De momento Mariano Rajoy «deja de ser presidente del Gobierno, pero no del PP», dice un alto cargo popular en mitad de la vorágine de la moción de censura. Además, las prioridades, agrega, son comenzar a trabajar en las elecciones locales y autonómicas de mayo del año que viene «pues no hay en el horizonte generales, Sánchez no las ha puesto fecha». Es más, están convencidos los populares de que intentará alargar lo más posible su presencia en Moncloa. En definitiva, el PP aparca el debate sobre la sucesión de su jefe de filas, lo que le permite a éste no tener que tomar ninguna decisión al respecto, a la que sí habría estado obligado de haber dimitido.

Presentar su dimisión y llevar a otro candidato popular a la investidura le abocaba, en caso de que esta hubiera prosperado, a marcar un calendario electoral de corto recorrido, pues los populares aseguran que «esa era la condición de Ciudadanos para apoyarnos de nuevo». Y, precisamente, lo que necesita Rajoy es un paréntesis para pensar y ordenar un proceso sucesorio al que ya está obligado pero para el que necesita perspectiva.

Almuerzo de despedida con sus ministros

Rajoy terminó de tomar la decisión de no dar su cabeza tras un almuerzo en el que compartió mesa y mantel con su todavía ministra de Defensa y secretaria general, María Dolores de Cospedal, y los titulares de Sanidad, Empleo y Fomento, Dolors Montserrat, Fátima Báñez e Íñigo de la Serna, respectivamente. Contra  su habitual costumbre, no acudió a Moncloa a comer sino a un restaurante próximo a la Puerta de Alcalá.

Tuvo todo el aspecto de un almuerzo de despedida de un gobierno que entra en funciones por unos días hasta que Sánchez, con toda probabilidad el lunes, anuncie la composición de su nuevo Ejecutivo. Aunque Rajoy alargó la sobremesa hasta más allá de las nueve de la noche. Uno de los ministros que almorzaron con él asegura que le vieron «muy fuerte».

De «guardia» en el Congreso se quedó la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, en representación de Rajoy. Santamaría almorzó con dos asesores en un restaurante japonés cercano al Congreso.

Los ojos se dirigen ahora hacia el gallego Alberto Núñez Feijóo

Una de las personas hacia la que prácticamente todo el PP mira  como el sucesor natural de Rajoy, el gallego Alberto Núñez Feijóo, fue este jueves algo esquivo respecto a la conveniencia de que Rajoy dimitiera en lugar de sacrificar el gobierno de la Nación. Interrogado al respecto, cuando ya era público el apoyo del PNV a la moción de Sánchez, dijo que «el presidente seguro que sabe lo que tiene que hacer y seguro que lo hará», sin inclinarse por una u otra opción. Sin embargo, agregó que «con independencia del poder, lo importante es la coherencia política, y la tranquilidad de actuaciones y decisiones».

División de opiniones sobre la dimisión

No hay, sin embargo, unidad de criterio en torno a si era mejor dimitir o no. En el Grupo Popularr las opiniones se dividían, quizá por ello Cospedal compareció para explicar que no iba a ser el camino escogido por el todavía presidente del Gobierno.

De momento, todo apunta a que seguirá de líder de una oposición que, sin duda, va a ser durísima. El calendario parlamentario es corto. Apenas quedan tres plenos antes de las vacaciones parlamentarias y aunque los populares están en estado de shock tienen la mayoría absoluta en la Mesa del Congreso y del Senado además de una mayoría holgadísima en la Cámara Alta que les permitiría hacer saltar por los aires los presupuestos de Montoro.

Parte del Grupo Popular quiere vengarse del nacionalismo vasco

No faltan en las filas populares los que abogan por vengarse de un nacionalismo vasco que «encima nos pide responsabilidad» después de haber dado el gobierno de España a Sánchez. Desde el gobierno, en cambio apelan a la serenidad y replican que «nosotros somos serios». Este viernes se agota el plazo para presentar las enmiendas a la totalidad y a las secciones del proyecto de gobierno que ha superado el trámite de la Cámara y el lunes deberían presentarse las enmiendas parciales. Ese es el momento en que los populares podrían intentar eliminar las partidas muy ventajosas que pactaron con el PNV.

Los populares ven con preocupación los «eufemismos» de Sánchez al hablar de «dialéctica territorial», aseguran que «no ha sido claro en nada» y ha soslayado cuestiones importantes como si mantendrá el control financiero de la Generalitat una vez retirado el 155. Estupefacción han sentido cuando el socialista ha anunciado que mantendrá en todos sus términos los presupuestos generales del estado de Cristóbal Montoro. «Glorioso», ha sido el término irónico escogido por un ministro que sólo dice esperar «que esto no se estropee mucho».

«Hacer macramé»

«Nos ha costado mucho gobernar con 137 diputados, no sé cómo lo va hacer con 84. Va a necesitar 92 más para sacar iniciativas adelante», advierten. Y respecto a la posibilidad de que Sánchez deje pasar el tiempo sin abordar cuestiones de calado salvo aquellas que pueda rentabilizar electoralmente objetan que «no creo que el resto de la cámara esté haciendo macramé lunes, miércoles y jueves».