Israel ha sobrepasado una línea roja no escrita: celebrará sus terceras elecciones legislativas en menos de 12 meses. Abre una vía que España, que ya lleva dos convocatorias en 2019, en abril y noviembre, contempla con temor.

Los israelíes votaron este 2019 dos veces en abril y en septiembre. Volverán a las urnas en marzo de 2020, una vez que se haya confirmado el fracaso para formar gobierno por parte de las dos fuerzas más votadas, Azul y Blanco, liderado por Benny Gantz, y el Likud, del primer ministro en funciones, Benjamin Netanyahu.

Los dos partidos resultaron prácticamente igualados en septiembre, así como los dos bloques de centro izquierda y centroderecha que lideran. Como fiel de la balanza está la formación Israel Nuestra Casa, del ultraderechista laico Avigdor Lieberman, que apostaba por un gobierno de unidad nacional.

Antes de la medianoche del miércoles, la Knesset (Parlamento israelí) se hacía el harakiri para disolverse después de aprobar una ley que haga posible una nueva convocatoria electoral el próximo 2 de marzo.

Muchos analistas consideran suicida lo que han hecho los políticos en Israel por lo que supone de hartazgo para los electores. Tampoco está garantizado que después de esta tercera convocatoria ningún partido tenga mayoría suficiente.

Si en España el presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez no lograra un apoyo suficiente en el Parlamento, una vez que haya recibido el encargo del Rey el miércoles por la noche, también estaríamos abocados a votar por tercera vez en un año en nuestro país.

A las dificultades ya innatas al fragmentado panorama político israelí se une el hecho de que el primer ministro en funciones, Benjamin Netanyahu, afronta la imputación del fiscal general por cohecho, fraude y abuso de poder en tres casos de corrupción.

Mientras no haya sentencia firme, no está obligado a dimitir, si bien se ha convertido en el primer jefe del Gobierno de Israel en ejercicio acusado de soborno. Afrontaría una pena de hasta 10 años de cárcel si fuera declarado culpable.

Netanyahu, responsable

Netanyahu pretende garantizarse la inmunidad parlamentaria, algo que condiciona fuertemente las negociaciones de gobierno. Gantz ofreció a última hora un gobierno de coalición a Netanyahu a cambio de renunciar a la inmunidad parlamentaria y ser el segundo en el turno para ser primer ministro. «La Knesset no puede ser un refugio», remarcó Gantz.

El primer ministro en funciones, que lleva 13 años en el puesto, rechazó la propuesta. Netanyahu corre serios riesgos tras este fracaso. El Likud celebrará primarias el 26 de diciembre. Concurre frente a Netanyahu el ex ministro Gideon Saar, que busca unir al voto de rechazo frente al veterano y desgastado jefe del gobierno.

A su vez, los sondeos apuntan a que en marzo la ventaja a favor de Azul y Blanco puede ser mayor que en la segunda convocatoria. Según una encuesta publicada por el Canal 12 de noticias, Kahol Lavan (Azul y Blanco) obtendría 37 de los 120 escaños de la Knesset, mientras el Likud se quedaría en 33. Gantz tendría más a mano una coalición de centroizquierda siempre y cuando Liberman diera su respaldo.

Todos, salvo el propio afectado, culpan a Netanyahu de esta insólita tercera convocatoria electoral. «Sólo hay un hombre responsable de esta tercera y redundante elección», dice el titular en portada de Haaretz. La foto es de Benjamin Netanyahu. España mira a Israel con vértigo este 12 de diciembre.