¿Cuál será la fórmula de la investidura telemática? Este es el nuevo mantra que recorre los pasillos del Parlament desde que su presidente, el republicano Roger Torrent, pospuso sine die la celebración del pleno de investidura de Carles Puigdemont, oficialmente para que la investidura contara con “todas las garantías”. La secretaria general de ERC, Marta Rovira, salió ayer del ostracismo para reclamar a JxCat que expliquen cómo piensan alcanzar la cuadratura del círculo que supone una investidura “efectiva” con Carles Puigdemont como protagonista. Y hoy ha ampliado las condiciones de Esquerra: que no tenga consecuencias penales.

Rovira ha advertido, en declaraciones a la ACN, que su grupo no apoyará una investidura que tenga “consecuencias penales” para sus participantes. Es decir, que implique una querella para los miembros de la Mesa, encabezada por un republicano. Pero también que ponga en riesgo a los ex miembros del Govern y el Parlament ya querellados por rebelión que se encuentran en libertad condicional y forman parte del hemiciclo: Raül Romeva, Carme Forcadell y Dolors Bassa por ERC, Jordi Turull, Josep Rull y Lluís Guinó por JxCat y Joan Josep Nuet en los comunes. Demasiado riesgo para una investidura que todos saben que tendría un recorrido de unas horas.

El portavoz de JxCat, Eduard Pujol, ha insistido en que “por supuesto, tenemos la fórmula” pero sigue sin ponerla sobre la mesa de negociación, según los republicanos, que en los últimos días parecen haber salido de su particular bloqueo y empiezan a conseguir trasladar la presión al partido de Puigdemont.

Discurso de desagravio

La fórmula podría pasar por que sea otro candidato de JxCat el investido, con un discurso en el que proclame a Carles Puigdemont como presidente legítimo de la Generalitat y utilice la “represión del Estado Español” para justificar la votación alternativa. Un discurso de desagravio que otorgue a Puigdemont un cargo simbólico como representante de la Generalitat independentista en el exterior, mientras se forma un gobierno efectivo -como reclama tanto ERC como lo que queda del PDCat-. Una vía que tiene todavía dos importantes escollos: superar la resistencia del ex presidente a verse relegado de la primera línea política; y pactar un candidato aceptable para Puigdemont, el PDCat y ERC.

Dos escollos que en el fondo están profundamente ligados. Puigdemont podría aceptar hacerse a un lado, como en su día se definió la renuncia de Artur Mas, si su sustituto es alguien de su más absoluta confianza. Y en ese supuesto, Elsa Artadi gana enteros. La ex pupila de Andreu Mas Colell cuenta con total respaldo del líder de JxCat, que sabe además que su abierto enfrentamiento con la dirección del PDCat juega a su favor. Artadi no tiene apoyos en el partido ni opciones de crear a corto plazo una plataforma de poder propia, por lo que la lealtad a Puigdemont sería obligada.

La ex coordinadora del Govern está siendo presentada además, tanto en círculos económicos como en el extranjero, como representante del mundo económico en su definición más ortodoxa. Ex miembro del comité científico del Banco Mundial, su candidatura permite ofrecer una imagen de regreso a la gestión responsable, como en las últimas semanas intenta “vender” Mas Colell a quienes no siguen la actualidad diaria del parlamento catalán, en el que Artadi sigue apareciendo como defensora a ultranza de la investidura de Puigdemont por encima de cualquier cortapisa legal.

El talón de Aquiles de Artadi es precisamente su falta de apoyos en el PDCat, que apuesta por el ex conseller Josep Rull como candidato a la presidencia. Un hombre que también forma parte del círculo más próximo al ex presidente pero conserva además poder en el PDCat. Rull o incluso Jordi Turull -más cercano al ex president- serían mejor vistos desde el partido, pero tienen en contra sus cargas penales. Ambos están imputados dentro de la causa por rebelión que instruye el Tribunal Supremo, lo que muy probablemente derive en una inhabilitación en un plazo no superior a un año. Desde el ámbito independentista se señala a Europa para advertir de que la sentencia del Supremo puede ser recurrida y alargar así el tiempo de cualquiera de los dos ex consellers en la política, pero es una jugada arriesgada.

El tapado, un alcalde

Aún existe una tercera opción, la de un candidato que pertenezca al PDCat pero no tenga cargas judiciales. Las opciones en este caso son también escasas, puesto que dentro de la lista de JxCat han quedado muy pocos representantes del PDCat con cierto peso en el partido. Y en ese selecto grupo destaca el nombre de dos alcaldes: Marc Solsona, alcalde de Mollerussa, y Ferran Batet, alcalde de Valls. El primero pasa por ser uno de los más firmes jóvenes valores de la ex convergencia; el segundo juega con la ventaja de pertenecer además al círculo más cercano a Puigdemont -fue él quien, junto a Elsa Artadi y Quim Torra se reunió con Puigdemont en Bruselas hace seis días para analizar la investidura.

Esta opción permitiría tranquilizar a las estructuras territoriales del PDCat, cuyos alcaldes ven con pavor la perspectiva de unas elecciones municipales en un año sin saber cual va a ser su marca electoral, visto el modo en que Puigdemont y sus lugartenientes se esfuerzan por hacer desaparecer las siglas del partido. Y podrían ser una opción incluso en el caso de que el investido en primera opción sea un ex conseller: hay quien apunta en el entorno de la ex convergencia que una candidatura de Turull podría permitir salir ahora del paso y dar la alternativa a uno de los alcaldes con proyección dentro de un año, si el president es inhabilitado, con un gobierno ya en marcha.