Política

El aznarismo más anti-Rajoy regresa al corazón del PP

Los fichajes de Lasquetty y Benjumena vaticinan un giro a las esencias más puras de la etapa de Aznar y Aguirre

Casado junto a Aznar el día que el ex presidente fue a declarar ante la comisión que investiga la financiación del PP

Casado junto a Aznar el día que el ex presidente fue a declarar ante la comisión que investiga la financiación del PP EFE

«Si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya», pronunció Mariano Rajoy un ya lejano mes de abril de 2008 en réplica a su archienemiga Esperanza Aguirre en plena efervescencia de su secular enfrentamiento. Pero diez años después, lejos de irse, esos autodeclarados liberales y conservadores han tomado la Bastilla de Génova 13.

Y es que el espíritu de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) se ha hecho fuerte en la planta séptima de la sede nacional del PP. El propio Pablo Casado es un buen exponente de esa «fábrica de ideas» modelada a la justa medida de las hechuras de José María Aznar. Pero Casado, con ser un exponente genuino del rearme ideológico del PP, que eclosionará a mediados de enero en su convención nacional a la que Mariano Rajoy no quiere ir por si coincide con José María Aznar, no es el único.

El «fichaje» de Javier Fernández Lasquetty como jefe de gabinete es  toda una declaración de intenciones de hasta dónde está dispuesto a llegar por recuperar lo que considera las esencias del PP. Va mucho más allá que una mera maniobra tacticista, aunque haya sido a costa de sacrificar a su anterior responsable de gabinete, Pablo Hispán, otro producto de la factoría FAES y coautor del vibrante y brillante discurso que Casado pronunció en el congreso popular del pasado mes de julio. Hispán será secretario de programas del PP para dar paso a un rescatado Lasquetty, que se había buscado la vida fuera de España.

Decir Lasquetty es decir Esperanza Aguirre y José María Aznar. Por ese orden

Decir Lasquetty es decir Esperanza Aguirre y José María Aznar. Por ese orden. No hay otro nombre, ni siquiera el de Casado, que sea capaz de resumir en su persona tanta identificación con sus antiguos jefes. De hecho, su primer puesto de real importancia fue el de jefe de gabinete de Aguirre, de la época en que ésta fue ministra de Educación y, luego, presidenta del Senado durante los gobiernos de Aznar. Pero en el año 2000 escala a la Moncloa, a la vera de Aznar, a quien acompañaría durante años para aterrizar en FAES de secretario general y fiel cancerbero de las esencias populares que Rajoy supuestamente había traicionado.

Luego lo volvería a reclamar Aguirre como consejero de inmigración en la Comunidad de Madrid para ponerlo más tarde al frente de la Sanidad, donde su gestión acabaría en los tribunales, que echaron abajo su privatización sanitaria y donde duró el tiempo que tardó el sucesor de Aguirre, Ignacio González, en forzar su dimisión, allá por enero de 2014. Desaparecido para la política nacional desde entonces, Casado lo ha rescatado de la universidad guatemalteca Francisco Marroquín.

Casado lo convenció «hablando, como Winston Churchill ganó la guerra», dice Lasquetty

Según sus propias palabras, el líder del PP lo convenció para volver a España «hablando, como Winston Churchill ganó la guerra», explicó en una entrevista esta semana con Federico Jiménez Losantos. Su tarea es contribuir a «recuperar esos antiguos votantes que se han ido yendo. Todos esos que en un determinado momento, de una manera tan profundamente equivocada, alguien consideró que eran votantes cautivos. Un partido esencialmente liberal como es el PP, o debe serlo, jamás puede considerar cautivo a nadie». Su principal tarea es dar motivos para que los antiguos votantes del PP vuelvan a votarle «con entusiasmo». Y citó a sus mayores, esto es, a Aguirre y Aznar, para afirmar que «sé cuál es la tarea que hay que hacer».

Según Lasquetty, en la época de Rajoy no sólo se dejó de tener «aprecio» a los votantes populares sino que, además, «se perdieron todas las señas de identidad del PP en relación con el terrorismo, el nacionalismo, los límites del poder público, los impuestos bajos… Como la gente no es cautiva toma sus decisiones. Casado gana a la contra de todo porque vuelve a retomar esos principios, esto es lo que hace que el PP sea el gran partido que abarca todo lo que está a la derecha de la izquierda». Y con ese discurso ha detenido «una caída en picado».

A Génova se incorpora también Isabel Benjumea, muy crítica con la etapa de Rajoy

Pero Lasquetty no ha venido solo. Con él se integra en la sede nacional del PP Isabel Benjumea, un nombre también bastante desconocido para el común de los ciudadanos pero con mucha significación en la cosmogonía popular, pues durante años ha sido la directora de la llamada «Red Floridablanca», un grupo de debate profundamente crítico con Mariano Rajoy, una enmienda a la totalidad con el pasado más inmediato. Muchos de sus componentes provienen también de las filas de FAES.

Tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015 la Red Floridablanca exigió «un congreso abierto para recuperar la mayoría»  bajo la fórmula «un militante, un voto». «Dados los resultados obtenidos, creemos que debe ser el primer paso para la ineludible renovación de proyecto, equipo y estructura que el Partido Popular debe abordar si quiere ser de nuevo una fuerza con vocación mayoritaria».

«En realidad -prosiguieron entonces-, el congreso del PP debía haberse celebrado hace 15 meses, momento en el que según los estatutos caducó el mandato y la legitimidad de la actual dirección, pero la cerrazón de esta, que se niega a abrir el debate interno, ha impedido cualquier impulso regenerador».

Igual que Aznar acogió en FAES a todo crítico con Rajoy, Casado, -que mantiene, sin embargo, una buena interlocución con su más inmediato antecesor- ha incorporado al núcleo duro popular unos perfiles que vaticinan un «giro a la derecha» hacia el que no pocos dirigentes nacionales y territoriales tienen sus reservas, incluso, con los que han chocado frontalmente en otras épocas. Será necesaria una cohabitación que no se prevé fácil, entre otras cosas, porque la sociedad que alumbró el primer triunfo electoral de Aznar y, luego, su mayoría absoluta, poco o nada tiene que ver con la actual.

El Aznar de 1996 triunfó con el «giro al  centro», con una política moderada que se convirtió en santo y seña de su primera legislatura y que acabaría malogrando en la segunda, cuando transmutó, por mor de la mayoría absoluta, en el peor valedor de su propio legado. Claro que entonces no existían ni Ciudadanos ni Vox, y se supone que Lasquetty y Benjumea han aterrizado en el cuartel general de los populares para intentar traerlos de nuevo a la casa madre.

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