La indiscreción de la ministra portavoz, Isabel Celaá, al revelar que el gobierno «no aguantará más de lo razonable» para agotar la legislatura evidenció una hipótesis que cada vez cobra más peso en Moncloa. No era intención del gobierno dar a conocer que esa posibilidad estaba sobre la mesa, pero Celaá transmitió una opinión que algunos ministros habían expresado en el seno del Consejo de Ministros y no supo valorar la repercusión que iban a tener sus palabras. Los primeros sorprendidos fueron los miembros de la secretaría de Estado de Comunicación, que, inmediatamente, pusieron manos a la obra con el fin de apagar el fuego poniendo el acento en la primera parte de su comentario, la voluntad del gobierno de agotar la legislatura.

Con las aguas bastante revueltas fue el propio presidente del gobierno, Pedro Sánchez, el que se encargó de enfriar las expectativas en la rueda de prensa que dio el pasado jueves junto al presidente francés Emmanuel Macron: «Habrá elecciones en tiempo y forma; es decir, en 2020», aseguró. Habló Pedro Sánchez y punto en boca. La consigna es clara: el gobierno trabaja con la vista puesta en 2020.

Pero a la afirmación de Pedro Sánchez hay que darle su justo valor: ningún presidente ha anunciado su voluntad de adelantar las elecciones hasta que no ha decidido la fecha en la que tendrán lugar.

Y las circunstancias son las que son. Menos de 24 horas después de esa rueda de prensa, el gobierno sufría su primera gran derrota parlamentaria. El techo de gasto, clave de bóveda de los presupuestos, fue rechazado no sólo por el voto en contra del PP y Ciudadanos, cosa esperada, sino por la abstención de sus socios: Podemos, ERC, PDeCAT y Compromís. La elección de Rosa María Mateo como administradora de RTVE fue una especie de premio de consolación. La coincidencia de esas dos votaciones en un sólo día hizo patente la debilidad del Ejecutivo, que depende absolutamente  de la voluntad de sus variopintos y exigentes aliados.

Sánchez descarta que sus socios intenten derribarle pero es consciente de su debilidad

El sábado, desde Waterloo, Carles Puigdemont le lanzaba al presidente un ultimátum: «El periodo de gracia se acaba». El president Torra fue más explícito: «En septiembre tendrá que haber sobre la mesa una alternativa que contemple la autodeterminación de Cataluña».

En el Gobierno se descarta que los independentistas o Podemos se lancen a una ofensiva con el objetivo de provocar su caída. Pero, al mismo tiempo, Sánchez y su equipo son conscientes de que el PSOE no puede arrastrarse vapuleado por la oposición o por su socios día tras día, sin poder sacar adelante ninguna iniciativa parlamentaria de las que incluye su agenda y dando la sensación de lo que lo único que les importa es mantenerse en el poder.

Su equipo baraja la hipótesis más probable: elecciones en la primavera de 2019

«El presidente necesita contar con mayor margen de maniobra: esa es la primera condición para consolidar su liderazgo», admite un miembro del equipo de Sánchez.

Susana Díaz ha traslado al presidente su intención de convocar elecciones en Andalucía en otoño. Y en el gobierno se da por sentado que los independentistas catalanes también quieren convocar antes de que finalice el año, tal vez haciendo coincidir los comicios catalanes con el inicio del juicio del procés.  Puigdemont quiere arrebatarle definitivamente a ERC la hegemonía en el movimiento secesionista.

Descartado el último cuatrimestre del año, queda la primavera de 2019. Ese es el horizonte con el que trabajan los asesores del presidente. La duda es si convocar las generales antes de las municipales, autonómicas y europeas (la última semana de mayo), o hacerlas coincidir. «La confluencia de todos los comicios supondría el cierre de una etapa política en España, tendríamos el mapa real de las preferencias de los ciudadanos a todos los niveles», asegura un hombre cercano al presidente.

El horizonte con el que trabaja el gobierno es obtener entre 110 y 115 escaños, unos 30 diputados más

La debilidad de Podemos (organización que sigue inmersa en fuertes tensiones internas como se ha demostrado en Andalucía); la crisis en el PP tras la abrupta salida de Rajoy y la inexperiencia de Casado, hacen que el gobierno mire con optimismo las expectativas electorales del PSOE. El horizonte con el que trabaja el gobierno es obtener entre 110 y 115 escaños, unos 30 diputados más de los que tiene ahora.

Por otra parte, el adelanto electoral no sería difícil de argumentar: a la imposibilidad de poner en práctica la agenda renovadora y progresista del gobierno se añadiría el compromiso de Sánchez en su discurso de la moción de investidura: limpiar, estabilizar y «convocar elecciones cuanto antes».