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El ‘dedazo’ de Iglesias en la gestora de Madrid deja a Julio Rodríguez en situación irregular

El secretario general de Podemos en la ciudad de Madrid aumenta sus cargos sin el respaldo de los inscritos

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El ‘dedazo’ de Iglesias en la gestora de Madrid deja a Julio Rodríguez en situación irregular
El ex Jemad Julio Rodríguez junto a Maby Cabrera (derecha).

El ex Jemad Julio Rodríguez junto a Maby Cabrera (derecha). EP

Resumen:

La dimisión de Ramón Espinar como líder de Podemos en la Comunidad de Madrid ha abierto un escenario inédito en la capital.  Tras el cese, la ejecutiva de Pablo Iglesias nombró a dedo a una gestora para llevar las riendas de Podemos y así pilotar desde el aparato estatal los posibles acuerdos con Iñigo Errejón. El ex Jemad Julio Rodríguez, persona de total confianza de Iglesias, ha sido nombrado miembro de esta dirección interina, aunque el dirigente ya era el secretario general de Podemos en la ciudad de Madrid. Una situación irregular, según los estatutos de Podemos, que establece una limitación de cargos que impediría su responsabilidad en la gestora.

El pasado viernes 22 de enero, Ramón Espinar dejó todos sus cargos en el partido ante las presiones por parte de la dirección estatal, que tomó la decisión de expulsar a Iñigo Errejón sin consultar siquiera al responsable autonómico. “En la situación actual no se dan las condiciones para llevar el proyecto de Podemos en Madrid hacia donde creo que debe dirigirse”, aseguró Espinar en las redes sociales, donde argumentó que “participar en un proyecto político implica compartir valores, ideas y ponerlas en marcha”.

Después de esta salida, la cúpula estatal nombró a un Equipo Técnico -una gestora- completamente afín a Iglesias, compuesta por algunos de los miembros de la dirección autonómica anterior-María Espinosa, Dina Bousselham, Javier Cañadas, Elena Sevillano, Carolina Alonso o Jesús Santos-, pero también tres personas que nada tenían que ver con estos órganos elegidos en primarias. Una de ellas es Ana Domínguez, miembro de la dirección nacional que concurrió en la lista de Iglesias en Vistalgre 2. Pero también hay dos miembros de la dirección municipal de Madrid: el propio Julio Rodríguez, secretario general de Podemos en la ciudad de Madrid, y Maby Cabrera, su número dos.

Los documentos Organizativos de Podemos prohíben expresamente la acumulación de cargos y establecen un máximo de un puesto público y uno orgánico, siendo incompatible el liderazgo municipal y autonómico al mismo tiempo. “Es condición necesaria saber blindarnos orgánicamente contra la inercia generalizada de convertir los partidos en aparatos burocráticos controlados por cargos públicos o por liberados”, establecen estos documentos, elaborados por el secretario de Organización, Pablo Echenique.

El texto presume de establecer un tope de responsabilidad en Podemos que sin embargo no llega a cumplirse en la gestora impuesta. “En ese sentido, consideramos imprescindible establecer un límite claro a las responsabilidades que se pueden tener en la organización, restringiendo los cargos de dedicación intensiva en Podemos a un máximo de dos, uno interno y otro externo”, reza el documento.

En el Reglamento de Incompatibilidades desarrollado también por Echenique define como “cargo de dedicación intensiva” a, entre otras cosas, ser “Secretario/a General de cualquier ámbito territorial superior a 10.000 habitantes o con un censo de militantes superior a 50”, un apartado en el que entraría Rodríguez. Es decir, esa responsabilidad le impediría ejercer cualquier otra dentro de la formación. Una circunstancia que no ha sido impedimento para la ejecutiva de Podemos a la hora de contar con él para afianzar cualquier paso.

Pero no es el único. Maby Cabrera, la miembro de la dirección nacional que se presentó en en ambas primarias, para ser concejal municipal y diputada autonómica al mismo tiempo, es ahora también miembro de la dirección local de Podemos Madrid y miembro de su gestora en la Comunidad. Una situación también irregular según las normas de Podemos, que establecen también que es un cargo intensivo -e incompatible con cualquier otro- el de ser “miembro de un consejo ciudadano municipal de más de 100.000 habitantes”. La oficialista Domínguez tampoco se salva, puesto que el Reglamento de Incompatibilidad también restringe las responsabilidades a los “miembros del Consejo Ciudadano Estatal” al que la dirigente pertenece.

Aunque Podemos restringe estas responsabilidades, las gestoras no están expresamente tipificadas en la estructura organizativa. En sus documentos, sólo se hace mención a la posibilidad de que esté “imposibilitado el funcionamiento normal de los órganos autonómicos” será la Secretaría de Organización Estatal quien “propondrá al Consejo de Coordinación Estatal (ejecutiva) la formación de un equipo técnico que representará a Podemos en el territorio y que asumirá todas las funciones de todos los órganos de su ámbito territorial”.

Esto deja a estos órganos en un limbo reglamentario: aunque son de facto la dirección autonómica del partido y ejercen todas sus labores, no está expresamente regulado y esto serviría de pretexto para permitir estas situaciones de acumulación de cargos para beneficiar a dirigentes cómodos para la dirección por su lealtad a Iglesias.

Tampoco es la primera vez que ocurre algo similar: el pasado noviembre, tras la crisis de Podemos en el Ayuntamiento de Madrid, Iglesias creó la figura de un “adjunto” a la Secretaría de Organización estatal para limitar el poder de Echenique. Un puesto de nuevo cuño donde puso al frente a Fran Casamayor, que ya era miembro de la dirección de Podemos en la Comunidad de Madrid y secretario de Organización autonómico. Un limbo organizativo, en definitiva, que siempre tiene un factor común: tiende a favorecer a la cúpula del partido.