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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE

Política

La gran oportunidad de Pedro Sánchez

El secretario general del PSOE no consultó con los barones territoriales: "Que se vayan acostumbrando"

Todo son ventajas, gane o pierda. Así interpretan en Ferraz la moción de censura contra Mariano Rajoy que el PSOE ha registrado en el Congreso. Un año después de su resurrección política en las primarias del PSOE, Pedro Sánchez vuelve a levantar el ánimo de las bases, desmoralizadas por las encuestas que llevan meses pronosticando el declive electoral del partido frente al auge de Ciudadanos.

La dirección socialista no sabía cómo salir de la crítica generalizada sobre la irrelevancia política en la que estaba incurriendo el PSOE. Con Pedro Sánchez sin escaño de diputado, el partido estaba al margen de las alianzas parlamentarias que protagonizaban la actividad política cotidiana. Además, su apuesta por apoyar al Gobierno en la aplicación del artículo 155 en Cataluña no ofrecía más rendimientos, frente a la gran rentabilidad política que había logrado Ciudadanos en las elecciones catalanas.

En medio de ese marasmo político, Sánchez encontró en la sentencia del caso Gürtel la oportunidad de oro para marcar de nuevo la agenda política. Cuando Pablo Iglesias le pidió públicamente que presentara una moción de censura, el secretario general del PSOE ya llevaba horas reunido con su jefe de gabinete, Juan Manuel Serrano; su vicesecretaria general, Adriana Lastra; el responsable de Política Autonómica, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el asesor político Iván Redondo, entre otros dirigentes que pasaron por su despacho a lo largo del jueves.

En ese cónclave, Sánchez sólo veía oportunidades. La primera, remota pero posible, es convertirse en presidente del Gobierno. Si los partidos nacionalistas, especialmente el PNV, le acaban apoyando, el secretario general del PSOE habría logrado en tiempo récord la meta política que lleva guiando sus pasos desde 2014, cuando se presentó por primera vez a las primarias. En Ferraz sueñan con esa posibilidad, que le proporcionaría pasar de la irrelevancia al Gobierno, la mejor plataforma electoral para un partido en plena precampaña de las autonómicas y las municipales de 2019.

Aunque Felipe González perdió la moción de 1980, el movimiento sentó las bases para su victoria electoral posterior

En el caso de perder la moción de censura, Sánchez aspira a lograr el ‘efecto Felipe González’ conseguido por el entonces joven líder de la oposición en 1980, cuando presentó la primera de la democracia frente a un Adolfo Suárez debilitado por la crisis económica, el paro y los años de plomo de ETA.

Aunque González perdió la votación parlamentaria, la moción de censura sentó las bases para su victoria electoral en 1982 que le mantuvo 14 años en el Gobierno. Sirvió para dar a conocer a un líder joven, carismático, con gran capacidad retórica y lleno de nuevas ideas que presentaba a un PSOE alejado de la radicalidad y presidenciable, con altura institucional. Como pretende hacer ahora Pedro Sánchez, la figura de González fue un duro contraste con un Adolfo Suárez que representaba un proyecto desgastado, viejo, agotado. Ese relanzamiento de su figura política es el segundo objetivo de Sánchez en el caso de que su moción no prospere.

Salga adelante o no, la moción de censura también supone un antes y después en el liderazgo de Pedro Sánchez en el PSOE. El secretario general no ha consultado con los barones la decisión, que ha tomado sólo con su núcleo duro de confianza en Ferraz. Esa actitud ha generado un enorme malestar en federaciones que gobiernan autonomías como Andalucía, que se ven afectadas por la inestabilidad política y por un virtual cambio de Gobierno. Pero la falta de comunicación no ha sido casual, sino intencionada. “Éste no es el PSOE de antes de las primarias. Que se vayan acostumbrando”, aseguran dirigentes de Ferraz.

La necesidad de imponer su autoridad es una de las principales lecciones aprendidas por Pedro Sánchez durante su “primera vida” como secretario general del PSOE, antes de su derribo en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016. En aquella etapa, cuando llegó a la cúpula del partido de la mano de Susana Díaz, Sánchez se sintió sin autoridad para defender sus posiciones políticas, criterios y directrices ante los barones. Más bien al contrario, los dirigentes territoriales le maniataron e impidieron que sacara adelante iniciativas como acordar con Podemos una alternativa al Gobierno de Mariano Rajoy.

Superada esa debilidad con su contundente victoria en las primarias, Pedro Sánchez se ha propuesto acabar ahora con la división del partido en 17 ‘reinos de taifas’. “Sólo hay un PSOE, esto no es un partido confederal”, reiteran desde la dirección, que ha dejado claro con la moción de censura que la línea política nacional y las estrategias se deciden en la Ejecutiva federal, no en las baronías.

Conscientes de las competencias y potestades de la Secretaría General, los barones han optado por acatar la situación y guardar silencio. Tampoco se prevé contestación interna a la decisión durante el Comité Federal convocado el lunes para avalar la moción de censura. Pedro Sánchez aumenta las cotas de una autoridad y liderazgo interno que se convertiría en incontestable si llega a la Moncloa.

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