Es la octava diada masiva. También la mas complicada: suma un cierto agotamiento de la fórmula de las grandes concentraciones lúdico-festivas, la tensión previa a la sentencia del juicio del procés y, sobre todo, el enfrentamiento que las diferentes maneras de afrontar esa sentencia ha provocado entre partidos y entidades. Muy especialmente entre ERC y la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Si el año pasado los presos sirvieron de aglutinador del independentismo, este año los pactos locales de ERC y JxCat con el PSC o el apoyo ofrecido a la investidura de Pedro Sánchez amenazan con convertir a los partidos en el centro de la diana.

La ANC ya ha dado el primer paso en ese sentido, expulsando a los partidos de la «zona vip» de la concentración, frente al escenario, donde siempre habían seguido los actos de la Diada los líderes de ERC, JxCat, la CUP y algún representante de los comunes. Una decisión que ha provocado el enfado entre los cuadros independentistas, hasta el punto de que dos históricos de ERC como Josep Huguet y Anna Simó han anunciado esta semana su renuncia a asistir a la concentración.

Tras el estallido, la ANC, flanqueada por Òmnium en papel de mediador, rebajaba esta semana el tono apelando a la unidad. Y el Govern recogía el guante desde el Palau de la Generalitat, asegurando que «la Diada no es de los partidos sino de la gente». Fue el argumento de la portavoz Meritxell Budó para restar importancia a su exclusión de la cabecera de la marcha. Tanto Budó como el vicepresidente del Govern y líder in péctore de ERC, Pere Aragonés, aseguraron además su asistencia a la concentración convocada por ANC y Omnium en la Plaza España.

Aragonés recuerda a la ANC que ERC ya se manifestaba antes de que empezaran sus performances

«Hace 21 años que voy a la manifestación de la Diada, me ha tocado hacer de todo, cargar altavoces o repartir octavillas cuando éramos muy pocos, y me seguiré movilizando por la independencia de Catlauña el Onze de Setembre» respondió Aragonés. Un modo de recordarle a la ANC que Esquerra estaba ahí desde el principio, mientras la entidad que preside Elisenda Paluzie nació hace menos de una década.

Tras la batalla por el protagonismo en la Diada está el enfrentamiento por monopolizar el discurso independentista en otro otoño caliente, un conflicto en el que Esquerra y la ANC representan los dos lados opuestos de ring. Los republicanos como el partido más institucionalizado, consolidado como primera fuerza política de Cataluña y decidido a buscar una vía posibilista para salir del actual bloqueo.

La ANC de Paluzie como altavoz del independentismo ortodoxo que sigue defendiendo la vía unilateral convencido de que una nueva proclamación de independencia obligaría a Pedro Sánchez a aceptar el referéndum presionado por Europa, pese a que ese escenario se demostró ya irreal en 2017.

Vuelven los CDR

Y en este contexto, vuelven los CDR. La detención esta semana por parte de Mossos d’Esquadra de nueve miembros de CDR, Arran y la CUP  que participaron en los disturbios del pasado 1 de octubre o las manifestaciones del 21 de diciembre contra la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona ha desatado las iras de estos grupos contra el Govern.

En un comunicado publicitado por los CDR tras las detenciones, el «independentismo popular» -como ellos mismos se presentan- integrado por los CDR y los jóvenes de la CUP, tachaban de «razzia represiva» las detenciones y señalaban directamente al Govern de JxCat y ERC. De nada le han servido a Quim Torra las repetidas expresiones de complicidad con los CDR.

«Ni los CDR, ni la izquierda independentista ni los colectivos antifascistas somos organizaciones criminales. La organización criminal es el Govern que nos señala y el sistema judicial que nos dispara» apuntan en el mismo comunicado. En un texto anterior señalan directamente al Departamento de Interior, al que acusan de intentar desmovilizar al independentismo radical a las puertas de la sentencia.

Unas acusaciones que, a poco más de un mes de la Diada, sitúan al Govern de Quim Torra como enemigo de estos grupos. No son los protagonistas habituales de las manifestaciones de la Diada, pero auguran una post concentración «caliente» en la conmemoración de este año.

El clima enrarecido ha llegado ya no solo al Palau de la Generalitat, sino también a Waterloo, desde donde Carles Puigdemont advertía esta semana contra del riesgo de entrar en una deriva «antipartidos». «Si la ANC decide que no debe haber un espacio VIP, no me parece una tragedia, sí que me parecería preocupante que hubiera una deriva antipolítica y antipartidos», señaló.

«No nos lo podemos permitir, porque nos necesitamos todos», añadía el líder independentista huido a Bélgica, que acaba de publicar el libro «Reunámonos», sobre la necesidad de que los partidos independentistas, principalmente JxCat y ERC, no tomen caminos separados en su aproximación al objetivo de la independencia.

Aviso desde Lledoners

La alerta por las fricciones ha llegado también a la prisión de Lledoners, donde están recluidos los líderes del 1-O a la espera de la sentencia del juicio del procés. El presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, ha dirigido esta semana una misiva a todos los socios de la entidad independentista para reclamar unidad.

«Tengamos presente que la represión busca dividir a los que luchan y que todos debemos hacer un esfuerzo, tanto individual como colectivo, para mantener una actitud de respeto y empatía los unos con los otros», señala Cuixart en la carta. En esta línea, el presidente de Òmnium, en prisión preventiva por el 1-O, pide a los independentistas «seguir demostrando que somos un país de grandes consensos». «El Estado pretende que nos desmovilicemos y que caigamos en la frustración», avisa.