Política

Las sonrisas vuelven a Génova: "Ahora Pablo es él, no está enfadado"

En seis meses Casado parece haber superado la peor crisis del PP para encaminarse hacia unos comicios "en los que hay partido" sin la sombra de Rivera y con una estrategia moderada destinada a "no meter la pata"

Pablo Casado, abrazado por Juanma Moreno en un acto de precampaña. EFE

A la espera de conocer el impacto electoral de la exhumación de Franco, que miembros del equipo de Pablo Casado creen que «está más que amortizado», los populares han diseñado una estrategia de campaña para las elecciones del 10-N donde la consigna es «no meter la la pata». Este jueves fue, precisamente, un día delicado para Génova, alérgica a entrar en un debate -la exhumación de Franco- que «engorda» a Vox y les incomoda. Pero «afortunadamente nadie salió diciendo nada extraño», señala un miembro de la dirección del PP.

Tienen razón los que, desde la izquierda, dicen que la repetición electoral supone dar una segunda oportunidad a la derecha, al menos así es para Pablo Casado tras la catástrofe del 28 de abril. Seis meses más tarde el panorama para el líder el primer partido de la oposición es muy distinto al de la primavera, hasta el punto de que, aunque todos los sondeos dan como ganador al socialista Pedro Sánchez, el espacio entre ambos se ha achicado de tal manera que, incluso para su sorpresa, el PP cree que «hay partido» que jugar.

Restauración del bipartidismo

Públicamente andan con pies de plomo. «Improbable pero no imposible», afirma otro alto dirigente de la ejecutiva popular respecto a las posibilidades de superar al PSOE. ¿Qué es lo que ha cambiado en este tiempo? Pues para empezar, dicen distintas fuentes, que «la gente está harta de tanta bronca» y vira hacia la restauración de un bipartidismo imperfecto en el que las referencias de la izquierda y de la derecha vuelven a ser los dos partidos clásicos.

Además, arguyen, el PP «ha demostrado que es el único partido de centro-derecha que soluciona cosas» a la hora de abordar, por ejemplo, la negociación de los pactos autonómicos y municipales.  Los populares se atornillaron a esa mesa de negociación mientras Ciudadanos y Vox protagonizaban distintas escaramuzas tensando la cuerda y alargando el proceso, amagando con la ruptura u obligando, tal y como hicieron en Murcia, a ir a una segunda investidura tras un giro de última hora de los de Santiago Abascal. 

«Seriedad» es una de las palabras más repetidas. El PP «demostró seriedad» en los pactos, también cuando Casado acudió a todas las reuniones que le solicitó el presidente del Gobierno en funciones, cosa que no hizo el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. 

Renovación de la listas 

La renovación de las listas electorales es otro aspecto a destacar en el nuevo escenario que se abre para los populares. En un principio la apuesta era no reabrir heridas con no pocos barones territoriales con los que Génova se enfrentó a la hora de confeccionar las listas del 28 de abril. Las candidaturas son competencia de la dirección nacional, «aunque lo lógico es que se nos oiga», matiza un dirigente regional no muy contento tampoco con las actuales listas.

Pero Casado ha aprovechado su segunda oportunidad para introducir cambios políticamente muy significativos, exponentes del giro de tono y discurso de esta campaña. Lo de poner a Ana Pastor de «dos» en la lista por Madrid es el mejor ejemplo de la nueva estrategia. Pero en Génova desechan cualquier impostura: «El de ahora es Pablo, antes estaba enfadado», acorralado, dicen, por unos malos sondeos que las urnas empeoraron; una fuerza política, Ciudadanos, que aspiraba al sorpasso y un nuevo partido, Vox, que le arrancó base electoral a mordiscos y al que quiso combatir escorándose a la derecha. 

Aquella invitación a Vox para que se sumara a un gobierno de coalición formulada en la víspera de la jornada de reflexión del 28-A, fue el último de un rosario de errores, un tiro en el pie, solventado ahora con la estrategia de ignorarlos.

El efecto bueno y malo para el PP del hundimiento de Rivera

Además, Albert Rivera ya no es competencia. Posiblemente es el líder de Ciudadanos uno de los que más se le juega en el envite si no logra la remontada. Es bueno para el PP en la medida en que recupera parte del voto que se fue a los naranjas pero malo porque dificulta seriamente cualquier suma de centro-derecha con aspiraciones de gobierno.

Pero si hay algo que cambia radicalmente el escenario para el PP es la campaña de sus adversarios. Ciudadanos «no tiene campaña», afirma tajante un miembro del equipo de Casado, y la del PSOE «está mal, muy mal». Considera que por mucho que el presidente en funciones lo intente «es imposible de justificar haber ido a unas elecciones cuando tenías un acuerdo de gobierno», en alusión a las conversaciones con Podemos.

Ni siquiera Franco, dicen, puede venir en auxilio electoral de los socialistas «porque el montaje es tan burdo que no lo van a rentabilizar, toman a la gente por tonta». Queda por saber, sin embargo, si los trackings electorales que realizan todos los partidos dan la razón a estos análisis. 

Vox se beneficia de la caída de Cs

Incluso desmonta el supuesto crecimiento del partido de Abascal, convertido en no pocos sondeos nada menos que en tercera fuerza política del parlamento nacional. A pesar de los intentos del PSOE por «inflar» a Vox, -polarizando la campaña, para lo que la exhumación de Franco resulta de gran ayuda- el problema es que Ciudadanos cae y Abascal se lleva todos los restos en aplicación de la ley D’hont. Rivera podría hundirse hasta el 9 por ciento de voto, auguran, y quedar en 15 escaños, toda una debacle que abriría en canal al partido naranja.

En definitiva, los populares van con pies de plomo. Sánchez ha agotado su «bala de plata» por mucho que el pasado jueves intentara alargar el efecto de la exhumación con una declaración institucional al arranque de los informativos o las fotos junto a la tumba de las 13 rosas. Si se cumple su hoja de ruta, el candidato del PP pretende hablar en lo que queda de campaña mucho de economía y de Cataluña; pero nada de felones, traidores, desleales u okupas porque ahora «no está enfadado».

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