Oriol Junqueras abrirá este jueves en el juicio del procés el turno de interrogatorios a los doce acusados de rebelión, sedición, malversación y desobediencia por los hechos del otoño de 2017, desde la organización y celebración de un referéndum ilegal a la proclamación de independencia del 27 de octubre. Será el momento esperado por el ex vicepresidente de la Generalitat para defender sus actos, pero la declaración de Junqueras ante el Tribunal Supremo no debe leerse sólo en clave judicial. Oriol Junqueras tendrá en el juicio dos misiones: sostener técnicamente su inocencia y afianzarse como líder del independentismo, eclipsando el protagonismo conseguido por Carles Puigdemont desde que huyó a Bélgica y su rival fue encarcelado.

Un difícil equilibrio entre la estrategia política y judicial que Junqueras basará en dos ejes: su defensa del pacifismo y convicciones religiosas para negar la violencia, y el argumento de que la organización de un referéndum ilegal no está recogido en el Código Penal. Ese será el eje de sus respuestas a su abogado, puesto que en su entorno han abonado la duda sobre si responderá a la Fiscalía y la Abogacía del Estado. Sí han   dejado claro, tanto él como el resto de los procesados, que a priori no responderán a las preguntas de la acusación ejercida por Vox.

«Tenemos la conciencia tranquila porque sabemos que actuamos siempre correcta y pacíficamente, no hemos cometido ningún delito y eso, anímicamente, nos fortalece» aseguraba el propio Junqueras en una entrevista a El Independiente en las semanas previas al inicio del juicio.

Negación de la violencia

La violencia es fundamental para sostener el delito de rebelión, y los procesados independentistas y sus defensas están convencidos de que es también el eslabón más débil de la causa construida por el instructor Pablo Llarena. A esa convicción se sumará en el caso de Junqueras la exhibición de sus convicciones morales. Ya lo ha hecho en todas sus declaraciones públicas desde que se inició el proceso. El líder de Esquerra, que ha llegado a denunciar como maltrato que no se le permitiera seguir los oficios religiosos en Estremera, exhibirá su fe para rechazar las acusaciones de la fiscalía.

El fiscal Javier Zaragoza señaló a los procesados como los responsables de la violencia vivida el 1-O por azuzar a los votantes convirtiéndolos en «murallas humanas» contra policías y guardias civiles. Una acusación que ya rebatía Junqueras en la entrevista: «Es evidente que nadie podía prever que la Policía Nacional y la Guardia Civil atacarían, con una violencia inaudita en democracias avanzadas, a ciudadanos pacíficos que lo único que querían hacer era introducir una papeleta en una urna. Responsabilizarnos a nosotros de la violencia ajena es un ejercicio de cinismo intolerable» afirmaba hace dos semanas, un argumento que previsiblemente repetirá hoy. 

Recordará además las manifestaciones organizadas por el independentismo en la Diada desde 2012, poniéndolas como ejemplo de movilización pacífica para rebatir las acusaciones de la Fiscalía en este sentido. En términos legales, es probable que utilice además la eliminación de la convocatoria de un referéndum del Código Penal y la adhesión de España al Pacto Internacional de Derechos Civiles para justificar la organización del referéndum del 1-O en contra de las advertencias del Tribunal Constitucional.

Las declaraciones del ex ministro de Hacienda Cristóbal Montoro serán la última baza de Junqueras. Montoro aseguró en el Congreso que no se había destinado «ni un euro público» a la organización del referéndum ilegal del 1-O, y el ex vicepresidente de la Generalitat, que era además el responsable de la organización de la consulta, se acogerá a esas afirmaciones para negar el delito de malversación.

La batalla política

Pero Junqueras debe salvaguardar, pese a todo, su imagen de líder del independentismo. El reciente enfrentamiento con Carles Puigdemont a cuenta de su huida o la imagen de frialdad exhibida con Quim Torra el martes dan cuenta de hasta qué punto es ya incontrolable el enfrentamiento entre republicanos y ex convergentes por ese espacio político. Y para ello, lo más probable es que el líder republicano utilice en sus argumentos el ataque al Estado de Derecho que ya avanzó en la primera sesión su abogado, Andreu Van den Eyne.

El propio Junqueras lo avanzó también en la «conferencia» protagonizada vía holograma en su última semana en Cataluña, convertida en auténtico pistoletazo de salida de la campaña en la que los republicanos quieren convertir el juicio al procés. Junqueras seguirá la línea marcada por Van den Eyne para «poner al Estado ante el espejo» -una expresión recurrente del independentismo en los últimos días-, y denunciar que se enfrenta ante la misma esencia del «régimen del 78».

«Tenemos la oportunidad de cambiar la historia, haremos que quien acabe sentado en el banco de los acusados sea el Estado» aseguró Junqueras en esa conferencia escrita en Lledoners y leída por su hermano, su esposa, y varios dirigentes de Esquerra.