Albert Casado y Pablo Rivera Salugral Adriana

Política

Cómo diferenciar a Casado de Rivera

Algo ayuda que hayan vuelto de vacaciones con tonos diferentes de moreno para diferenciarlos en el telediario. Pero cada vez es más difícil recordar quién es quién. Albert Rivera y Pablo Casado no solo se parecen físicamente (además de en su edad, su forma de vestir y hasta en su peinado), hay muchas coincidencias razonables en sus ideas que pueden desconcertar a sus votantes, a pesar de que el líder del PP se ha desmarcado esta semana de la retirada de lazos en la calle que hizo personalmente Rivera en Alella.

Por eso una de las principales batallas del nuevo curso político es la que tienen por delante los líderes de Partido Popular y Ciudadanos: la disputa por el título de líder de la oposición. Marcar diferencias entre ambos va a ser el objetivo de ambas formaciones en un contexto en el que se augura una larga temporada de gobiernos en minorías y una pequeña diferencia puede inclinar balanzas de poder en el Congreso.



En este vídeo repasamos las declaraciones más parecidas de Pablo Casado y Albert Rivera | Vídeo: Giulio M. Piantadosi

«Mucha gente aún confunde a Rivera con Casado», afirma Luis Arroyo, presidente de Asesores de Comunicación Pública. El consultor político reconoce que incluso a él a veces también le sucede. «Y si nos pasa a los profesionales de esto que ya no sabemos si esto o aquello lo dijo Casado o fue Rivera, para el votante desapasionado al que no le interesa la política es muy complicado aclararse. Son idénticos en muchos aspectos: tienen prácticamente la misma edad (Casado, 37 y Rivera, 38), comparten parecido físico, atuendo y un discurso clavado en lo económico y en la unidad de España. Sociológicamente ocupan el mismo espacio», afirma el experto.

Rivera vivía mejor contra Mariano Rajoy, cuando el PP se hundía en las encuestas lastrado por los escándalos de la corrupción y el líder de Ciudadanos abanderaba la opción de renovación del centro y el centro derecha. Los casi 25 años que lo separaban del anterior líder del PP le permitían presentarse como el cambio generacional y renovador.

Sin embargo, la llegada de Casado ha limpiado el olor a Gürtel y ya nadie puede acusar al líder del PP de nada relativo a Bárcenas, porque su equipo no tiene nada que ver. El PP ha elegido para sustituir a Rajoy al líder que más se parecía al discurso de Ciudadanos para frenar la fuga de votos a este partido y el partido de Rivera necesita ahora redefinir su discurso para no desdibujarse. «Hay mucho votante desencantado con Rajoy al que Casado podría recuperar”, afirma Carlos Barrera, director del Máster en Comunicación Política de la UNAV.

Frente a esta situación que podría ser una ventaja para el PP, sin embargo, Rivera tiene algún viento a favor. Cuenta con un liderazgo más afianzado en el partido que dirige frente a un recién llegado a Génova que todavía tiene que dedicar mucho esfuerzo este otoño a ganarse el respeto interno.

“Antes de la moción de censura el PP iba a la baja y Ciudadanos al alza, esa tendencia seguramente ha cambiado aunque no sabemos en qué grado porque han cambiado tantas cosas que el electorado es muy volátil”, apunta Barrera. «Están por ver las próximas encuestas con Sánchez en Moncloa, pero hay que leerlas con cautela porque reflejan tanta volatilidad de voto que en el último año han ganado las encuestas tres partidos políticos: PP, Cs y PSOE».

La principal diferencia

Solo hay un aspecto en el que los expertos están de acuerdo en que Casado y Rivera, PP y Cs, se diferencian claramente. En su posición opuesta en cuestiones morales y sociales: «Rivera es más progresista en asuntos como el aborto, la eutanasia, los derechos de las minorías», afirma Arroyo. «Y con el viraje hacia los planteamientos más conservadores y próximos a la Iglesia que ha dado el PP con la llegada de Casado es una gran oportunidad para Cs de marcar diferencias en lo social para ganarse el votante de centro al que no convence el PSOE».

Si Rivera pincha al PP a posicionarse en estos debates subrayaría diferencias con Pablo Casado, que está girando a la derecha sin complejos con propuestas como la vuelta a la ley del aborto de los 80 que hizo en las primarias, pero renunciaría a captar al votante de Vox, una formación minoritaria a la derecha del PP que va ganando apoyo entre sectores más radicales. «Si Cs decide escorarse a la derecha sería un error, porque Rivera se va a encontrar con un clon. Y entre clones el votante prefiere el original», recuerda Arroyo.

Cuanto más se parezcan ambos líderes, más ventaja tendrá el PP gracias a su potente estructura «por ser el partido de la derecha de toda la vida», recuerda Arroyo. «La oportunidad para Cs sería centrarse en el espacio que va a dejar libre el PP en el centro y hacer hincapié en sus diferencias en debates como el del aborto, la eutanasia, la libertad religiosa y la maternidad subrogada en los que puede arrebatar votos del centro sociológico».

Para Casado también tienen consejos los expertos. «El Gobierno Sánchez está dando temas donde el PP puede desplegar más propuestas y experiencia de Gobierno para seducir», opina Barrera. «Tiene que diversificar el debate para que el independentismo no sea monotema. Abanderar la unidad de España como eje protagonista beneficiaría a Rivera, pero el PP tiene muchos otros temas con los que exponer la inexperiencia tanto del líder de Ciudadanos como del nuevo Gobierno. Debería centrarse en criticar a Sánchez para ser visto como líder de la oposición. La oportunidad de Casado son temas como la inmigración, RTVE, la memoria histórica…».

¿Qué es el centro?

Pero Ciudadanos y PP no están solos. El presidente Sánchez también está aprovechando la coyuntura para ningunear a Albert Rivera, al que ni siquiera ha recibido en Moncloa, porque le conviene regresar al bipartidismo. «El PSOE intenta darle patadas a Cs diciendo que son derecha para hacerse con el centro», asegura Barrera. «Quién se lo iba a decir a Sánchez, que antes parecía escorarse más a la izquierda para competir con Podemos».

¿Dónde está la derecha y dónde está el centro? «Es un espacio voluble que no parece claro», asegura el politólogo. «Las elecciones se siguen ganando con la gente indecisa, y hay tres partidos compitiendo por seducir ese centro. Va a ser una temporada para los estrategas electorales, que están estudiando cómo abarcar el mayor espacio político posible con límites cada vez más difusos según el tema».

La moción de censura ha descolocado todas las estrategias que se llevaban tiempo moviendo por inercia y «a los partidos les va a tocar redefinir sus líneas ideológicas”, explica Diego Crescente, analista político y socio de Mas Consulting. «Rivera puede aspirar a una horquilla ente el centro y la izquierda que Casado no tiene. Un antiguo votante del PSOE difícilmente votará a Casado pero puede tener más posibilidades de votar a Rivera».

Sin embargo, en el espacio que va a la derecha del PSOE puede ocurrir lo contrario. “Casado con un pasado cercano a Aznar puede arañar más votos que Rivera en el nicho de la derecha desencantada a la que Cs había seducido cuando estaba Rajoy en el Gobierno”, añade Crescente.

En el perfil territorial es diferente. Ciudadanos no tiene cantera en muchos municipios ni implantación territorial y la inercia también cuenta. «No tiene la casa del pueblo en pequeños municipios», recuerda Crescente. «Y aunque Rivera lo tiene más fácil en Cataluña, donde no habrá efecto Casado, en las próximas elecciones autonómicas en primavera el PP seguramente mantendrá su feudos de Galicia y Castilla y León, a falta de saber qué pasa en Madrid».

Los lazos amarillos

Hasta hace una semana Albert Rivera defendía, igual que hace ahora Pablo Casado («No vamos a ir a las calles a generar crispación», ha dicho), que el papel de un líder político no es salir a quitar lazos. «Yo me dedico a otras cosas», aseguró el líder de Ciudadanos a la pregunta de Arcadi Espada en el programa Más de Uno. Reivindicaba entonces Rivera que era papel de «las instituciones» solucionar la tensión que se vivía en la calle. Apenas una semana más tarde el presidente del partido y la líder en Cataluña, Inés Arrimadas, abanderaban en la localidad barcelonesa de Alella una campaña de retirada de lazos en los edificios y lugares públicos.

«Cataluña debería ser el punto fuerte de Rivera, pero las posiciones son muy parecidas; de aquí a unos meses, mucha gente no va a recordar si el que se puso a sacar lazos en Alella fue Casado o Rivera», afirma Arroyo. «Obviamente entre los votantes de Cataluña no va a haber ninguna duda de quién es quién para las generales y Ciudadanos es ahí el que lleva las de ganar, pero el votante de cualquier otro lugar del país puede tener verdadera confusión de qué diferencia a cada uno».

“Una cierta diferenciación también está surgiendo en el tema de los lazos”, afirma Barrera. “Ciudadanos está adoptando una posición mucho más visible en las calles y Casado se ha limitado a llamar a la prudencia. En el tema catalán, la polarización es la que se lleva los votos y Cs tiene las de ganar. El PP en Cataluña aspira a salvar los muebles. Una estrategia inteligente para el PP sería no centrarse demasiado en el desafío independentista”.

“El partido al que más le había perjudicado la moción de censura era Cs”, opina Crecente. “Con el aumento de la tensión en Cataluña está viendo la luz porque le está devolviendo protagonismo mediático que había perdido desde el cambio de Gobierno, que lo había se ha quedado traspuesto”.

Aunque no descarta que lo termine haciendo, Arroyo no está de acuerdo en que el líder de Ciudadanos haya dado muestras de estarse escorando a la derecha: «Es un efecto óptico, no creo que Cs haya cambiado posición desde la moción de censura. Pero cuando se oponía a un presidente del PP eso lo situaba a la izquierda del Gobierno y como ahora le toca oponerse al PSOE lo sitúa a la derecha de este. En realidad las ideas son las mismas».

El principal hándicap de Rivera es que no termina de ser visto como presidenciable

Barrera cree que el principal hándicap de Rivera es que no termina de ser visto como presidenciable: «Su estrategia tiene que ir dirigida a deshacer esa barrera que todavía existe de si tiene suficientes atributos como para dirigir un país. Su partido es muy personalista y aún se ve como amalgama de ideas que ha pasado de la socialdemocracia al discurso liberal al que para criticarlo lo acusan sin fundamento de ser de extrema derecha, que no es más que propaganda. Tiene el reto de ser mejor identificado en cuanto a lo que ofrece, algo que el PP tiene más fácil por tradición».

A falta de diferencias entre candidatos, los analistas apuntan a lo que distancia los partidos. Otro eje que beneficia al PP es el demográfico: «El gran beneficiado del envejecimiento de la población y los núcleos rurales y urbano será el PP frente a Ciudadanos y el PSOE frente a Podemos».

Todos los analistas terminan titubeando cuando se les pregunta cuál es la principal diferencia de Casado y Rivera, más allá de las ideas de su partido, en su estilo de liderazgo. De momento, ante la duda, el líder de Ciudadanos es el que ha vuelto más moreno. Pero no se confíen. Esta pista se irá difuminando a medida que avance el otoño. Los dos aspirantes a liderar el centro derecha necesitan diferenciarse para que sus votantes tengan claro a la hora de votar quiénes son Rivera y Casado. Y viceversa.

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