“Va siendo hora de que en este país una mujer esté al frente, una mujer que nunca se rinde, con una determinación y una convicción inigualables, sensata y audaz, tozuda y obstinada pero también dialogante y pactista. Todos a su lado, no la dejemos nunca sola. República tiene nombre de mujer”. Con estas palabras ungió Oriol Junqueras a Marta Rovira como candidata de ERC a la presidencia de la Generalitat, en una carta enviada desde la prisión de Estremera.

La descripción de Marta Rovira (Vic, 1977) habla de una mujer “tenaz pero dialogante” que no cuadra, sin embargo, con los episodios vividos en los despachos de JxS en el Parlament las horas previas al pleno del 10 de octubre -cuando Carles Puigdemont proclamó la república de los 8 segundos- y en el Palau de la Generalitat la noche del 26 de octubre -cuando el ex president anunció su decisión de convocar elecciones anticipadas para desactivar el 155-. Entonces la número dos de Esquerra fue una de las voces que con más firmeza -y según algunas fuentes también con más potencia pulmonar- se opuso a lo que consideraba pasos atrás inaceptables por parte de Puigdemont.

Tanto en las discusiones a puerta cerrada en el seno de JxS como en las comparecencias públicas de los últimos días la candidata ungida por Junqueras se ha mostrado como una política con los sentimientos a flor de piel y, según sus críticos, demasiado dispuesta a utilizarlos a su favor.

Para Marta Rovira la única postura aceptable era la proclamación de la república y así se lo hizo saber a Puigdemont, advirtiéndole además de que sus propuestas, “suspender” la república y convocar elecciones, serían consideradas como traiciones y le convertirían a él en un botifler. El peor insulto hoy por hoy en la Cataluña independentista, que según algunas fuentes provocó una profunda fractura en la relación entre Rovira y Junqueras.

Rovira representa, efectivamente, la Esquerra más inflexible en la defensa de los postulados independentistas a ultranza, discurso que ha encontrado un argumento perfecto en la imposición de cárcel sin fianza para los miembros del Govern acusados de rebelión y sedición. Abogada de formación, su origen, Vic, marca un perfil más carlista que revolucionario, como pasa con una parte significativa del independentismo catalán.

Una postura que casa poco con la redefinición del discurso republicano que han aventurado otros portavoces del partido, como Joan Tardà, para facilitar una vuelta a la vía constitucional que abra las puertas a un pacto con los Comunes. Su denuncia, hoy, de la amenaza de “sangre en las calles” por parte del Gobierno y la advertencia de que se ha exagerado la autocrítica en el bando independentista son todo un correctivo a esas posturas conciliadoras.

Rovira ejemplifica además el giro a la derecha de Esquerra en los últimos años. El tándem Junqueras y Rovira está mucho más a la derecha, lamentan algunos sectores, de lo que en su día representaron Josep Lluís Carod Rovira y Joan Puigcercós. La alianza con la ex convergencia ha servido para normalizar unas políticas, desde el apoyo a las escuelas católicas concertadas al mantenimiento de los recortes en políticas sociales, impensables para ERC en otros tiempos.

Trayectoria meteórica

Fue tras el fracaso del tripartito y la caída electoral de ERC en 2010, el partido pasó de 21 a 10 diputados, cuando Joan Puigcercós renunció a la dirección en favor de Junqueras y Marta Rovira se impuso entonces a Joan Ridao -ex cabeza de lista en el Congreso y “padre” jurídico del Estatuto de 2006- como secretaria general del partido. Una progresión meteórica para una mujer que acumulaba apenas cinco años de militancia republicana.

En ese tiempo, la actual número dos se inició laboralmente como técnica de la Agencia Catalana de Cooperación bajo el mando del republicano David Minoves, experiencia que le sirvió para convertirse en la responsable de Política Internacional del partido entre 2008 y 2011, a lo que seguiría la vicesecretaría en política sectorial y finalmente la secretaría general del partido.

La primera prueba de fuego política fue su defensa en el Congreso de la petición de un referéndum de independencia, en abril de 2014. Una comparecencia compartida con Jordi Turull y Joan Herrera en la que estrenó el argumento del “mandato democrático” para exigir el referéndum y evidenció algunas dificultades con el castellano.

Desde entonces Rovira se ha bregado como portavoz de JxS y en el Parlament, un ámbito en el que se siente ostensiblemente más cómoda. Y ha reforzado su peso en el partido y su imagen pública, también en términos puramente estéticos, puesto que ha contando con la ayuda de un asesor de imagen que ha modernizado su estética.

En términos de política interna del partido, a ella cabe atribuir el giro en las listas del partido en las elecciones locales de 2015, donde Esquerra confirmó el despegue de sus expectativas electorales convirtiéndose en tercera fuerza municipalista, y en las generales de 2016, cuando los republicanos sorprendieron con la candidatura liderada por Gabriel Rufián. ERC se apuntaba a la política del twitter y apelaba al electorado castellanohablante, una maniobra que la convirtió en segunda fuerza en Cataluña por primera vez en unas generales pero no le permitió frenar a los Comunes de Ada Colau.