El crucial congreso que el PP celebra este fin de semana para escoger a su próximo líder tiene una dinámica particular en Cataluña, donde el partido se encuentra en sus horas más bajas, desgastado por la gestión que el Gobierno de Mariano Rajoy ha hecho estos años del “procés” y por el empuje de C’s en la comunidad que vio nacer al partido naranja. En Cataluña, la guerra civil del PP cobra visos de guerra de guerrillas porque aquí, la batalla por el poder es doble.

En la fase de primarias, los tres candidatos naturales a suceder a Xavier Garcia Albiol al frente del PPC optaron cada uno por una de las candidaturas principales: Enric Millo por Soraya Saénz de Santamaría, Dolors Montserrat se alineó en la candidatura de Dolores Cospedal y Alejandro Fernández optó por Pablo Casado. Pero con el resultado de las primarias las fuerzas se han recompuesto en Cataluña siguiendo su propia dinámica: la alianza Cospedal-Casado no funciona en esta comunidad, porque aquí el partido está dividido generacional y jerárquicamente.

Esta comunidad aporta 124 compromisarios, 18 de ellos natos, al congreso, un número aparentemente poco relevante en un cuerpo de electores de más de 3.000 votantes. Pero en la reñida batalla que enfrenta a Casado y Santamaría, Cataluña podría dar la sorpresa con más apoyos de los previstos para la ex vicepresidenta, que aquí quedó tercera en las primarias cuando Casado dobló en votos a sus dos principales rivales.

Asalto al poder en el PP catalán

En Cataluña no se ha producido el trasvase de apoyos de la candidatura de Cospedal a la de Casado, porque en esta comunidad representan intereses diferentes. Los cuadros alineados con Fernández aspiran a dar su salto al poder regional, y eso pasa por desbancar a los dirigentes que han gestionado el PP catalán en la última década, muchos de ellos adscritos inicialmente a la candidatura de Cospedal.

Millo y Montserrat, como Alicia Sánchez-Camacho, Xavier García Albiol o los hermanos Jorge y Alberto Fernández Diaz, representan al poder tradicional en el PP catalán; las familias que durante décadas se han repartido el poder en la Cataluña popular. Y Alejandro Fernández, junto al presidente provincial de Barcelona, Daniel Serrano, y la de Lleida, Marisa Xandri, se han hecho con el poder de unas bases -cada vez más diezmadas- que exigen un cambio de rumbo.

Esa es la clave que explica la sorprendente apuesta de Alicia Sánchez-Camacho, ex presidenta del partido y actual secretaria de la Mesa del Congreso, por Santamaría, en contra del dictado de Cospedal. O el sepulcral silencio de Montserrat, portavoz de la candidatura de la secretaria general.

La ex ministra de Sanidad se ha negado a tomar partido públicamente por ninguno de los dos candidatos que siguen en liza. “Su lealtad estaba con Cospedal” apuntan desde su entorno. Pero añaden también que su deseo sería llegar al congreso con una candidatura unitaria que evitara la división en el partido.

En este baile de nombres, la posición de Andrea Levy representa un caso especial. Desde casi al principio ha mostrado su apoyo por Casado, pero ese apoyo ha tenido una difusión en clave mucho más nacional que catalana, hasta el punto en que el día que Casado protagonizó su acto principal en Cataluña -el que contó con más militantes- se reunió con Levy en el mismo hotel, en el Wall Trade Center, donde grabó su vídeo de apoyo. Pero no participó en el acto.

En Girona, provincia controlada por Millo y la histórica Concepción Veray, la postura de la dirección provincial está clara. Tras la campaña de Millo por Santamaría, Veray ha sido el rostro catalán en el vídeo de mujeres en apoyo de la vicepresidenta.

Pendientes del relevo en Cataluña

Alberto Fernández, por su parte, evita posicionarse de momento a favor de una u otra candidatura, consciente de que la guerra anticipada en Cataluña, con vistas al próximo congreso regional, puede hacer que muchas fidelidades cambien de bando.

El mejor ejemplo de esa tensión fue el enfrentamiento vivido en las primarias, cuando interventores de las candidaturas de Casado y Cospedal se enfrentaron por supuestas presiones sobre los militantes que acudían a votar a dos mesas de Barcelona.

Desde que e 21 de diciembre el PP catalán se convirtió en la última fuerza parlamentaria en la comunidad, con 10.000 votos por detrás de la CUP, el presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, parecía tener los días contados. Todas las familias de los populares catalanes coincidían en la necesidad de un relevo para afrontar las elecciones municipales de 2019 con opciones de salvar los muebles. Pero ese relevo no se ha producido.

“Rajoy debía ponerse con Cataluña, y llegó la moción de censura” con estas palabras describe un cuadro del PP catalán la enésima prórroga del PP con su asignatura pendiente en Cataluña. En estas condiciones, las primarias y la elección de un nuevo líder nacional se ha cruzado en esta comunidad por la lucha por el relevo de García Albiol.