Finalmente, sí fue una jornada histórica. Pero no porque el Parlament volviera a investir presidente a Carles Puigdemont, fugado en Bélgica fuera del alcance de la justicia española, sino porque ERC se plantó por primera vez ante sus socios de la ex Convergencia. La formación republicana no ha transigido -al menos de momento- con las exigencias de JxCat, que suponían obligar de nuevo a un presidente republicano del Parlament a desobedecer un mandato del Tribunal Constitucional. Y Esquerra no ha aceptado sacrificar a uno de sus dirigentes con mayor proyección en aras de una investidura que será anulada en cuanto concluya la votación por las impugnaciones tanto de la oposición catalana como del Gobierno.

JxCat insiste en que el acuerdo de investidura estaba cerrado la noche del lunes, tras dos reuniones paralelas, la de los miembros de la Mesa por un lado, y de los representantes de los tres partidos independentistas por otro. Los miembros independentistas de la Mesa del Parlament -Torrent y Alba Vergés por ERC, Josep Costa y Eusebi Campdepadrós por JxCat- se reunieron la tarde del lunes con los letrados de la cámara para analizar las opciones de celebrar el pleno. En ese encuentro se habría descartado la opción de aplazar la investidura, según fuentes de JxCat, porque suponía dejar el calendario en manos del Constitucional.

En el encuentro entre las direcciones de JxCat, ERC y la CUP en el Parlament se habría acordado igualmente un programa de mínimos que garantizaba el apoyo de los 68 diputados independentistas -descontados los dos fugados que no han renunciado a su acta de diputado, el propio Puigdemont y Antoni Comin– a la investidura del ex presidente. Nadie esperaba, según esas fuentes, el quiebro de Torrent, del que se enteraron por los medios de comunicación.

La decisión de Torrent, hecha pública minutos antes de la reunión de la Mesa del Parlament en la que debía fijarse oficialmente el formato del pleno de investidura, ha situado al independentismo al borde del divorcio, como demostró la airada respuesta de la CUP y la contenida indignación de JxCat. Este grupo no ha dejado por pulsar ninguna de las palancas de presión sobre los republicanos. Esta vez, sin embargo, ni las apelaciones a “la gente” convocada para celebrar la investidura del Puigdemont, ni los llamamientos a preservar la “dignidad de las instituciones” han sido suficientes para que Torrent diera marcha atrás.

ERC argumenta que no podía “firmar un cheque en blanco” a Puigdemont mientras JxCat insiste en que ya se había cerrado un pacto de investidura

En la reunión de la Mesa celebrada tras aplazar la investidura, JxCat pidió a Torrent que concretara un plazo temporal para volver a convocar la investidura, pero el presidente del Parlament habría evitado responder al requerimiento. Tras el encuentro, el portavoz de ERC, Sergi Sabrià, defendió la decisión de Torrent y denunció que en los encuentros del día anterior no se cerró ni el plan ni la formación de gobierno. “No podíamos firmar un cheque en blanco” concluyó Sabrià, quien insistía sin embargo en que Puigdemont sigue siendo también su candidato.

Los republicanos defienden además que la decisión de Torrent está dentro de sus prerrogativas “como está dentro de las prerrogativas de Puigdemont la petición de amparo” que el lunes dirigió, sin previo aviso, al presidente de la Cámara. Una petición que, junto al anuncio de acuerdo filtrado la mañana del martes a los medios afines, fue leída por Esquerra como un intento de marcar las cartas de una partida en la que su formación era la que sacrificaba piezas de más peso.

El as en la manga de JxCat

Está por ver cuanto dura esa resistencia, sobre todo porque JxCat sigue escondiendo en su manga el as más temido por los republicanos: ser presentados como los responsables del fracaso, los traidores al independentismo, si el bloqueo desemboca en una repetición electoral. Un escenario en el que JxCat saldría como clara favorita si puede señalar al partido de Oriol Junqueras como el culpable de que el Parlament no desobedeciera al Tribunal Constitucional para elegir al president escogido por la gente.

El riesgo de aparecer como culpables de la ruptura es igualmente alto. Por eso los portavoces de JxCat se esforzaron en transmitir un mensaje conciliador con los republicanos. Elsa Artadi insistió en su comparecencia en lo mucho que le habían agradado las constantes apelaciones de Torrent a la candidatura de Puigdemont como la única válida. Y Eduard Pujol defendió poco después como un bien irrenunciable “la unidad del independentismo”. Las espadas están en alto, pero todos son conscientes de que está en juego una mayoría absoluta en el Parlament podría no volver a repetirse.