La catedral de Notre-Dame de París, en llamas.

La catedral de Notre-Dame de París, en llamas. EFE

Política | Sociedad

Arde Notre-Dame, el corazón de Francia y de Europa

La catedral gótica, patrimonio de la Humanidad, es símbolo histórico y cultural de nuestro pasado común

“Como todos nuestros compatriotas, estoy triste al ver cómo arde una parte de nosotros”. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha traducido en palabras el dolor de una nación por el brutal incendio de la catedral de Notre-Dame de París, el corazón de Francia, el alma de Europa.

“Es un símbolo de Francia y de nuestra cultura europea”, ha destacado la canciller alemana, Angela Merkel. El ex presidente francés Nicolas Sarkozy ha destacado: “Esta tragedia afecta a Francia en su carne, en su corazón, en su identidad, en su historia”.

Su incendio, declarado en la tarde del lunes, ha conmocionado al mundo entero. La primera piedra se colocó en 1163, bajo el reinado de Luis VII. Terminó la obra 200 años más tarde, en 1345.

Durante la Comuna de París en 1871 quemaron las 28 estatuas de parte de los reyes de Judea e Israel porque los revolucionarios creyeron que representaban a los reyes franceses. Ahora había reproducciones.

La catedral de Nuestra Señora, de una belleza excepcional, ha sido objeto de varias restauraciones, la más reciente en el siglo XIX, y ahora estaban en curso obras de rehabilitación, que parece que están en el origen de esta desgracia. Unos 100 millones de euros se iban a dedicar a estas tareas, que venían condicionadas por las humedades.

La estructura se ha salvado, así como las torres, y gran parte de las obras de arte que había en su interior, aunque se han quemado dos terceras partes del techo.

El presidente Macron lo ha confirmado: «Lo peor se ha evitado… Notre-Dame es nuestra Historia, nuestra literatura, nuestro imaginario». Ha anunciado: «Reconstruiremos esta catedral entre todos».

Será necesaria una gran inversión para reconstruir todo lo dañado. La recaudación de fondos empieza este martes. La primera gran donación la ha realizado la familia Pinault, propietaria de marcas de lujo como Gucci o Balenciaga, con 100 millones de euros.

La Fiscalía investiga las causas de este desastre. Unos 400 bomberos han trabajado durante horas para intentar salvar la obra.

Ha podido desalojarse a los que estaban dentro del edificio en el momento del incendio sin daños personales.

En su larga historia, 850 años, Notre-Dame ha sido testigo de coronaciones y funerales, había sobrevivido a revoluciones y desastres, a dos guerras mundiales. En pleno siglo XXI, es el fuego, lo más primigenio, lo que ha destrozado parcialmente la catedral gótica más admirada del mundo.

En su interior se celebraron los esponsales del que fuera después Enrique IV con la reina Margot en 1572, se coronó Napoleón en 1804 y se beatificó a Juana de Arco en 1909. Allí se celebró la misa por la liberación de París, en agosto de 1944.

También en el siglo XX fue escenario de los funerales de presidentes como Pompidou, De Gaulle o Mitterrand. Más recientemente se celebró el homenaje a las víctimas de los atentados de París de noviembre de 2015.

Sus rosetones, con unas vidrieras espectaculares, están unidos a los momentos de mayor gloria y mayor dolor de los franceses y de los europeos. Los indicios apuntan a que las vidrieras han aguantado el envite del fuego.

Entre sus gárgolas reside el espíritu de Quasimodo, el jorobado que inmortalizó Víctor Hugo en Nuestra Señora de París, publicada en 1831. Quasimodo se refugiaba de las burlas y lloraba su amor por la gitana Esmeralda entre las piedras de Notre-Dame.

Más de 13 millones de personas pasean por la catedral cada año, el monumento histórico más visitado de Europa. Junto a la Torre Eiffel su imagen en el horizonte, con sus dos torres y su aguja, es la más representativa de la capital francesa.

Cientos de personas se congregaron en la noche del lunes, cuando aún ardía, para cantar el Ave María por la catedral construida en homenaje a la Virgen.

Como consecuencia del incendio, que se ha propagado rápidamente debido a las 500 toneladas de madera de la estructura, la aguja del templo se desprendió ante la atónita mirada de miles de personas en todo el mundo.

Notre-Dame es un símbolo histórico, religioso y cultural de una relevancia excepcional. Su nombre está unido al de Napoleón, Juana de Arco o el general De Gaulle.

Para los católicos es un referente y prueba de ello fue la misa multitudinaria que dio allí el Papa Juan Pablo II en 1980. Y Víctor Hugo la dotó de eternidad en su novela, que fue ópera, e incluso película de Disney. Fue el literato quien popularizó la catedral y la transformó en una imagen de la cultura universal.

De Notre-Dame parte uno de los ramales de Camino de Santiago francés. Obra clave del gótico europeo, simboliza ese canto a la razón que representa este estilo arquitectónico. En el mismo lugar se emplazaba la primera iglesia cristiana de París, Saint-Etienne.

Es uno de los emblemas de nuestra Historia común», afirma la alcaldesa Anne Hidalgo

La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, de origen español, se ha referido al dolor de los franceses al contemplar cómo se convierte en cenizas “uno de los emblemas de nuestra Historia común».

La desolación se ha reflejado en los políticos de todas las ideologías, desde la ultraderechista Marine Le Pen, que muestra “una tristeza infinita”, o el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, que se declara devastado. Quien fuera primer ministro francés y aspirante a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls, también ha mostrado su pesar.

El presidente Donald Trump, impotente ante esta desgracia, aconsejaba cómo apagar las llamas. El líder de la Liga, Matteo Salvini, ofrecía ayuda para la reconstrucción. El jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, decía que “Francia puede contar con nosotros para recuperar la grandeza de su patrimonio”.

La unidad que se había perdido

Las piedras de esta catedral gótica, inmortalizada en nuestra memoria, han unido a Francia y a Europa de una forma que no se recordaba desde los atentados de noviembre de 2015 en París. Fueron los peores jamás vividos en Francia, con 130 muertos y más de 350 heridos. Ahora la cultura europea sangra y llora por Notre-Dame.

En Europa estamos viviendo tiempos de ruptura dolorosos. Desde el Brexit al auge de los nacionalismos y la revuelta de los chalecos amarillos, el impacto de un nuevo mundo en mutación nos ha llevado a mirar hacia dentro, a confiar en salvadores, a cegarnos por los nacionalismos. “La peor de todas las pestes, que envenena la flor de nuestra cultura europea”, en palabras de Stefan Zweig.

Lo mejor estaría representado en símbolos como Notre-Dame, imagen de una identidad que acoge, como lo hace todo templo y toda obra de la Humanidad.

El presidente Macron tenía previsto dirigirse a la nación para dar a conocer medidas para abordar la crisis de los chalecos amarillos, que llevan en pie de guerra contra el establishment desde hace meses. Macron suspendió su intervención y se desplazó hasta las inmediaciones de Notre-Dame.

En estos tiempos de incertidumbre en Francia, en Europa, y en el mundo, es el pasado común lo que nos conmociona y nos devuelve a la esencia de lo que nos define como individuos.

Lo explica el editorialista Yves Harté en Sud Ouest: “Lo que arde ante nosotros, en esta Semana Santa, es el pasado que nos unía. Por esa razón hay una conmoción mundial, un horror compartido. Las cenizas aún calientes no solamente se posan sobre París. Hay un duelo que recubre toda Francia”.

Las portadas de los diarios franceses lloran por el patrimonio perdido. «Notre Drame» es el titular de Libération. «Nuestra Señora de las lágrimas» se lee en Le Figaro.

El presente nos desconcierta y el futuro nos inquieta pero es el pasado reflejado en ese templo anclado en nuestros corazones lo que nos recuerda que somos capaces de emocionarnos, de soñar, y de resistir.

Es de lo que ahora se trata. Hemos de resistir ante el miedo, ante el odio, ante la división, como Notre-Dame lo ha hecho ante el fuego.

Fluctuat nec mergitur”. Ha recordado estas palabras Anne Hidalgo, la alcaldesa. Notre-Dame, la Señora de todos los europeos, ha quedado batida por las olas, en este caso por las llamas, pero no está hundida. El corazón de Francia, el corazón de Europa, volverá a latir.

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