Cada posible aspirante a la presidencia del PP anda midiendo fuerzas y diseñando estrategias con las que afrontar la era postRajoy. Mientras crece el convencimiento de que Soraya Sáenz de Santamaría está presta para afrontar la batalla, el gallego Alberto Núñez Feijóo se ve poco menos que impelido por el momento histórico de su partido a dar el salto de Galicia a Madrid a pesar de ser, como dice una persona de su entorno, “el que más tiene que perder de todos”.

Él, por su parte, duda de que la ex vicepresidenta y la todavía secretaria general popular, María Dolores de Cospedal, vayan a presentar sendas candidaturas unipersonales para sustituir a Mariano Rajoy y sólo las integrará en su equipo, según ha comentado en conversaciones privadas, en caso de que aparezcan otras listas, léase la liberal de José Ramón Bauza o cualquier otro espontáneo que aparezca con cien avales ente los días 18, 19 y 20.

Ir a una lista única de integración “daría imagen de apaño” así como de intento de hurtar a la militancia su derecho a elegir

Si, finalmente, la del presidente de la Xunta fuera la única candidatura al liderazgo del PP, se sentiría más libre para hacer un equipo propio, de inicio de un nuevo ciclo, lo que no implica, necesariamente, arrasar con toda Génova. Feijóo entiende que ir a una lista única de integración “daría imagen de apaño” así como de intento de hurtar a la militancia popular su derecho a elegir al presidente del partido y futuro aspirante a la Moncloa, pues estatutariamente ambas condiciones van unidas en el PP. Otra cosa es que si se va a un proceso de dos o más listas, el gallego intente reforzar la suya para asegurarse un triunfo incontestable además de la legitimidad añadida de haber ganado en una consulta abierta.

Otro escenario no descartable es un pacto a posteriori entre los dos más votados para llegar unidos al congreso extraordinario de los días 20 y 21 de julio. De hecho, Feijóo pactó con José Manuel Barreiro en el congreso del PP gallego de 2006 tras llegar ambas candidaturas vivas al cónclave congresual. Esto mitigaría en buena medida los temores de la dirección nacional popular de ir a un proceso de confrontación, aunque no del todo, porque no evitaría el proceso de primarias, que es lo que quieren soslayar.

Feijóo dejaría la presidencia de la Xunta “de inmediato” si se hace con el liderazgo del PP nacional

Pero para que Feijóo dé ese paso todavía tiene que solucionar un doble frente, esto es, el de la Xunta y el del PP gallego. Para empezar y aunque podría compatibilizar durante una temporada al menos la presidencia autonómica con el despacho de la planta séptima de Génova, “su deseo es dejar la Xunta de inmediato”. Esto es, la comodidad de una mayoría absoluta incontestable por un incierto destino al frente de un partido desalojado del poder y sin escaño en el Congreso de los Diputados, aunque si quisiera podría sentarse en la Cámara Alta como senador por designación autonómica, siempre que dejara su acta de senador Juan Manuel Jiménez o Fernando Carlos Rodriguez, los otros dos populares gallegos.

Capítulo aparte merece la situación del partido allí. Las fuentes consultadas afirman que “el debate en Galicia no iba a ser tan pacífico como está siendo hasta ahora en el ámbito nacional”. Aunque el nombre del vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, es el que más suena como recambio para ambas responsabilidades, no genera unanimidades en la organización gallega, vaya, que “no existe un símil a Alberto a nivel territorial”. Se iría a un congreso regional extraordinario a cara de perro y no dejan de mostrar cierto temor a que ese relevo se haga “en mitad de la legislatura” autonómica.

Apretado calendario electoral

El único gobierno del PP con mayoría absoluta es un bien a proteger en el cuartel general de los populares, pero precisamente eso es lo que ha colocado a Feijóo en la parrilla de salida para dar respuesta a uno de los momentos más delicados de la historia del PP, donde se juega su futuro a corto, medio y largo plazo. El que suceda a Rajoy deberá afrontar en poco más de medio año las elecciones andaluzas además de las locales, autonómicas y europeas de mayo de 2018. Y todo ello sin dejar de prepararse para la eventualidad de un adelanto de las elecciones generales si las cosas se le empiezan a torcer a Pedro Sánchez, que tan sólo una semana después de nombrar su Consejo de Ministros ha tenido que forzar la dimisión del ya ex titular de Cultura y Deporte, Maxim Huerta, por haber constituido una sociedad para eludir el pago de impuestos como persona física, y que se despidió este miércoles entre denuncias de “jauría” y “ruido”.