La cuenta atrás hacia el 10-N ya ha comenzado. Y la campaña electoral, aunque extraoficialmente, también. Los partidos volvieron a la casilla de salida justo en el momento en que Pedro Sánchez, en rueda de prensa unos minutos después de que el Rey confirmase la falta de un candidato que reuniese los apoyos suficientes como para sacar adelante una legislatura, confirmó que «España se ve abocada a una repetición electoral el próximo 10 de noviembre».

Y, dentro de la histeria generalizada por la vuelta a las urnas, el PP es uno de los partidos que más motivos tiene para poner toda la carne en el asador en la que sin duda será una guerra electoral sin cuartel. Aunque públicamente los de Casado han criticado la repetición de elecciones por suponer un perjuicio al «interés de España», lo cierto es que para los populares que la legislatura eche el telón puede suponer una segunda oportunidad.

Con el proyecto de España Suma estancado y sin adeptos en el espectro nacional, Casado comienza a labrar su estrategia electoral para corregir la dispersión de voto sufrida el 28-A en el bloque de la derecha y reconducirlo dentro de su partido en el caso de que finalmente no logre fundir a Ciudadanos y Vox dentro de unas mismas siglas, una misión que, a día de hoy, está más que descartada por los aludidos.

En primavera, el PP tocó fondo. La fuga de votantes a Ciudadanos y, en mayor medida a Vox, dejó a los populares con tan solo 66 escaños en el Congreso de los Diputados. En concreto, nada menos que 1,6 millones de electores de Mariano Rajoy en 2016 depositaron su papeleta en las urnas a favor de Santiago Abascal, que reafirmaron entonces el papel de Vox como una suerte de escisión de los de Casado. Y en las filas populares se niegan a repetir una desbandada parecida.

El PP ha ahondado en la estrategia de subrayar sus diferencias con Vox para evitar una nueva fuga de votos el 10-N

La estrategia de ahondar en las diferencias con Vox en clave electoral ya han comenzado. Este jueves por la mañana tenía lugar en la madrileña Plaza de Cibeles un espectáculo que se hubiese quedado en lo anecdótico de no encontrarnos en un período en que todo cobra especial relevancia de cara a las urnas. El boicot expreso de Vox a un acto convocado por PP y Ciudadanos en recuerdo de la última víctima de violencia machista en Madrid ha puesto encima del tablero una profunda brecha abierta entre ambas formaciones en materia de género, extrapolable al ámbito nacional.

Y a José Luis Martínez Almeida no le ha temblado el pulso en dirigirse directamente al secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, para abroncarle su actitud por querer restar importancia a la lacra de la violencia contra las mujeres en España. Todo ello, recordemos, en pleno centro de Madrid, a las 12 del mediodía y rodeado de decenas de cámaras.

El alcalde de la capital ha puesto de manifiesto el largo trecho que separa a ambas formaciones en políticas de violencia de género, que debe ser un «compromiso incontestable e inquebrantable» y una «prioridad» de el Ayuntamiento, algo con lo que ha disentido el dirigente de Vox, que ha lamentado que Almeida «está equivocado» y que no salga en defensa de «hombres, niños o mujeres asesinadas a manos de sus parejas lesbianas» que también padecen violencia, un discurso que ya aparecía reflejado en el programa electoral que Vox llevó a las generales el 28A y que, a la luz de los acontecimientos, no borrará de cara al 10-N.

Fuentes del PP municipal han reprochado la «censurable» actitud que adoptaron los de Santiago Abascal en la mañana del jueves, al tiempo que censuran que hayan querido «invisibilizar un pilar tan fundamental de la sociedad española». Por su parte, desde Vox critican que el alcalde madrileño recordase a la mujer asesinada a manos de su marido en Ciudad Lineal pero no «el terrible suceso de la niña arrojada por un balcón» o al «anciano que fue asesinado por su esposa en Orihuela».

Los sondeos son claros. El Partido Popular consolidaría esta vez su distancia con Ciudadanos y recortaría terreno a Sánchez, situándose según diversas encuestas en el entorno del 20%. En concreto, según la encuesta DYM para El Independiente de septiembre, aumentaría entre nueve y 14 el número de asientos en el Congreso de los Diputados, aunque otros sondeos, como el de eldiario.es apuntan a un incremento de hasta 17 escaños.