Cataluña será el 28-A, de nuevo, una prueba de fuego para la derecha española. En esta comunidad el PP se arriesga a desaparecer superado por Vox -si atendemos a los datos del último CIS– y Cs asume el reto casi imposible de revalidar el millón de votos conseguido en 2017 al calor del 1-O y la declaración unilateral de independencia. Y en esta comunidad se enfrentarán el domingo las dos mujeres que han protagonizado como auténticos numero dos las campañas de sus partidos también a nivel nacional: Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo.

En votos, la victoria parece garantizada para Inés Arrimadas. Tanto el CIS como el CEO -Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat- otorgan a los naranjas una amplia victoria sobre el PP en esta comunidad, con una expectativa de entre 5-6 escaños según el CEO por dos para el PP -y un escaño menos para cada una de las formaciones en el caso del CIS-. Unas previsiones que confirman el sorpasso de Cs en esta comunidad, donde en 2016 los populares todavía superaron a los naranjas con seis escaños y el 13% de los votos, dos puntos más que Cs.

La revelación de la campaña

Pero la campaña electoral ha dado alas al PP catalán, empujado por el inesperado aterrizaje de Cayetana Álvarez de Toledo como cabeza de lista por Barcelona. “Cayetana ha sido la revelación de la campaña electoral”, aseguraba Pablo Casado el jueves, en el mitin central del PP en Barcelona. El líder popular elogió su “patriotismo al defender a Cataluña, a España y explicando sin complejos pero con motivos lo que tenemos que hacer” y se felicitó porque “no han podido contigo”. Un discurso con el que los populares catalanes están convencidos de haber taponado la fuga de votos al partido de Santiago Abascal.

El “españoles de Cataluña, catalanes de España” con el que ha abierto cada una de sus intervenciones electorales ha hecho mella en una campaña catalana en la que Arrimadas parecía desaparecida por su intensa agenda nacional. La dirigente naranja abrió la campaña en Barcelona, pero desapareció el primer fin de semana y no volvió a Cataluña hasta Semana Santa, cuando visitó Vic en plena polémica sobre los escraches.

Para entonces Álvarez de Toledo ya se había convertido en la nueva Juana de Arco del constitucionalismo catalán por su intervención en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde fue acosada junto a Maite Pagazaurtundua en un inicio de campaña que la catapultó al primer minuto de los informativos. Después de eso, y de conseguir que Pablo Casado presentara su programa en Barcelona, el PP catalán le ha diseñado una campaña a medida.

Actos de pequeño formato, en los que el discurso sosegado y afilado de Álvarez de Toledo adquiere toda su dimensión, junto a primeros espadas del constitucionalismo como Fernando Savater (Cs), Rosa Díez (UPyD) o el ex líder de CC.OO. José María Fidalgo. Sin olvidar golpes de efecto, el mayor de ellos, el mitin protagonizado junto a José María Aznar 16 años después de la última visita del ex presidente a la capital catalana.

El único aparente “patinazo” de la campaña ha sido cuestionar el consentimiento explícito en la definición de los delitos de abuso sexual, en un debate con Irene Montero. Una afirmación que sirve, por otro lado, para taponar una de las vías de agua electorales del PP hacia Vox. El premio a ese desempeño es el papel de la candidata por Barcelona en el mitin final de campaña del partido en Madrid, junto a Pablo Casado. El premio a haber tapado, aparentemente, la temida fuga de votos a Vox en esta comunidad.

Arrimadas lucha en esta campaña contra sus propias expectativas tras el éxito del 21D

Arrimadas, por contra, ya partía como la gran palanca electoral de su partido. Su papel en la campaña de las andaluzas, tras ganar las catalanas de 2017, la ha convertido en el mejor cartel electoral de su partido, para algunos por delante incluso de Albert Rivera. Pero en estas elecciones Arrimadas afronta un escenario endiablado: en Cataluña las encuestas dejan a Cs muy lejos del éxito electoral del 21D, su gran argumento en las dos últimas campañas.

Se trata de un juego de expectativas, que empieza a pesar ya a la líder naranja. Se vio en el debate organizado por TV3 con los cabezas de lista por Barcelona. Álvarez de Toledo marcó el tono del debate desde el inicio con su jersey amarillo y su crítica a Vicenç Sanchís, aunque después Arrimadas subiera la apuesta con la petición de dimisión. Y la dinámica se repitió durante el debate a la hora de hablar de escraches, de golpismo independentista o de rescate del constitucionalismo en Cataluña. Álvarez de Toledo le ha robado el plano en Cataluña, lo que no significa que le haya robado los votos.