«El presidente del Gobierno ha admitido que en Cataluña existe un problema político que debe resolverse por vías políticas, no veo otra vía política que no sea votando». El presidente de la Generalitat, Quim Torra, insistió ayer una y otra vez en que la vista a La Moncloa ha sentado las bases para volver a intentar la negociación de un referéndum pactado con el Estado, pese a reconocer que las posiciones son más que distantes. No habló de financiación, ni Cercanías, ni traspasos competenciales. Y aún así, el independentismo «pata negra» que aglutinan la CUP y los CDR saludó su primera entrevista con Pedro Sánchez como un ejemplo de claudicación: «No hemos llegado hasta aquí para hablar del Estatut».

En el viaje de ida a Madrid, Torra ya aleccionó a los periodistas catalanes que compartieron con él el trayecto en AVE asegurando que su objetivo era conseguir abrir una etapa de diálogo en la que, por lo menos, el nuevo inquilino de La Moncloa reconociera la existencia de un problema político en Cataluña que exige «soluciones políticas». Sabía qué poco más podría «vender» tras su encuentro con Pedro Sánchez para satisfacer a su electorado independentista.

Paradójicamente para él, quienes mejor recibieron las conclusiones del encuentro fueron los líderes de Podemos y el socialismo en Cataluña, Xavier Domènech y Miquel Iceta. Uno y otro se felicitaron por el inicio de una nueva etapa y, sobre todo, por la confirmación de que se activará el diálogo real entre administraciones a través de las comisiones bilaterales. Políticas prácticas, con consecuencias directas en los ciudadanos que podrán abanderar como adalides del nuevo Gobierno español.

Torra acudió a Moncloa a ganar tiempo, pero las bases independentistas no van sobradas de paciencia

El encuentro sirvió para evidenciar un cambio de clima, tanto por su duración como por la deferencia mostrada por la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, reconociendo que la entrevista revestía especial importancia por la crisis catalana. Pero «Calvo lo ha dejado claro, se trata de una más de las entrevistas con presidentes de comunidades autónomas», destacó el portavoz de la CUP, Vidal Aragonés.

La conclusión de los antisistema, como de buena parte del independentismo al que han convencido de que la república proclamada el 26 de octubre era irrenunciable, es que Torra acudió a La Moncloa a ganar tiempo. Esa es la única coincidencia entre ambos presidentes, la necesidad de ganar tiempo. Pero tras dos años de «hojas de ruta» e «independencia en 18 meses» las bases independentistas no van sobradas de paciencia.

El desencanto se trasladó ayer a las redes, donde las advertencias de los CDR se mezclaban con mensajes de decepción e ironía, recurriendo de nuevo al denostado «peix al cove» de Jordi Pujol. Esa fórmula con la que el fundador de Convergencia se refería a cada uno de los avances en materia de autogobierno y control político de Cataluña que fue arrancado a los sucesivos gobiernos socialistas y populares durante sus 23 años de mandato. Desde el control de la educación a la creación de TV3 o el traspaso de la policía.

Tanto es así, que el periodista y diputado de JxCat Francesc de Dalmases tuvo que salir en defensa del president. Dalmases pidió «calma» en las redes asegurando que Torra le explicó a Sánchez que «el pueblo de Cataluña se autodeterminó el 1 de octubre y proclamó políticamente la independencia el 27».

Torra tendrá que convencer a sus huestes en las próximas semanas de que la entrevista con Sánchez le permitió encontrar ese «hilo» del que estirar para alcanzar la negociación de un referéndum pactado, auténtico objetivo de su reivindicación del reconocimiento del derecho de autodeterminación. Y no lo tendrá fácil, visto el desencanto con el que desde Esquerra se leyeron las conclusiones del encuentro.

El portavoz del que pasa por ser el partido «pactista y pragmático» del independentismo, Sergi Sabrià, expresó su decepción por que el Gobierno no reconozca ese derecho de autodeterminación. Una decepción sorprendente, teniendo en cuenta la ristra de declaraciones en este sentido con las que el Gobierno, el PSOE y el PSC habían preparado el encuentro. En la batalla abierta por el control del independentismo nadie está dispuesto a regalar ases al contrincante, y si Torra es de JxCat, la reunión en Moncloa fue un ejercicio de «buenas palabras y buenas intenciones» pero sin cambios sustanciales.