El juicio a los líderes del proceso independentista vivirá hoy una de las declaraciones más esperadas, la de la ex presidenta del Parlament y ex líder de la Asamblea Nacional Catalana, Carme Forcadell. Fue desde 2012 una de las voces más importantes del independentismo, hasta el punto de convertirse en reclamo electoral imprescindible en 2015, y se convirtió en pieza indispensable del engranaje que llevó a la declaracion unilateral de independencia del 27 de octubre de 2017 como presidenta de la cámara. Ese día se rompió su relación con Carles Puigdemont y su confianza, ya muy maltrecha, en los líderes políticos del independentismo. Quienes la conocen aseguran que llega al día clave del juicio con muchas ganas de explicarse y sin ataduras políticas.

Forcadell puede argumentar, como Dolors Bassa, que nunca formó parte del sanedrín que decidía los pasos hacia la independencia. No formó parte del núcleo duro integrado por solo algunos miembros del Govern, los Jordis y dirigentes de ERC, PDeCat y la CUP que decidió el día a día de la aplicación de la «hoja de ruta» hacia la independencia. Y tampoco compartía con dirigentes como Carles Puigdemont o Jordi Turull la convicción de que conseguirían doblegar al Gobierno de Mariano Rajoy sin consecuencias penales para sus personas. Está por ver cuánto de eso sale hoy en el interrogatorio.

Cuando el Tribunal Constitucional notificó a Forcadell la anulación de las leyes del referéndum y de transitoriedad y le advirtió directamente de las consecuencias penales de una eventual desobediencia, era la cuarta vez que la presidenta de la Cámara era apercibida por el alto tribunal. Ya había sido advertida tras la anulación de la resolución de la resolución que fijaba la «hoja de ruta» en 2015, y en dos ocasiones más en los años siguientes por permitir la aprobación de nuevas resoluciones basadas en ese documento, pese a las advertencias de los letrados del Parlament.

A Forcadell le preocupaba, y mucho, desobedecer al Constitucional, aseguran sus próximos, pero no dejó de hacerlo al frente de la Mesa

Esa acumulación de advertencias del Tribunal Constitucional preocupaba, y mucho, a Forcadell, aseguran ahora sus próximos, pese a que durante el proceso independentista no dio muestras de las dudas e impuso su criterio en la Mesa del Parlament, obligando incluso a callarse al ex letrado mayor, Antoni Bayona.

Pero ese 27 de octubre, cuando Carles Puigdemont le obligó a leer el preámbulo de la declaración de independencia que iba a votarse en el pleno, Forcadell tenía claro que se estaba convirtiendo el blanco de la acción de la justicia y esa imposición rompió su confianza con los dirigentes políticos involucrados en esa decisión. Temía las consecuencias penales de ese acto y se consideró injustamente tratada por sus socios políticos.

Es difícil que Forcadell comparta la tesis que alegremente expone la ex consellera Clara Ponsatí desde Escocia: «íbamos de farol». Pero su rotunda decisión de desvincularse de la política hace que tampoco tenga por qué sentirse obligada a sostener la ilusión de que se trataba de una declaracion de independencia. Forcadell declarará sintiéndose libre de ataduras políticas, con la voluntad de ser leal solo a sus ideas y consciente de que se enfrenta a una petición de 17 años de prisión por rebelión.

Diferencias con el resto de la Mesa

Con estos precedentes, Forcadell argumentará en la inviolabilidad los diputados en ejercicio y la libertad de expresión en los debates en el Parlament sus decisiones al frente de la Mesa. Y señalará la injustica que en su opinión -y la de su defensa, ejercida por Olga Arderiu- supone que sea el único miembro de la Mesa al que se juzga en el Tribunal Supremo y no en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

Lluís Corominas, Anna Simó, Lluís Guinó, Ramona Barrufet y Joan Josep Nuet responderán por las decisiones adoptadas por la Mesa ante el TSJC porque a ellos se les atribuye un delito de desobediencia -desoyeron, como Forcadell, todos los autos del Tribunal Constitucional- pero no la rebelión de la que está acusada Forcadell.