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Echenique, otro caído en desgracia: Irene Montero le retira su apoyo en Podemos

La número dos de Podemos ha manifestado en privado su animadversión por el secretario de Organización de la formación

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Echenique, otro caído en desgracia: Irene Montero le retira su apoyo en Podemos
Pablo Echenique defiende a la candidata de Podemos por Ávila, Pilar Baeza.

Pablo Echenique EFE

Resumen:

Pablo Echenique puede convertirse en la próxima víctima política del tándem Iglesias-Montero. El secretario de Organización de Podemos no parece pasar por el mejor de sus momentos. Las continuas crisis internas y territoriales que no ha sabido o podido atajar, unido a unos pobres resultados electorales en Aragón, donde “ha caído en desgracia” al haber sacado sólo su escaño entre críticas del partido, le están apartando poco a poco del núcleo de poder de Podemos, según señalan fuentes de esta formación. Destacan su llamativa ausencia de la reunión secreta que un grupo escogido de dirigentes del partido, capitaneados por Pablo Iglesias e Irene Montero, mantuvieron el pasado martes por la tarde para analizar el contenido de la cita del líder de Podemos con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Asistieron Rafa Mayoral, Gloria Elizo, Ione Belarra y Pablo Gentili, entre otros, pero ni rastro de Echenique, al que la portavoz parlamentaria de Podemos, Irene Montero, “le ha puesto siete cruces”, según describen fuentes de la formación. El (en teoría) número tres de Podemos ha estado en un segundo plano durante la campaña electoral, y su caída responde a una guerra soterrada declarada por el secretario de Comunicación del partido, Juanma del Olmo, mano derecha y amigo personal de Irene Montero desde su etapa en las Juventudes Comunistas. La número dos de Podemos es, además, su principal valedora.

El ex diputado por Valladolid, que ha quedado sin escaño tras las generales, intenta copar más cuotas de poder dentro del partido y ha declarado la guerra a Echenique con el fin de ocupar sus funciones. En los últimos meses Del Olmo ha ido asumiendo parte del área de Organización con el fin de derrocar a uno de los pocos perfiles que pueden hacerle sombra en una formación extremadamente bunkerizada, donde las decisiones las toman Iglesias y Montero bajo aclamación de su cada vez más reducido núcleo duro.

No es la primera vez que Echenique está en la cuerda floja en Podemos: los innumerables conflictos territoriales en el partido y el “caos organizativo” general le valieron su defenestración soterrada el pasado noviembre, cuando le colocaron en su área a un adjunto para que hiciera sus labores, Fran Casamayor. Esta reorganización orgánica se leyó dentro del partido como una caída silenciosa; una pérdida de peso orgánico ante las numerosas críticas de los territorios hacia el responsable de Organización, al que culpaban de su gestión.

El número de territorios leales a Pablo Iglesias disminuyó ostensiblemente con la victoria de los críticos en primarias; una circunstancia que la cúpula de Podemos achacó directamente a Echenique. Ni siquiera en Aragón, donde fue diputado autonómico, están calmadas las aguas. Allí perdió la candidata apoyada por el secretario de Organización, que se quedó sin mando en plaza en el que consideraba su feudo. Tras esta derrota, volvieron las tensiones cuando Iglesias acomodó a Echenique el Congreso de los Diputados dándole el número 1 de la lista por Zaragoza. La elección sublevó al territorio por tratarse de un dirigente que actualmente vive en Madrid y que es poco querido en Aragón. En el 28A, el de Echenique fue el único escaño que el partido sacó en esta comunidad, donde Podemos pasó del 20% del voto de 2016 al 13,5%.

Fue Del Olmo quien defenestró meses después a Casamayor, la persona destinada a enmendar la gestión en los territorios, por alinearse con el ex secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, Ramón Espinar. Desde esta salida, el director de Comunicación de Podemos se fue arrogando labores organizativas en Podemos y orillando en sus funciones al secretario de Organización, hasta el punto de que el área de ha quedado sin una línea política, y se ha convertido en una oficina “burocrática” de los territorios para formalismos legales. Es por eso que en las últimas semanas han arreciado las críticas desde los territorios hacia Juanma Del Olmo, a quien culpan de los malos resultados de las generales por ser ser el responsable del diseño de la campaña y de la gestión y estrategia del partido.

Pero esta guerra en el partido se extiende más allá de Echenique. El fichaje de Pablo Gentili como jefe de gabinete de Iglesias también ha sentado mal al secretario de Comunicación, que ha interpretado esta entrada como una invasión de sus competencias. Fue llamativa el cambio de tono que Iglesias protagonizó en los últimos cinco días de la campaña de las generales, cuando se enfrentó a los debates televisivos adoptando un tono moderado que se atribuyó a la mano de su nuevo asesor.

El líder de Podemos ha apostado por Gentili, a quien otorga cada vez más responsabilidades en detrimento de Del Olmo, que observa con recelo el nuevo fichaje por haberle arrebatado influencia sobre Iglesias. El ex diputado por Valladolid ha sido colocado como director de la campaña madrileña de su pareja, la candidata Isa Serra. Algunas voces ven esto como un intento por limitar su poder y dar más peso a Gentili, pero la implicación de Iglesias en la campaña de Serra -estuvo en su acto de campaña y participará junto a ella el lunes en un desayuno informativo- se interpreta como un forma de equilibrar la balanza. Hay quien ve en estos guiños a Del Olmo la influencia directa de Montero, que intentaría reflotar a su antiguo amigo, según apuntan algunos dentro de la formación.

Esto explicaría la renovada aversión hacia Echenique que ha manifestado en los últimos días Irene Montero, que trata de aumentar el poder de una de sus máximas personas de confianza. El papel del secretario de Organización está en entredicho, pero está previsto que el partido cierre filas para evitar más movimientos internos que puedan debilitarle de cara al 26M. En todo caso, cualquier decisión sobre su futuro no se tomará hasta las elecciones locales y autonómicas, de cuyos resultados también dependerá el nuevo desenlace. Si Podemos termina de hundirse en este territorio y pierde cuotas de poder autonómico y local, el acta de defunción de Echenique puede ser una realidad. Enemigos internos no le faltan, pero si, además, ha perdido el respaldo de la “número dos” de facto, su futuro no se presenta nada halagüeño.