¿Puede Soraya Sáenz de Santamaría tener asegurado el 60 por ciento del voto de los compromisarios del congreso del PP, con quince puntos de ventaja sobre Pablo Casado, y éste, al tiempo, cosechar el apoyo del 65 por ciento de esos mismos delegados? La respuesta es no, pero los equipos de ambos candidatos insisten en que les salen las cuentas y que la suya es la apuesta ganadora. La guerra de cifras se ha impuesto en la carrera por el liderazgo del primer partido del país en votos y los de Casado se revuelven ante la acusación que les hizo la ex vicepresidenta de que lo suyo eran “las cuentas de la vieja”.

“Nada de cuentas de la vieja, big data”, afirma un miembro del equipo de Pablo Casado que tiene los 3.082 compromisarios catalogados por colores en una larga lista. Los nombres en verde son los que se atribuyen a Casado, mayoritarios; en rojo están los de Santamaría, muchos menos, y, en gris, los indecisos, entre 200 y 500, que tampoco da tiempo a verlo ni a fotografiarlo. Están por orden alfabético, la última es la canaria Ana Zurita. Y ante el interrogante de que cómo detectan a aquellos que prometen el voto a ambos contendientes para quedar bien con los dos, arguye de forma harto inquietante que “no se califica a un compromisario si no ha sido testado por dos o tres fuentes distintas”. Aseguran que se trata de un análisis “extremadamente conservador”, pero siguen hablando del apoyo de más de 2.000 compromisarios.

La guerra de cifras entre ambas candidaturas es cruenta

Lo del “big data” es una manera de replicar a Sáenz de Santamaría, que cuando se le preguntó hace días  por el cálculo que hacía la candidatura de su oponente, erigiéndose en seguro vencedor de la contienda, dijo que eso eran “cuentas de la vieja”. El equipo del candidato ha replicado con varios “barridos” de compromisarios y hasta adelantan que, por el momento, el 48 por ciento de las delegadas apoyan a Casado frente al 30 por ciento que se inclina por la ex vicepresidenta. Entienden que su condición de mujer no inclina la balanza hacia ella y eso a pesar de haber hecho un vídeo con el hastag #ahoraunamujer, poniendo en valor su condición de género.

También dicen los “pablistas” tener el 48 por ciento del voto de los delegados de Andalucía, el oscuro objeto de deseo de ambos candidatos, territorio donde barrió la ex vicepresidenta en la consulta a las bases. Claro que desde la candidatura de la ex número dos del Gobierno aseveran que el 50 por ciento de las papeletas que fueron a María Dolores de Cospedal el 5 de julio ahora apoyan a su aspirante a la presidencia del PP, por lo que el trasvase automático a Casado “no es así”.

Santamaría presentará una lista cerrada mientras que Casado esperará a ver si debe integrar al equipo de su adversaria

Las mismas fuentes sorayistas aseveran que lo que pretende el ex portavoz popular es un “pacto contra natura, de perdedores” que la militancia no va a consentir tras haber dado el triunfo de las primarias a Sáenz de Santamaría. Recuerdan, no sin razón, la “campaña belicosa” entre Casado y Cospedal con acusaciones del primero hacia la segunda de “juego sucio” y hasta repaso de inscritos en Castilla-La Mancha. En cambio, “nosotros hemos hecho un trabajo en positivo sin descalificar a nadie. Soraya mantiene las señas de identidad del PP y significa garantías de victoria”.

Advierten asimismo que integrar después del congreso “es más difícil que hacerlo antes” –aunque tampoco han sumado a ninguno de los derrotados el día 5– porque parece que la intención de la candidata es presentar su lista al comité ejecutivo con el reparto de cargos ya cerrado mientras que Casado no atribuirá vicesecretarías ni secretarías de área hasta ver si gana e incorpora nombres de la lista de la derrotada llegado el caso. Otra cosa es la secretaría general, pues lo lógico es que ambos se lo reserven para personas de su más estricta confianza.