«Esto es el sálvese quien pueda del independentismo, saben que han fracasado y que el procés no va a ningún lado» ironizaba ayer la líder de C’s en Cataluña, Inés Arrimadas tras la renuncia formal de Carme Forcadell, a postularse para ocupar de nuevo la presidencia del Parlament. Las renuncias de Carme Forcadell, Carles Mundó y Artur Mas culminan un proceso de renuncias que empezó con la crisis de Govern de julio y que tienen su razón de ser en las consecuencias penales de la defensa de la independencia fuera del marco legal. Unas consecuencias que algunos dirigentes creyeron poder eludir con pactos políticos de último minuto y que ahora de demuestran inexorables.

La Mesa de la cámara catalana es el mejor ejemplo de esa desbandada. De los cinco miembros independentistas del gobierno de la cámara en la pasada legislatura sólo Forcadell y Lluís Guinó seguirán en el Parlament, y lo harán como diputados rasos. Todos ellos tiene causas abiertas por desobediencia al Tribunal Constitucional y se enfrentan, junto a los miembros del Govern, a querellas por rebelión, sedición y malversación dentro de la instrucción que dirige el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena.

Tanto Lluis Corominas, ex vicepresidente del Parlament y portavoz de JxSi por el PDCat, como las secretarias Anna Simó (ERC) y Ramona Barrufet (PDCat) anunciaron al disolverse el Parlament que no repetirían candidatura. Barrufet fue la primera en avanzar su retirada ante el Tribunal Supremo, cuando prestó declaración en calidad de imputada ante el juez Llarena, y alegó en su defensa que pensaba abandonar la actividad política, para dejar claro que en su caso no había riesgo de reincidencia delictiva.
Más destacados fueron los casos de Corominas y Simó, dos pesos pesados en sus respectivos partidos, con tres lustros de política parlamentaria a sus espaldas cada uno. Ambos aseguraron que ya habían advertido al inicio de la legislatura que ésta sería la última, y renunciaron a formar parte de las candidaturas de sus partidos. No fue el caso del último vicepresidente segundo del Parlament, el ex convergente Lluís Guinó, incluido en la querella por rebelión pero no en las causas anteriores. Él sí concurrió a las elecciones del 21-D, como número 5 de JxCat por Girona, pero su nombre no ha sonado de momento para integrar la nueva Mesa del Parlament.

Adioses desde el Govern

También ha habido bajas significativas en el grupo de 15 consellers que integraron el gobierno de Carles Puigdemont. La más sonada, la del ex conseller de Justicia, Carles Mundó, que este martes anunció su adiós a la política activa cuando muchas voces le señalaban como sustituto de Forcadell al frente del Parlament.  Meritxell Borràs anunció su adiós a la política tras décadas de militancia convergente en el Parlament cuando permanecía en prisión incondicional en Alcalá Meco. Allí decidió poner punto final a su carrera política y renunciar a las prebendas legales que supone el acta de diputado, a las que seguirán acogiéndose de momento el resto de los 14 miembros del Govern.

Todos ellos han formado parte de las listas de JxCat o ERC, aunque en el caso de los tres ex consellers fugados que permanecen en Bruselas y no han presentado sus credenciales: Clara Ponsatí y Lluís Puig por JxCat y Meritxell Serret, de ERC, lo más probable es que renuncien al acta de diputados antes de la constitución del Parlament, para evitar poner en riesgo la mayoría independentista en la cámara. Una renuncia a la que se ha negado el ex conseller de Sanidad, Toni Comin.

Sin olvidar que el ejecutivo de Carles Puigdemont ya sufrió una primera fuga el pasado julio, cuando la crisis abierta por el propio Carles Puigdemont sirvió para depurar a los consellers que dudaban sobre el referéndum del 1-O, prácticamente a todos los miembros convergentes de su gobierno. Entonces abandonaron el ejecutivo catalán la consellera de presidencia, Neus Munté, el de Interior, Jordi Jané, el de industria, Josep Baiget, y la de Educación, Meritxell Ruiz. Un bloque al que se sumaría, horas antes de la declaración de independencia, el ex conseller de Cultura y después Empresa, Santi Vila.

Junto a Forcadell y Mundó la renuncia más sonada de la última semana ha sido sin duda la del ex presidente de la Generalitat, de Convergencia y del PDCat, Artur Mas, quien el miércoles anunció un «paso al lado» oficialmente para dejar que la savia nueva tome las riendas del partido. Acuciado por la inminente publicación de la sentencia del Caso Palau, Mas advirtió de que su renuncia no supone un adiós a la política, pero pocos dudan de que sí tiene mucho que ver con el rechazo a los extremos a los que ha llevado Puigdemont el desafío soberanita, declaración de independencia incluida.

Los líderes municipalistas

Igualmente destacado, aunque haya pasado más desapercibido, es el adiós de los dos líderes municipalistas que desde la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) y la Associació Catalana de Municipis (ACM) Neus Lloveras y Miquel Buch respectivamente. Lloveras ha anunciado esta semana que no repetirá como candidata a la alcaldía de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) lo que se ha interpretado como el primer paso para dejar la presidencia de la AMI. Sí entró en la lista de Puigdemont, como número 20 por Barcelona pese a que no resulto elegida por los militantes locales del PDCat para concurrir a las elecciones.

En cuanto a Buch, abandonó la alcaldía de Premià de Mar (Barcelona) y dejó así la política municipal en diciembre para centrarse oficialmente en su trabajo como candidato de JxCat. Unas renuncias que han dejado ahora a Lloveras y Buch sin cargos públicos, puesto que sus plazas como números 20 y 22 por Barcelona les deja fuera del Parlament.