El 28-A se configura en Cataluña con dos guerras abiertas: por un lado, la batalla por el liderazgo en el independentismo, es decir, si finalmente el electorado premia a Esquerra y castiga las maniobras de Carles Puigdemont para someter al PDeCat desde Waterloo. Por otro si los socialistas recuperarán su podio catalán en las elecciones generales, incuestionable hasta la llegada de Podemos, o los de Oriol Junqueras hacen buenas todas las encuestas y se convierten en la primera fuerza independentista que gana en unas generales. Sería el reverso de lo que sucedió el 21D de 2017, cuando un partido no nacionalista, Ciudadanos, ganó por primera vez las autonómicas -en 1999 Pasqual Maragall ganó a Jordi Pujol en votos, pero no en escaños-.

Las encuestas pre electorales dan opciones serias de victoria a Esquerra, por lo menos en comicios autonómicos, desde 2015. Esa es la clave de la insistencia de la lista única de Artur Mas, hasta conseguir que Oriol Junqueras se integrara en Junts pel Sí en esos comicios. Un año antes, los republicanos ya habían superado a CiU en las europeas, y desde entonces los sondeos les otorgan la victoria, que ya debía ser aplastante el 21-D, cuando Mariano Rajoy disolvió el Parlament y convocó a las urnas en aplicación del 155.

Entonces la candidatura de Carles Puigdemont desde Bruselas se impuso a una Esquerra condicionada por la prisión preventiva de Oriol Junqueras que dejó el peso de la campaña en Marta Rovira. Ahora, sin embargo, las encuestas -tanto el CIS como el CEO o los sondeos de diversos medios de comunicación- otorgan a los republicanos una amplia ventaja sobre JxCat. Las maniobras de ambos partidos por situar como cabezas de listas a los procesados por el 1-O -primero fue JxCat con Jordi Sánchez, y Esquerra le siguió rápidamente con Junqueras, que ya se había postulado para las europeas- no parece que vayan a incidir en la intención de voto.

CDC cede votantes a ERC

JxCat está pagando -de momento en los sondeos- la lucha fratricida entre el PDeCat y la Crida por el monopolio del espacio neoconvergente. Carles Puigdemont ha impuesto a sus candidatos y depurado a los moderados de las listas al Congreso y el Senado, pero su estrategia de confrontación y la afirmación de que se debe ir a Madrid a “bloquear” la política española no está siendo entendida por una parte considerable de su electorado.

Artur Mas, en el arranque de campaña de Junts per Catalunya.

Artur Mas, en el arranque de campaña de Junts per Catalunya.

En este sentido, los resultados del Cis catalán de la semana pasada eran determinantes: no hay trasvase de votos entre bloques -independentistas y constitucionalistas- pero sí dentro de cada uno de los dos bloques en los que se divide la política catalana. Y Esquerra se beneficia del mayor grado de fidelidad de sus votantes y de un fuerte trasvase procedente de ex votantes de Convergencia (24%), además del 9,5% que recibiría de En Comú-Podem.

De confirmarse este vuelco, el nuevo equilibrio de poder será determinante para la estabilidad del Gobierno catalán, en el que JxCat ostenta la presidencia en la figura cada vez más cuestionada de Quim Torra. Los neoconvergentes han dejado de especular en las últimas semanas con un adelanto electoral, que vistas las encuestas actuales podría llevarles a perder la primacía en el independentismo. Pero ahora podría ser Esquerra la que intentara forzar el adelanto.

Buena noticia para Sánchez

La primacía de Esquerra en el independentismo catalán sería además una buena noticia para Pedro Sánchez. Si se cumple la previsión del CEO -más conservadora que la del CIS- sus 14 escaños podrían ser determinantes para dar estabilidad a un Gobierno socialista. Y Oriol Junqueras ya dejó clara ayer su predisposición al diálogo, cuando reclamó a Pedro Sánchez que no se autoimponga “líneas rojas” que podrían convertirse en un “cheque en blanco” para un Gobierno PP-Cs.

Su predisposición es más clara que la de JxCat, que no deja de insistir en que ellos sí tienen “líneas rojas” al diálogo: referéndum de autodeterminación y “fin de la represión”. “En Madrid seremos la voz de la independencia, de las libertades, de la justicia, y de un país mejor” no deja de proclamar estos días su número dos, Laura Borràs, al tiempo que intenta desmentir sin demasiado éxito que su objetivo sea bloquear una mayoría de izquierda en el Congreso.

En el bloque constitucionalista, el PSC resurge, tras ser derrotado primero por Podemos y después por Cs, con la incógnita de si conseguirá imponerse a ERC. No parece fácil, puesto que el trasvase de votos entre bloques es inexistente. Pero los socialistas catalanes se benefician también de ex votantes de dos partidos: un 18% de los que votaron a EC-Podem en 2016 y el 11,6% de los que optaron por Ciudadanos. La política de mano tendida de Pedro Sánchez, y la ineficaz gestión que Inés Arrimadas ha hecho de su victoria en las elecciones autonómicas benefician claramente al partido de Pedro Sánchez, que recuperaría de cumplirse los pronósticos uno de los tradicionales graneros socialistas de votos.

Ciudadanos, por contra, vuelve a posiciones de 2016 y pierde, según las encuestas, la ventaja conseguida en las autonómicas de 2017. La gestión de esa victoria ha empañado el aura de Inés Arrimadas en Cataluña. Y su ausencia durante la precampaña tampoco ayuda a las expectativas del partido naranja. Arrimadas anunció su candidatura a las generales en Madrid, fue a Madrid para el 8M y ya prácticamente solo tiene presencia en Cataluña durante los plenos del Parlament.

Sí ha estado en Barcelona para la apertura de campaña, y este viernes será la primera candidata entrevistada por el matinal de TV3. Pero después dejará esta comunidad durante todo el fin de semana. La “fuga de valores” que completan José María Espejo-Saavedra -vicepresidente del Parlament- y Carina Mejías -líder del grupo municipal en Barcelona- no ayudan a acreditar el compromiso del partido con esta comunidad.

La batalla en la derecha

Cs tiene aún otro problema en Cataluña: el aterrizaje de Cayetana Álvarez de Toledo como cabeza de lista del PP por Barcelona. En los primeros compases de la precampaña la popular ya ha conseguido restar protagonismo a Arrimadas, hasta ahora dueña y señora del discurso constitucionalista y su defensa en Cataluña.

“Por lo menos ahora salimos” apuntan desde la nueva dirección del PP catalán para defender una apuesta que muchos cuestionan: una “paracaidista” sin arraigo en Cataluña -y que no habla catalán-, cuyas credenciales responden a su compromiso con la plataforma Libres e Iguales creada junto a Mario Vargas Llosa y Arcadi Espada. Álvarez de Toledo ha aceptado el reto de evitar luchar contra las encuestas y evitar la práctica desaparición del PP en Cataluña, y deberá emplearse a fondo para conseguirlo.

De momento, y según el CIS catalán, parece haber frenado la hemorragia de voto a Vox en esta comunidad, donde el partido de Santiago Abascal no llega al 1% de menciones en pregunta no inducida sobre la intención de voto. Según esta encuesta el PP conservaría dos escaños por Barcelona, pero se quedaría sin representación en las otras tres provincias catalanas. El CIS, sin embargo, otorga a Vox tres escaños en Cataluña y sólo uno a los populares.

Igualmente difícil será el envite para el partido de Ada Colau. Jaume Asens ha sustituido a Xavier Domènech con el apoyo de Pablo Iglesias y Colau, pero las batallas internas del partido también en Cataluña y su giro independentista han dinamitado sus expectativas de voto. Si en 2016 En Comú-Podem se convirtió en primera fuerza con 12 escaños, ahora podría quedarse en siete, con fugas de votos tanto a Esquerra como al PSC. La indefinición de Colau empieza a pasar factura a sus expectativas electorales y el independentismo declarado de Asens empuja el trasvase de voto a los socialistas.