Un ministro solo entre los 23 bancos del Gobierno. Un ministro en el ojo del huracán desde hace tres semanas por su oscuro encuentro con la vicepresidenta de Venezuela en el aeropuerto de Barajas. Un ministro que es secretario de Organización del PSOE, hombre fuerte del partido y persona de confianza de Pedro Sánchez hasta ahora. Un ministro que lleva tres semanas copando las portadas de los periódicos y al que el Gobierno deja solo en plena confrontación con la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo. Esa fotografía de José Luis Ábalos abandonado a su suerte se ha convertido en la imagen del día de la primera sesión de control al nuevo Gobierno. La oposición no dudó en usarla en redes sociales para acentuar su impacto.

El presidente del Gobierno, que tardó dos días en salir al rescate de su ministro cuando estalló el escándalo, inauguró el pleno respaldándole otra vez, pero sin ofrecer argumentos o explicaciones sobre las lagunas del episodio. Sánchez se ha reafirmado en su versión de que el titular de Tranportes «hizo su deber» para «evitar una crisis diplomática», intentando zanjar el caso a preguntas del líder del PP, Pablo Casado. A pesar de que el presidente de Vox, Santiago Abascal, mantuvo la tensión con nuevas preguntas, el PP delegó el resto del interrogatorio en diputados rasos que no consiguieron acorralar al ministro. En esa bajada de la presión, el Gobierno en pleno abandonó sus escaños dejando al titular de Transportes solo frente a la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo.

En un bronco debate, Ábalos respondió con sorna a las peticiones de dimisión y ha acusado a PP y Ciudadanos de «hacer el ridículo» llevando este asunto ante el Parlamento Europeo. Las diputadas del PP Valentina Martínez y Belén Hoyo y el de Ciudadanos Edmundo Bal instaron al ministro a aclarar definitivamente sus sucesivas versiones sobre su encuentro con Rodríguez y le pidieron la dimisión. Ábalos se defendió explicando que el Ejecutivo no quiere «tener más problemas» con el régimen chavista. «Si queremos elecciones libres, democráticas y vigiladas se tiene que hacer entre las partes, salvo que ustedes estén pensando en algún golpe», dijo.

Mientras el Ejecutivo intentaba zanjar el caso Ábalos, se enredaba en una nueva controversia sobre Venezuela. Después de ser uno de los pocos líderes mundiales que no ha recibido a Juan Guaidó, presidente encargado, durante su gira internacional, Pedro Sánchez también le rebajó ayer su estatus, al referirse a él como «líder de la oposición» en Venezuela. Álvarez de Toledo le pidió una «rectificación urgente» al presidente y le acusó de «asumir las tesis de Iglesias, de Zapatero y de Maduro». 

Horas después, en la Comisión Constitucional del Congreso, la ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Carmen Calvo, negó que el Gobierno haya cambiado su política en relación con Venezuela. La vicepresidenta primara ha evitado nombrar a Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, y tampoco ha contestado si la definición dada por Sánchez, como «líder de la oposición» es un lapsus o un nuevo cambio en el discurso del Gobierno.