las medidas del 155 y las decisiones judiciales pero fuera de Euskadi, en tierras catalanas. Así, el próximo sábado acudirá a la manifestación convocada en contra los encarcelamientos de los ‘conselleres’ prevista en Barcelona. La formación de Ortuzar y Urkullu no quiere tener a la sociedad vasca “en un estado de movilización permanente” y menos aún participar en actos –como los que promueve la izquierda abertzale-, que considera puras “estrategias particulares”, según reconocen desde la formación.

La formación de Ortuzar se aleja de Bildu y su estrategia de «movilización permanente» a la que se había acercado en vísperas del referéndum

A todo ello se añade el desgaste que intenta imprimir la oposición al Gobierno de Urkullu por gobernar en coalición con el PSE. Tanto Podemos como EH Bildu han reiterado que debe romper el acuerdo de coalición con una formación, los socialistas, que han apoyado la aplicación de una medida excepcional como el artículo 155.

Si el pasado 4 de mayo los apretones de manos entre populares y jeltzales se sucedieron gracias a acuerdos como el relativo a la liquidación del Cupo y la renovación del Concierto o los acuerdos en materias como el TAV o la política energética, tras el verano la situación con el Gobierno del PP ha ido degradándose. Lo ha hecho al mismo ritmo que se enrarecía la crisis en Cataluña y que el Gobierno del PP priorizaba su acción a frenar el ‘procés’ y dejando en el cajón del olvido todo lo demás.

“Más lejos que nunca del PP”

Uno de los primeros ‘desengaños’ del PNV se produjo por la demora en tramitar las leyes del Cupo y el Concierto que el pasado viernes por fin aprobó el Consejo de Gobierno y que ahora deberá tramitar las dos Cámaras para que puedan entrar en vigor el 1 de enero próximo. El gesto, entendido en algunos sectores como un intento por reconducir la maltrecha relación con los nacionalistas vascos apenas ha modificado el clima de desconfianza. Por ahora, en el PNV recuerdan que el Ejecutivo de Rajoy se ha limitado a cumplir lo pactado, a aplicar un “trámite administrativo” y que nada ha cambiado.

La segunda decepción llegó por el ‘olvido’ del Gobierno del compromiso adquirido antes del verano para iniciar una ronda de contactos para acordar el traspaso de competencias pendientes. El 22 de septiembre el Ejecutivo aprobó un informe con las materias pendientes, que cuantificó en 37, y que automáticamente remitió a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría. Una reclamación sobre la que continúan sin haber avances.

La «durísima» aplicación del 155 ha diluido cualquier opción a respaldar los presupuestos de 2018 del Gobierno de Rajoy

Lo que ha terminado por dinamitar la buena sintonía entre el PP y el PNV ha sido el modo en el que se ha gestionado la crisis catalana. Lo sucedido el 1-0 provocó un profundo malestar entre los nacionalistas vascos a los que cada vez se les hacía más incómodo poder justificar seguir siendo los aliados del PP en Madrid. A partir del fallido referéndum, los mensajes contra el Gobierno se han elevado y lo han hecho de modo especial con episodios como el encarcelamiento de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart y los ex consellers y en especial tras la aprobación del artículo 155 por parte del Gobierno de Rajoy.

En este clima su disposición a negociar unos presupuestos se ha diluido. “Estamos más lejos que nunca”, aseguran desde el PNV que piden al Gobierno que busque otros aliados como el PSOE. La formación nacionalista ya había advertido que condicionaría cualquier decisión en materia presupuestaria a la gestión de la crisis en Cataluña. Una crítica que desde el Gobierno vasco su lehendakari, Iñigo Urkullu modera al asegurar que mantendrá su compromiso de no romper la relación “por responsabilidad”.

Por ahora, las puertas no están cerradas completamente pero sí a punto de estarlo. Con el PP de Madrid la relación se mantiene pero sin disposición a acuerdos. En Euskadi, los populares vascos han elevado su crítica al PNV y el malestar en la bancada nacionalista también crece. La prueba de fuego será la negociación presupuestaria que estos días el PNV negocia en Euskadi y que requerirá de al menos un aliado, ya que la coalición PNV-PSE requiere de al menos un voto para sacar adelante sus cuentas.