Que la fe en el independentismo se acerca cada vez más a una cuestión religiosa lo han señalado en los últimos tiempos diversos analistas. Y en esta deriva, los conversos necesitan un profeta que señale el recto camino, un papel que con fruición se apresta a asumir en los últimos tiempos Carles Puigdemont. Desde que huyó a Bruselas se han multiplicado sus apariciones en medios de comunicación de toda índole -excepto los de ámbito español, claro está- desde los que sienta cátedra sobre los próximos pasos del soberanismo.

Adiós a Europa

Ha sido la última gran polémica de Puigdemont, asegurar que Cataluña debería votar en referéndum su pertenencia a la Unión Europea, que definió como una unión de países “decadentes”. El portazo europeo a sus reclamaciones ha llevado al ex president del europeísmo acérrimo a secundar las tesis de los euroescépticos. “Yo creo en Europa, pero esta Unión Europea es una mierda” coreaba una de sus columnistas de cabecera, Pilar Rahola, tras su ocurrencia, que ayer matizaron tanto desde el PDCat como desde ERC. El catalanismo “es indudablemente europeísta”  afirmó entonces en sus redes sociales para justificarse, pero el caso catalán “es una oportunidad para avanzar hacia una Unión más fuerte en la que la ciudadanía tenga cada vez más poder y los Estados menos”.

Represaliado por poner las urnas

Es uno de los ejes del discurso independentista y uno de los lamentos más recurrentes de Puigdemont. Él y su gobierno han sido perseguidos judicialmente “por poner las urnas” con el referéndum del 1 de octubre, cumpliendo así el “mandato democrático” de las elecciones del 21 de septiembre de 2015, a las que JxS concurrió con un programa en el que prometía la independencia, pero no hablaba de la celebración de ningún referéndum.

Gobierno legítimo en el “exilio”

El ex president insiste en que la aplicación del artículo 155 de la Constitución que ha hecho el Gobierno de Mariano Rajoy es inconstitucional. De hecho, la equipara a un golpe de estado, de lo que concluye que el suyo sigue siendo el gobierno legítimo de la Generalitat y él su legítimo presidente. Mientras los ex consellers encarcelados han acatado ya la aplicación del 155 en sus recursos ante la Audiencia Nacional, como en su día hicieran la presidenta y los miembros de la Mesa del Parlament, Puigdemont reivindica la legitimidad perdida desde Bruselas.

Amnistía

En línea con lo anterior, el líder independentista mantiene la exigencia de una amnistía legal para todos los involucrados en el proceso secesionista. Ya fue una de las reivindicaciones planteadas al Gobierno para convocar elecciones anticipadas en vez de proclamar una DUI que ha desatado nuevas causas judiciales contra su gobierno, la Mesa del Parlament y los líderes de las entidades soberanistas.

Resultados electorales

Es otro de los lemas de Puigdemont desde que está en Bruselas. Ya ha retado a sus rivales electorales en Cataluña, a Mariano Rajoy, e incluso al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, a dar garantías de que respetarán los resultados electorales del 21 de diciembre. Un emplazamiento que tiene dos objetivos: cuestionar la transparencia de los comicios convocados por el Gobierno y exigir que, si gana las elecciones, Rajoy acepte su interpretación como un plebiscito sobre la declaración de independencia.

Lista del ‘president’

Ejemplifica uno de los fracasos que Puigdemont ha conseguido vender a sus seguidores como un éxito. No pudo reeditar la lista única independentista junto a ERC como quería, pero ha conseguido que el PDCat ceda a sus pretensiones y acepte diluirse -tanto en siglas como en candidatos- en una “lista trasversal” en la que sí han tenido un lugar el ex presidente de la ANC, Jordi Sánchez, la ilustradora Pilarín Bayés o el religioso Padre Manel.

España no es una democracia

Mientras ostentó la presidencia de la Generalitat la cuestionó en varias ocasiones la calidad de la democracia española. Pero las críticas han arreciado desde que proclamó la república y huyó a Bruselas. En la capital europea ha acusado tanto al gobierno de iniciar una represión violenta y antidemocrática contra el independentismo, equiparando a España con Turquía.

Justicia al dictado del Gobierno

La justicia es el segundo elemento de esa ecuación en la que España aparece como un país que no cumple los estándares democráticos europeos. Puigdemont la acusa de actuar al dictado del Gobierno, al tiempo que exige al ejecutivo del PP de carpetazo a los procesos judiciales abiertos contra él y los miembros de su gobierno.

Violencia en las calles

Fue un argumento enarbolado inicialmente por la número dos de ERC, Marta Rovira, quien aseguró en una entrevista que el Gobierno había amenazado con “muertos en las calles” si se proclamaba la república para argumentar que no se dieran pasos para hacerla efectiva. Pero Puigdemont se ha sumado con entusiasmo a esa denuncia para explicar por qué no convocó elecciones el 26 de septiembre, lo que habría evitado la aplicación del artículo 155 y la apertura de procesos judiciales contra su gobierno.

Huida de empresas por obra del Gobierno

La huida de las 2.800 empresas que han trasladado sus sedes sociales fuera de Cataluña no es fruto de la incerteza jurídica y política generada por el referéndum del 1-O, sino de la “violencia” exhibida por la Policía y la Guardia Civil en su represión y del decreto aprobado días después por el Gobierno para las juntas directivas de las empresas pudieran decidir esos traslados sin pasar por la junta de accionistas. Es decir, es culpa del Gobierno, en ningún caso del proceso independentista.

Veto a los medios españoles

“Prensa española, manipuladora” coreaban los manifestantes independentistas en la huelga general y las convocatorias posteriores al 1-O. Un lema que Puigdemont también ha hecho suyo hasta el punto de vetar a los medios españoles a la hora de conceder unas entrevistas que otorga sin reparo a medios de que van desde los países nórdicos a Rusia o Israel. El ex president denuncia indignado además las “mentiras” de esos medios sobre su huida a Bruselas o las circunstancias de su estancia en la capital europea.