Urnas, armas y espías dibujan el alma del zar del siglo XXI. Putin enfila un nuevo mandato presidencial, que logrará este domingo con seguridad, convencido de que Rusia está asediada por Occidente. La prueba son las acusaciones, sin fundamento según Moscú, del Reino Unido y sus aliados de que el Kremlin está detrás del primer ataque con gas nervioso en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Dictador en el fondo, demócrata en las formas, deja que se caliente el ambiente para una nueva Guerra Fría.

Al líder ruso, que lleva controlando el poder, ya sea como primer ministro o como jefe del Estado, desde hace 18 años, le gusta verse legitimado con los votos del pueblo. El Estado es él y rige como un autócrata, pero hasta sus críticos reconocen que goza de gran popularidad, mucho mayor que su régimen, debido a la corrupción rampante. En las elecciones del domingo ha superado el 70% de los votos. No habrá segunda vuelta.

“Putin es el creador del putinismo, un Estado híbrido que conjuga elementos de la democracia formal (elecciones, cierta libertad de prensa y expresión) con el gran poder y control de instituciones como servicios secretos o ex KGB, policía, Ministerio del Interior, Defensa, las denonimadas siloviki (los que tienen la fuerza, en ruso), que impiden que sea una democracia de verdad”, señala Mira Milosevich, investigadora del Real Instituto Elcano.

A eso se suma el control estatal de la producción y distribución de los recursos naturales, los hidrocarburos, la gran riqueza de Rusia, un país de 144,3 millones de habitantes regido por un auténtico zar. “No sólo es autócrata, sino que es populista. Su poder se basa en su carisma y popularidad personal, sea montando a caballo o sumergiéndose en agua helada en la Epifanía”, añade la experta.

No son políticos al uso, son hombres duros del servicio secreto o con mentalidad militar, funcionan como una junta”, dice Dalziel

Stephen Dalziel, investigador en Institute for Statecraft, denomina “la junta (en español)” a Putin y sus acólitos. “Cuando tratas con Putin y su círculo, no estás tratando con políticos, sino con hombres duros del servicio secreto o con mentalidad militar que creen que tienen la misión de que Rusia recupere su papel en el mundo. A ellos no les afectan las emociones o la compasión, y se han enriquecido fantásticamente y quieren preservar esta riqueza y este poder”, señala Dalziel.

Recuerda el experto cómo Vladimir Putin (Leningrado, ahora San Petersburgo, 1952) accedió al poder “gracias a un pacto con el entonces presidente Boris Yeltsin para que gozara de inmunidad”. Fue su primer decreto como presidente en ejercicio el último día de 1999 y así se catapultó a lo más alto del Estado ruso.

Había sido agente encubierto en Alemania oriental (allí estaba cuando cayó el Muro con el nombre de Platov) y luego estuvo a cargo de FSB (heredero del KGB) hasta que fue descubierto por Yeltsin en marzo de 1999. Los rusos dicen que un espía nunca deja de serlo. Por eso sigue siendo el espía-en-jefe.

El empresario Boris Berezovsky ayudó entonces a Yeltsin a convencer a Putin para que fuera su primer ministro. El magnate acabó en la lista negra del Kremlin y en 2013 apareció estrangulado en un piso de Londres. Forma parte de una larga lista de muertes misteriosas que tienen en común su oposición al espía-en-jefe.

La última lleva el nombre de Nikolai Glushov, exiliado ruso en Londres, que fue encontrado cadáver en su casa el 13 de marzo. Glushov siempre sospechó que Berezovsky no se había suicidado. Ahora se investiga la muerte de Glushov como asesinato.

En las presidenciales del domingo, la oposición que podría hacerle más daño a Putin está fuera del juego político. El disidente Andrei Navalny no ha podido presentarse por un proceso judicial por causas económicas. Promueve el boicot electoral y por eso la participación será un termómetro para saber hasta qué punto la oposición está cobrando fuerza.

A Navalny le han saboteado sus sedes bandas criminales. Otros opositores como Boris Nemtsov, que criticaba la política de Putin sobre Ucrania, han acabado asesinados en plena calle. Destino similar tuvo en 2006 la periodista Anna Politkovskaya. Los ejecutores fueron terroristas chechenos. De la autoría intelectual nada se ha desvelado de manera oficial.

Otros rivales en las presidenciales, como el comunista, Pavel Grudinin, el ultranacionalista, Vladimir Zhirinovski, o la presentadora de televisión, Ksenia Sobchack, son meras comparsas.

Antes de que tuviéramos estas armas no nos escuchaban, ¡ahora nos van a escuchar!”, clama el presidente Putin

Putin apenas ha realizado mítines electorales, salvo en Crimea y alguno en Moscú. La anexión de la península, hace cuatro años, marca un hito en su mandato y por ello ha hecho coincidir las elecciones con esta efeméride.

Sin embargo, a modo de mitin sui generis, presentó ante los medios el 1 de marzo el nuevo arsenal  de las Fuerzas Armadas rusas con un arma nuclear tan misteriosa como imbatible. Incluso mostró un video, de hace años, de una simulación de ataque en las costas de EEUU. “Antes de que tuviéramos estas armas no nos escuchaban, ¡ahora nos van a escuchar!”, dijo entonces.

El mundo está pendiente. En especial, desde que el 4 de marzo el ex espía ruso, Serguei Skripal, y su hija Yulia, fueran envenenados en Salisbury por un agente nervioso llamado novichok (recién llegado) que se tiene constancia que fabricaba en Rusia, según ha confirmado un científico químico que participó en el programa, Vil Mirzayanov, en Sky News. En declaraciones a The Guardian, Miyarzanov asegura que es altamente improbable que alguien fuera del control del Estado ruso haya manipulado esta sustancia, altamente peligrosa. “Hay que tener una formación científica muy, muy especializada”, añade.

Yulia, de 33 años, acababa de llegar al Reino Unido procedente de Moscú para visitar a su padre, deprimido desde la muerte su hijo Alexander el año pasado. Juntos fueron a un centro comercial, al pub The Mill y al restaurante Zizzi de Salisbury. Fueron encontrados con los ojos en blanco, inconscientes, y sin fuerzas, en un banco cercano. Un policía que registró el domicilio también está crítico. Se investiga cómo llegó el agente nervioso allí. Muchas vidas han podido estar expuestas a sus efectos.

Como dijo la primera ministra británica, Theresa May, no hay muchas alternativas a la autoría rusa. O bien está detrás Rusia, o bien el Kremlin ha perdido el control sobre su arsenal químico. Sin embargo, el líder laborista, Jeremy Corbyn, afirmaba el viernes en un artículo que no hay que descartar que sea la mafia rusa. Los aliados han apoyado verbalmente a May con un comunicado conjunto en el que demandan respuestas a Moscú.

Sobre el caso, Putin no ha hablado de momento, pero el ministro de Exteriores, Serguei Lavrov, ha rechazado las acusaciones, y desde el Kremlin las tildan de provocación. “Imperdonable”, que se acuse a Putin, remarca el Kremlin.

Putin sueña con un imposible, un mundo bipolar en el que Rusia sustituiría la grandeza de la URSS”, dice Mira Milosevich

“En política exterior, Putin es el líder de un país que está en guerra y para un autócrata la guerra es su póliza de seguros. Necesita el conflicto con Occidente para mantener la llama de su liderazgo. La guerra ahora se libra por medios convencionales, proxys o en el espacio informativo. Son las campañas de desinformación”, afirma Milosevich. “Sueña con un mundo bipolar en el que Rusia sustituiría la grandeza de la URSS, pero eso ya es imposible”, añade.

Precisamente, EEUU acaba de anunciar sus sanciones más duras contra una veintena de personas y cinco entidades rusas, entre ellas el servicio secreto (FSB) y la inteligencia militar (GRU) por su injerencia en las elecciones de 2016. También Washington castiga a la Agencia de Investigación Rusa, o fábrica de troles creada por uno de los hombres más próximos a Vladimir Putin, el llamado cocinero del Kremlin, Yevgueni Prigozhin.

Y en ese contexto de mundo bipolar, con su afán por dar marcha atrás al reloj de la Historia y volver a la Unión Soviética, Putin ve a Rusia asediada por Occidente por su actitud en las revoluciones de colores y por reconocer como Estados soberanos a su vecindad. “Para Putin la OTAN es un conjunto de vasallos de EEUU y no entiende por qué Rusia no puede actuar igual”, afirma Nicolás de Pedro, investigador sobre espacio post soviético en el CIDOB, organizador esta semana del foro sobre El nuevo mandato de Putin, junto a la Friedrich-Ebert Stiftung y The Jamestown Foundation.

La alargada sombra de Litvinenko

Ese ambiente de posguerra fría se ha vivido especialmente en el Reino Unido los últimos días. Parecía un déja-vu de lo ocurrido con el ex agente Andrei Litvinenko en 2006, asesinado por envenenamiento con polonio 210 por agentes rusos. Opositor a Putin, estaba a punto de trasladar información relevante a la Fiscalía española sobre actividades de la mafia rusa.

La actual primera ministra, Theresa May, era ministra del Interior cuando se llegó a la última fase de la investigación que certificó la autoría rusa. Litvinenko sufrió un envenenamiento con polonio 210 al tomar un té en compañía de Andrei Lugovoi y Dimitri Kovtun en el hotel Millenium de Londres. Murió después de una agonía de tres semanas. A pesar de las pruebas, Rusia no extraditó a los autores. Lugovoi, que fue condecorado por sus servicios a la Patria, es diputado ultranacionalista.

Según Stephen Dalziel, los casos de Skripal y de Litvinenko son calcados. “Los dos habían ofendido no solo al Estado ruso, sino a sus servicios de seguridad. Litvinenko dejó el FSB y acusó públicamente a Putin de provocar la muerte de civiles rusos en septiembre de 1999 para tener una excusa para iniciar la segunda guerra chechena. Con su libro Blowing up, de 2001, firmó su sentencia de muerte. Y Skipral, como doble agente, fue un traidor al Estado ruso… En los dos casos la venganza se sirvió en plato frío, cuando ya se creían a salvo”, explica el investigador, que como otros de los encuestados dice no tener pruebas sino patrones de conducta reiterados.

Llama la atención que en el caso de Skripal se haya utilizado una sustancia como el novichok, diez veces más potente que el gas nervioso VX, que resulta difícil de rastrear pero que, de hacerse y los británicos tienen medios para ello, lleva directamente a la autoría rusa. “O ha sido el Kremlin, o peor aún ha perdido el control de su arsenal, Pero si ha sido Moscú lo hace así porque quiere que se sepa. Hay otras maneras más discretas de eliminar a alguien. De confirmarse su autoría, se trata de un mensaje que lanza Rusia”, comenta Nicolás de Pedro.

Las medidas anunciadas hasta el momento por el Reino Unido, si bien son las más duras en tres décadas al anunciar el martes la expulsión de 23 diplomáticos, están lejos de ser aquellas que más daño harían a Moscú. May ha logrado el apoyo explícito de los presidentes de EEUU, Francia y de la canciller alemana. De momento, palabras. “Después del Brexit, Europa parece menos dispuesta a introducir sanciones”, apunta Milosevich.

Como represalia, Rusia también expulsará a 23 diplomáticos británicos, suspende las actividades del British Council y no permite la apertura del consulado en San Petersburgo, según ha dado a conocer el sábado. Asegura que habrá más acciones si el Reino Unido sigue en esa línea.

Londres fue débil en el caso Litvinenko. Ahora tendría que expulsar a las familias de los oligarcas o no ir al Mundial”, señala Dalziel

“Rusia sabe que Londres fue débil con el caso Litvinenko. Tendría que expulsar a las familias de los oligarcas de la City, y que el equipo de fútbol no vaya al Mundial”, declara Stephen Dalziel. Pero May no parece interesada en que Londongrado sea desmantelada.

Comprobar la autoría directa del Kremlin es muy complejo y la investigación, como en el caso de Litvinenko, duraría años. Desde Moscú la técnica siempre es negar y acusar. Ya sea cuando se trata de soldados sin distintivos en Crimea, ex espías o disidentes asesinados. Es difícil y costoso dilucidar qué es cierto y qué no. Como decía el ministro de Defensa, Serguei Shoigu, sobre esos primeros pasos de la ocupación en Crimea: “Es difícil buscar un gato negro en una habitación oscura, sobre todo si no está ahí. Especialmente si el gato es listo, valiente y educado”. La UE aún clama por la ilegalidad de esa modificación de fronteras.

La cuestión es si existe relación entre el momento electoral en Rusia y el ataque con gas nervioso en suelo británico. Hay quienes lo consideran fuera de toda lógica, pero Luke Harding, experto en espionaje de The Guardian, sostiene que es una de las hipótesis: así se busca mayor legitimidad al reforzar el mensaje del enemigo exterior. “Una disputa con Londres no hace daño a Putin, especialmente entre los votantes más nacionalistas y a quienes vende bien el mensaje del victimismo”, escribe Harding.

Putin está convencido de que su régimen está bajo una amenaza existencial. Actúa a la defensiva”, dice De Pedro

“Rusia siempre está probando dónde está el límite de Occidente. Busca la tensión permanente. Putin está convencido de que su régimen está bajo una amenaza existencial. Sus acciones son defensivas, aunque también le sirven como instrumento de cohesión. El enemigo exterior, y lo sabe desde Crimea, le sirve como fuente de legitimidad”, explica Nicolás De Pedro.

En las televisiones rusas se ha trasladado el mensaje de “la traición” de Skripal, que fue agente doble y por ello pasó seis años en la cárcel en Rusia. Anna Chapman, que fue objeto del intercambio del que también se benefició Skripal, ha recordado su falta de lealtad a la patria rusa. Desde Tailandia se reía de su destino: “¿Cuál es vuestra comida favorita?”, decía en sus redes.

El ex espía salió en 2010 de Rusia gracias a que el Reino Unido aceptó ese canje y allí vivía como ciudadano británico desde entonces. Perdió por cáncer a su mujer en 2012 y el año pasado a su hijo, Alexander. Ahora su hija Yulia, de 33 años, convalece con él en el hospital en estado crítico.

Como plantea un experto en seguridad, quizá el objetivo en este caso no sería Serguei Skipral. Se ha especulado que estaba manejando información comprometida relacionada con las conexiones de Trump con el Kremlin, pero el ex espía del GRU, que durante unos años vivió en España y pudo haber sido vendido por un agente español, según The Times, parecía no seguir en activo.

Si Rusia, y no agentes que actuén por libre o la mafia, estuviera detrás del ataque, bien podría tratarse de una llamada de atención dirigida al Reino Unido, por un lado, a las potencias occidentales, también. Somos capaces, sería el mensaje. Y también una advertencia a quienes se atrevan a colaborar con quienes quieren dañar al Kremlin. Sus familias también están amenazadas. Ya sea bioterror o bioerror lo cierto es que vivimos en un mundo cada vez más peligroso e incierto.

El modelo democrático occidental plantea un desafío al modelo ruso por el mero hecho de exitir”, señala Moshes

Así seguiremos durante el nuevo mandato de Putin, que plantea la incógnita a nivel interno de si será el momento de las reformas. En política exterior, sin embargo, como dice Arkady Moshes, investigador en el Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales, “Rusia y Occidente estarán en conflicto en el futuro cercano. El modelo democrático occidental plantea un desafío al modelo ruso por el mero hecho de existir. Quizá no sea una confrontación abierta”.

Fría o caliente, latente o híbrida, prevalecerá esa neoguerra con la vecina Rusia, posiblemente mientras Putin, que renueva su mandato hasta 2024 siga en el poder. A no ser que siga la estela de Xi Jinping y quiera ir más allá.

Aquella casa común europea, soñada por Gorbachov, ha quedado sepultada. Los optimistas, como Javier Solana, apuntan a que hay que buscar caminos de buena vecindad porque “la geografía es la geografía”. Será difícil mientras las novelas de espías sigan escribiéndose en cirílico,