A 18 horas de que se cierre el plazo legal para la inscripción de coaliciones electorales, las formaciones independentistas siguen sumidas en el debate sobre la posibilidad de presentarse en una lista única que integre a ERC, PDCat, la CUP y los líderes encarcelados de Ómnium y la ANC. Una suerte de JxS ampliado que unifique el voto independentista y permita plantear los comicios como un plebiscito sobre la independencia y la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Un objetivo cada vez más lejano, porque tanto ERC como la CUP se resisten a sumar fuerzas de nuevo con los ex convergentes, pese al empeño inicial de las entidades soberanistas, que en las últimas horas han dejado de hablar de lista única para reclamar «unidad de acción». No parece que la ANC vaya a ejercer de nuevo las presiones sobre ERC que marcaron el pacto de JxS en 2015, con un Jordi Sánchez entregado entonces a defender las tesis del ex president Artur Mas.

La prisión preventiva decretada por la juez Carmen Lamela para el líder de la ANC está teniendo un efecto inesperado en los intentos del PDCat por reeditar esa alianza. Sin la presión de las entidades independentistas, los ex convergentes podrían ver hoy como el órdago de Carles Puigdemont, anunciando este fin de semana su disponibilidad a encabezar una candidatura, ya sea conjunta o por cuenta del PDCat, podría no ser suficiente para recuperar JxS.

ERC no está dispuesta a asumir el coste de una alianza con la ex convergencia si no se maquilla con independientes y la CUP

En 2015, Artur Mas tuvo que jugar la carta de las elecciones -amenazó con no adelantar los comicios que ya debían ser plebiscitarios si ERC no aceptaba concurrir en una lista conjunta- y esa amenaza fue determinante para que ANC y Ómnium remaran en la misma dirección. Ahora ERC no está dispuesta a asumir el coste de una alianza electoral con la ex convergencia si ésta no se maquilla de nuevo con la incorporación de independientes y, sobre todo, la CUP, para escorar la alianza a la izquierda.

Y esta vez, ANC y Ómnium no parecen dispuestas a jugar el mismo papel. Agustí Alcoberro, vicepresidente de la ANC y portavoz de la entidad desde el encarcelamiento de Sánchez, abogó el pasado miércoles por una lista unitaria independentista. Pero dejó claro que primero debía «escuchar a las tres fuerzas políticas que se han identificado» como independentistas o incluso una lista más amplia de todo el espectro soberanista y contraria a la aplicación del 155.

Además, apuntó que tanto el presidente de su organización como el de Ómnium, «de alguna manera tendrán que estar presentes significativamente en esta lista», pero su participación en los comicios sólo se justificaría si hubiera una lista única de todo el independentismo. Es decir, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart solo jugarán el papel de Carme Forcadell y Muriel Casals si hay lista única.

El viernes, sin embargo, la postura de las entidades se había modulado. ANC y Òmnium Cultural pidieron a los partidos soberanistas que concurran «con unidad de acción» a las elecciones del 21 de diciembre y evitaron posicionarse sobre la posibilidad de fraguar una lista única. Una decisión que Alcoberro, y el portavoz de Òmnium Cultural, Marcel Mauri, dejaron «en manos de los partidos».

Quién se descuelga primero

Vistas las dificultades, la cuestión parece ser ahora quien admite antes que no habrá lista única, lo que desmonta en parte el argumento electoral de unos comicios plebiscitarios. En los últimos años, con una política catalana sumida en una especie de black jack constante en el que ningún partido se atreve a quedarse atrás en la escalada de la apuesta independentista, el quién se planta antes se ha convertido en un motivo en sí mismo de estrategia política. Sucedió con el referéndum independentista del 1-O, volvió a suceder con la proclamación de la república, tras la fallida convocatoria de elecciones avanzadas, y va camino de volver a suceder con la gran coalición independentista.

En los últimos años, el quién se planta antes se ha convertido en un motivo de estrategia política: sucedió el 1-O, con la proclamación de la República y con el amago de elecciones

Esquerra se declara a favor de la propuesta, pero siempre que incluya también a la CUP, una vez que parece clara la incorporación del sector soberanista de Podem, en la estela de Albano Dante Fachín. Y lo hacen a sabiendas de que la CUP no adoptará ninguna decisión hasta que su asamblea lo apruebe el próximo domingo, una fecha que define en sí misma la negativa de los antisistema a compartir lista electoral con ERC y PDCat. Aunque para maquillarlo esgriman la propuesta de registrar hoy una marca blanca que pudiera dar amparo a la futura coalición electoral, en caso de concretarse. Una opción que los otros implicados han rechazado de plano por el coste que tendría en términos de pérdida de espacios electorales.

La única formación que ha dejado clara su negativa a integrase en el «frente anti 155» por lo menos con la fórmula de una coalición electoral, es Catalunya en Comú. La marca electoral de Ada Colau para estas elecciones autonómicas descartó esta opción en la reunión de su coordinadora nacional del domingo, argumentando que esta fórmula diluye la defensa de las políticas sociales que quiere impulsar. «Creemos que Cataluña no se merece más plebiscitos. La experiencia que tenemos con las listas unitarias es que a veces solamente sirven para seguir con recortes sociales capitaneados por la antigua Convergència», advirtió la portavoz de la formación, Elisenda Alamany.

Aunque esta postura ha tenido ya costes para los Comunes, que han visto como Albano Dante Fachín anunciaba su renuncia al liderazgo de Podem con la vista puesta en ERC, una maniobra que restara apoyos a la candidatura que va a liderar Xavier Domènech.