Política

Lasquetty, en el punto de mira por la "derechización" del mensaje del PP

Amplios sectores del PP atribuyen al director de gabinete de Casado el giro ideológico de la campaña electoral

El director de Gabinete de Casado, Javier Fernández Lasquetty

El director de Gabinete de Casado, Javier Fernández Lasquetty EFE

Mientras el director de gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo, ha ganado enteros y cuotas de poder tras las elecciones generales del 28-A, en la calle Génova ocurre exactamente  lo contrario con su homólogo, el responsable de gabinete de Pablo Casado, Javier Fernández Lasquetty. A él se dirigen no pocos dedos acusadores como autor de la «derechización» del mensaje del PP durante la campaña electoral, estrategia criticada por muchos e importantes barones territoriales que acusaron el abandono de las posiciones más centristas, pero también por más de un dirigente del cuartel general popular.

Precisamente, uno de ellos apunta a que Lasquetty «tiene una responsabilidad enorme» en el resultado electoral. Señala cómo muchos aspectos de la campaña y de la estrategia que se discutían en el núcleo de poder genovés, «cambiaban una vez pasaban por su filtro. Siempre se llevaba el gato al agua» y otro más añade que «potenció al máximo la derechización» del mensaje.

Un «antimarianista» criado políticamente por Aznar y Aguirre

A la hora de buscar responsables de la debacle electoral, creen que el director de gabinete de Casado «debe salir del círculo de confianza» del líder del PP, quien, por su parte, no parece dispuesto, al menos hasta que se celebren las elecciones locales, autonómicas y europeas del día 26, a hacer ningún cambio en sus equipos. Todo depende de los resultados que cosechen en esta triple consulta.

Aunque con etiqueta de liberal de pura cepa, el desembarco de Lasquetty como mano derecha de Casado en sustitución de Pablo Hispán fue interpretado como un guiño «antimarianista», un intento de ruptura con la anterior etapa para darle al primer partido de la oposición un sesgo mucho más duro. A Lasquetty se le identificaba con José María Aznar, de hecho, fue secretario general de FAES, y con la ex  presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre, que le hizo consejero de Sanidad hasta que hubo que forzar su dimisión, gobernando ya Ignacio González, tras tirarle abajo la justicia su modelo sanitario.

Tras su salida de la política puso rumbo a la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, desde donde le rescató Casado para un regreso por la puerta grande en el núcleo de poder popular con el encargo de articular el «rearme ideológico» del PP.

Luego vino la incorporación de Isabel Benjumea, cofundadora de la  Red Floridablanca y mano derecha de Laqsquetty, que atacó también de forma inmisedicorde al PP en la etapa en que lo dirigió Mariano Rajoy. Junto al profesor de derecho constitucional y experto en nuevas tecnologías Rafael Rubio -destinado a ser el nuevo «gurú de cabecera» de Casado tras al «jubilación» de Pedro Arriola-, forman un triunvirato con gran influencia en el despacho de Casado, lamentan algunos cargos del PP con despacho en Génova. Además, los tres formaron parte del comité de campaña que dirigió Maroto y al que ahora sustituyen Isabel García Tejerina, como coordinadora de la campaña europea, y Cuca Gamarra de las autonómicas y locales.

Lasquetty se ha quedado muy lejos de conseguir escaño en el Congreso

El batacazo en Madrid, donde el PP quedó en tercer puesto por detrás de Ciudadanos, en el territorio que tradicionalmente había sido su gran granero de voto, ha impedido a Lasquetty ser elegido diputado nacional. Los 15 parlamentarios madrileños que obtuvo la lista del tan denostado Rajoy en 2016, se han quedado en siete. El director de gabinete de Casado iba de número 10. Es el mismo lugar que ocupa Benjumea en la lista europea y las perspectivas tampoco son halagüeñas.

Antes de Lasquetty la presidenta de los populares asturianos, Mercedes Fernández, culpó al vicesecretario de Organización, Javier Maroto, de la debacle electoral, con un exiguo grupo parlamentario de 66 escaños. Y aunque el resto de los barones territoriales asumieron una especie de responsabilidad colectiva en lo sucedido y exoneraron a Maroto, son muchas las voces quejosas de que «tanto el planteamiento de la campaña como las listas fueron un desastre». Y otro dirigente territorial en conversación con El Independiente apostilla que «aquí se cortaron muchas cabezas con malos modos», lo que apunta a un cuestionamiento también del «número dos», Teodoro García Egea.

Doble «sangría» de voto

También el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, se mostró muy crítico con la campaña, encabezando el sentir de amplios sectores del partido. Casado justificó una campaña de «guante blanco» con Ciudadanos y con Vox en el argumento de que no quería perjudicar a sus barones territoriales, precisamente, porque a partir del 26-J tendrían que tejer pactos de gobierno autonómicos y locales con ambas formaciones. También insisten en su entorno que no hubo «giro a la derecha» alguno porque los datos demoscópicos les decían que la sangría de voto «se producía tanto a nuestra izquierda como a nuestra derecho y sólo hay que ver los resultados».

Pero no cabe duda de que Casado ha incorporado cambios de forma y fondo. Desde tachar a Vox de «ultraderecha», a cambiar el equipo de coordinadores de campaña a buscar un perfil para la portavocía del Congreso centrista y moderado alejado de la imagen brillante, pero dura, de diputadas como Cayetana Álvarez de Toledo, que parecía destinada a ser la voz de los populares en la nueva «era Casado».

 

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