No se conocía una reconstrucción más delirante que la del Eccehomo de Borja hasta que ha llegado una que las supera a todas: la reconstrucción del acta del máster de Cristina Cifuentes.

Al menos Cecilia Rodríguez, aquella octogenaria que trató de restaurar la famosa pintura de forma catastrófica, actuó en su día de buena fe y sin pedir permiso a nadie. El caso de la reconstrucción del acta de Cifuentes, sin embargo, aunque igualmente chapucero, fue hecho aposta y en equipo. La reconstrucción del acta implicaría directamente a Javier Ramos, rector de la Universidad Rey Juan Carlos, y al círculo más próximo de la presidenta. Al menos, según las delirantes confesiones que Enrique Álvarez Conde, director del cada vez más presunto máster de Cristina Cifuentes, hizo a Carlos Alsina en Onda Cero.

Según el director del máster, a la sazón ex alto cargo de Mariano Rajoy en el ministerio de Administraciones Públicas durante el primer Gobierno de Aznar, el documento que la presidenta de la Comunidad de Madrid ha utilizado como prueba principal de haber cursado el máster está falsificado. Reconstruido prefirió decir, él sabrá, que para eso es catedrático de Derecho Constitucional. Una reconstrucción perpetrada a petición del rector y a manos de «sus discípulas», aclaró. Se deduce de ello que espera Álvarez Conde salir al paso de una posible acusación de falsedad documental esparciendo el marrón de arriba abajo. Si se han falsificado, perdón, reconstruido, esas actas, que le pregunten a su superior y a sus discípulas. El director del máster, como Cifuentes, solo pasaba por ahí.

Si rectifica porque le han pillado o porque se equivocó está aún pendiente de aclarar

«Hay indicios suficientes de delito», le ha respondido el rector al director del máster, con más pinta de haber consultado sus declaraciones con un abogado. Y hasta que se «establezca toda la verdad», ha puesto todo en manos de la Fiscalía. Ahora sí ve Javier Ramos «indicios suficientes de delito», no como cuando precipitadamente salió hace 15 días a sostener públicamente que no “había irregularidad alguna en el máster de doña Cristina Cifuentes”. Si rectifica porque le han pillado o porque se equivocó está aún pendiente de aclarar.

Pero lo más inverosímil de toda esta reconstrucción es que Cifuentes quiera todavía convencernos de que no ha cometido ninguna irregularidad. Es más, que ella fue la primera en llevar el caso a la Fiscalía, como Esperanza Aguirre cuando aún insistía en que ella destapó la trama Gürtel. Lo que Cifuentes pide a la Fiscalía no es que se investigue la posible falsedad documental, sino que metan en la cárcel a los periodistas de Eldiario.es que la destaparon. Y lo que nos pide a todos que nos creamos es que “no ha mentido en absolutamente nada”. Insiste en que se presentó ante un tribunal en el que los propios integrantes ya reconocen que no haber estado.

No hay más que ver el aire de funeral que tiene la convención del partido de este fin de semana en Sevilla

A diferencia del estropicio del Eccehomo, que no pasó de hazmerreír, la reconstrucción del máster de Cifuentes lo que da ganas es de llorar. Aunque la chapuza no es tan diferente, es mucho más destructiva. Porque la desesperada reconstrucción de algo que no parece haber existido nunca no solo destruye la carrera política de Cristina Cifuentes. Con el futuro de la presidenta madrileña se tambalea también el del Partido Popular, que no puede permitirse perder su principal bastión en vísperas de año electoral ni tiene recambio para el puesto. No hay más que ver el aire de funeral de la convención del partido de este fin de semana en Sevilla que el PP planeó para escenificar su liderazgo y ha terminado pareciendo una terapia de grupo.

Con la reconstrucción de las actas del máster se destruye también la reputación académica de una universidad pública. Injusto para los buenos profesionales que integran la Rey Juan Carlos. Necesario, sin embargo, para llevarse por delante el sistema endogámico y clientelar que ha permitido este desbarajuste.

Mientras los profesores implicados no terminan de echarse los trastos y las culpas unos a otros para demostrar quién reconstruyó qué y Cifuentes delega toda la responsabilidad en la Universidad de la que como presidenta de la Comunidad de Madrid es responsable, lo cierto es que no hay documento oficial alguno que pruebe la defensa del trabajo final de máster de Cifuentes. Ella aseguró haberlo presentado personalmente en el campus de Vicálvaro en apenas 15 minutos y el rector insiste en que no hay constancia de ello.

La única reconstrucción que ahora importa es la que haga la Fiscalía de los hechos. Y tienen peor pinta que el Eccehomo.