«Estamos preparados para salir sin pacto». Palabra de Boris Johnson. Lo ha dejado claro ante el congreso del Partido Conservador en Manchester. Sin embargo, también ha asegurado que va a hacer lo posible para evitarlo. El Gobierno conservador ha dado a conocer apenas una hora después de este discurso su alternativa a un Brexit sin acuerdo: Irlanda del Norte se quedaría cuatro años con un pie en la Unión Europea. Seguiría fabricando bienes de acuerdo con la normativa comunitaria, si bien estaría fuera de la unión aduanera, y eso obligaría a implantar controles de alguna manera que no se percibieran como frontera. Así pretende evitar la salvaguarda y, en teoría, la frontera dura interirlandesa.

En una carta dirigida al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, Boris Johnson dice: «Este Gobierno quiere llegar a un acuerdo y estoy seguro de que lo lograremos». Esboza en esta misiva las líneas generales de su propuesta alternativa a un Brexit abrupto. El 31 de octubre el Reino Unido estará fuera sí o sí, como dijo el primer día en el 10 de Downing Street.

El primer ministro británico apuesta por lograr un acuerdo en la cumbre del 17 y 18 de octubre. Advierte en esta carta que si la negociación fracasa «todas las partes serán responsables». Mantiene que el problema que queda por resolver es el referido a la cuestión irlandesa y la llamada salvaguarda.

El plan de Boris Johnson supone en la práctica que se establezcan controles regulatorios entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña en el mar de Irlanda. Divide el mercado único, ya que Irlanda del Norte seguiría dentro solo para bienes. Es decir, las empresas en Irlanda del Norte fabricarían de acuerdo a las normas comunitarias.

Irlanda del Norte seguiría alineada con el mercado único de la UE hasta 2025 en productos agrícolas y manufacturados. Pero estaría fuera de la unión aduanera. La clave es cómo realizar los controles sin «infraestructuras». La fe en la tecnología mueve montañas.

La Comisión Europea señala que estudiará la propuesta «de manera objetiva». En un comunicado, Juncker, que ha hablado por teléfono con Boris Johnson, recibe con agrado que el primer ministro presente sus propuestas, si bien reconoce que hay algunos puntos complejos por resolver.

La propuesta requiere que sea aprobada por la Asamblea de Irlanda del Norte antes de entrar en vigor, que sería en enero de 2021 en caso de que la UE y el Reino Unido no hayan firmado entonces un acuerdo comercial. Un problema añadido es que la Asamblea de Irlanda del Norte lleva sin actividad unos mil días. Los unionistas norirlandeses tienen posibilidad de veto.

Boris Johnson viene a decir que esto es un punto de partida. De alguna manera, insinúa que la UE no lo rechace sin reflexionar antes. «Creo que un acuerdo puede empezar a tomar forma», señala el premier británico.

El Parlamento británico ha rechazado en tres ocasiones el Acuerdo de Retirada que incluye la salvaguarda. De acuerdo con este texto aprobado por May y los 26 Irlanda del Norte seguiría de forma indefinida bajo la normativa europea si al fin de la fase de transición, en diciembre de 2020, no hay un acuerdo para evitar una frontera dura.

Los brexiters, y Johnson a la cabeza, rechazan este acuerdo porque el Reino Unido así no recupera el control de sus regulaciones y política comercial. A su juicio, es «un puente a ninguna parte».

«Nuestro objetivo común es asegurarnos que estos cambios afectan lo menos posible en el día a día», ha explicado Johnson en su carta a Juncker. Remarca que un objetivo fundamental es respetar los Acuerdos de Viernes Santo de 1998, con los que se logró la paz en Irlanda del Norte.

De esta manera, Boris Johnson mueve ficha y lanza la pelota al tejado comunitario. Con estas propuestas puede decir que lo ha intentado y si Bruselas no cede, para los británicos puede argumentar que ha sido la UE quien no ha querido propiciar el Brexit ordenado.